Hope & History

  • Abril 2019

    Seamus Heaney recibió el premio Nobel de Literatura de 1995. En su discurso explicó la historia de unos obreros que fueron detenidos a punta de pistola una noche de enero de 1975 cuando se desplazaban por Irlanda del Norte en minibús. Los secuestradores dieron la orden de bajar del autobús y alinearse al lado de la carretera. Uno de los enmascarados dijo:“si hay algún católico entre vosotros, que se acerque aquí”. Había uno. Este no sabía si hablar temiendo por su vida o permanecer callado. Su compañero protestante le dio un apretón de manos mostrándole su solidaridad, haciéndole ver que nadie le delataría si no contestaba, que le protegerían, pero el trabajador católico dio un paso y se entregó. Los enmascarados le apartaron y dispararon a sus compañeros protestantes.

    Un poema de Heaney dice: “No poem or play or song/Can fully right a wrong/Inflicted and endured./History says, Don’t hope/on this side of the grave./But then, once in a lifetime/The longed-for tidal wave/Of justice can rise up,/And hope and history rhyme”.(No hay poema, obra o canción, que pueda reparar plenamente un daño, infligido y que perdura. La historia dice no tengas esperanza a este lado de la tumba. Aun así, una vez en la vida, la ansiada ola de la justicia puede elevarse, y la esperanza y la historia rimar).

    El 10 de abril de 1998 el antiguo senador George Mitchell, dirigente de las negociaciones de paz en Irlanda del Norte en representación del presidente Bill Clinton, comunicó que los dos gobiernos [británico e irlandés] y los partidos políticos de Irlanda del Norte habían llegado a un acuerdo que ponía fin a tres décadas de violencia. Pero el 15 de agosto de aquel año, en la localidad de Omagh, hubo un atentado en el que murieron veintinueve personas, entre ellas niños españoles, y casi trescientas quedaron heridas.

    Mitchell explica en sus memorias que los responsables del atentado eran “un número relativamente pequeño de disidentes que se denominaban a sí mismos el IRA Verdadero. Se oponían al Acuerdo de Belfast porque no incluía todo lo que ellos deseaban: una inmediata y completa retirada de los británicos de Irlanda del Norte y la unificación de Irlanda. Aunque el acuerdo fue aprobado por el 95% de los votantes en la República de Irlanda y el 71% en Irlanda del Norte, los radicales querían imponerse al 100%. Cuando no conseguían lo que querían, respondían con matanzas y mutilando a hombres, mujeres y niños”.

    Y 21 años más tarde, los barrios de Belfast permanecen divididos entre protestantes y católicos. Pero tenemos paz, dice un joven que creció durante el conflicto, esto es mucho.

    Blanca Velasco Portella

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