Obediencia civil

  • Enero 2019

    En Washington DC, el 27 de enero del 2017, la fiscal gneral, Sally Yates, recibió la noticia de que Donald Trump había firmado un veto migratorio que prohibía la entrada a viajeros con visados válidos y también a residentes legales procedentes de 6 países de mayoría musulmana.

    Yates estudió la orden, y el lunes 29 notificó al presidente: "Durante el tiempo que yo sea la fiscal general, el Departamento de Justicia no alegará argumentos en defensa de la Orden Ejecutiva y hasta que esté convencida de que esto es lo apropiado". Yates fue despedida cuatro horas más tarde.

    Sally Caroline Quillian Yates -nacida en Atlanta el 1960, en el seno de una familia de juristas- dejó Washington y se refugió con su familia en Georgia hasta el día en que testificó en el Senado junto con el antiguo director de la CIA, James Clapper.

    Frente al republicano Ted Cruz, quien tildó la actuación de la fiscal de "partisana", Yates se defendió empleando el tono adecuado y las palabras precisas. La orden ejecutiva de Trump era inconstitucional porque atacaba la cláusula sobre equal protection (misma protección), due process (debido proceso) y la libertad de religión, protegidas en las Enmiendas XIV, V y I, respectivamente.

    Las 10 primeras Enmiendas a la Constitución (redactadas por James Madison a petición de varios Estados que querían limitar el poder del Gobierno y otorgar una mayor protección constitucional a las libertades individuales) constituyen el Bill of Rights (Carta de Derechos) aprobada en 1791.

    En el texto ¿Quiénes somos como país? Es hora de decir, Yates sostuvo que los valores que unen a los norteamericanos se pueden encontrar descritos en el Preámbulo de la Constitución, en el Bill of Rights, y también en un "valor principal": "el Estado de derecho –la promesa de que la ley se aplica igual a todos, que nadie está por encima de esta".

    La opinión pública norteamericana acogió la actuación de Yates con entusiasmo. Y así debía ser. Yates había trabajado durante casi tres décadas al servicio del Departamento de Justicia norteamericano, y su enfrentamiento con Trump es todavía un ejemplo para muchos.

    Sally Yates ha estado visitando universidades del país inculcando el valor del servicio público. En Wellesley College, un profesor calificó la actuación de Yates como un acto de "desobediencia civil". Yates se apresuró a clarificar que su desafío aTrump no "fue en absoluto un acto de desobediencia civil. Era lo opuesto a esto. Yo protegía la adhesión a la ley y a la Constitución, en lugar de desobedecerla".

    El profesor rectificó: "obedecías la ley". Y fue "un ejemplar acto de obediencia civil".

    Blanca Velasco Portella

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