La nueva apuesta de Cuba

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    Deshielo: Las reformas económicas impulsadas por Raúl Castro alentaron el giro de Obama: La Habana se abre a los inversores y EE UU no quiere quedar fuera.

    Cartel en Viñales en apoyo a los presos en EE UU cuya liberación descongeló la relación Cuba-EE UU. FOTO: EDUARD FISA

    Cuando los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el sorpresivo descongelamiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, se conocieron detalles de negociaciones que habían tenido lugar durante 18 meses para terminar con 53 años de incomunicación entre la principal potencia del mundo y la pequeña isla, a 90 millas de distancia, que había tomado paulatinamente el camino del socialismo desde la llegada al poder de Fidel Castro, el 1 de enero de 1959.

    Varios factores políticos internos ayudaron a Obama a dar el paso al que ninguno de sus antecesores se atrevió en más de medio siglo, pero sin duda el factor económico fue fundamental: Cuba venía dando pasos agigantados para abrirse al mundo, y la invitación a inversores de todo el mundo a formar parte de ese desafío dejaba fuera a los vecinos más cercanos por una decisión estratégica obsoleta. Se trataba de un sinsentido que hacía perder oportunidades de negocios allí donde otros tenían prurito en sumarse a un proceso a esta altura irreversible.

    Desde 2008, un año antes de la llegada del demócrata a la Casa Blanca, las autoridades cubanas venían poniendo sobre el tapete una serie de cambios sustanciales en su modelo económico que lo acercaban más a los procesos de apertura que se venían dando en China y Vietnam.

    No era un secreto para nadie que la economía cubana estaba estancada en los últimos años, como admitían el propio líder de la Revolución y su sucesor, su hermano Raúl Castro. Uno de los problemas crónicos del país tiene su origen precisamente en el enfrentamiento con Estados Unidos, que además de romper relaciones en 1961 impuso un bloqueo económico que según La Habana provocó pérdidas por alrededor de 117.000 millones de dólares.

    En ese marco, y con los puentes cortados con el resto de Latinoamérica, la Revolución no tuvo más opciones que inclinarse hacia la Unión Soviética. A cambio de su principal producto, el azúcar, Cuba recibía combustible y know-how para avanzar hacia ese modelo de socialismo. Justo es decir que se generó un gran desarrollo para la población, pero se produjo una dependencia cada vez mayor de un monocultivo tradicional sin muchas posibilidades de diversificación, como ya había advertido el médico argentino Ernesto Che Guevara, a la sazón ministro de Industria y titular de Banco Nacional en esos primeros años de la revolución.

     

    GOLPE COLOSAL

    A la caída de la URSS, en 1991, el golpe para la economía cubana fue colosal. Alrededor de dos tercios de los ingenios de la isla cerraron sus puertas y los que quedaron en pie apenas pudieron mantener poco más de 100.000 trabajadores de su plantilla. En cualquier país capitalista, esto hubiese implicado unos 400.000 obreros en la calle. Un país que quería mantenerse dentro del socialismo no podía resolver así la cuestión. De modo que los fue incorporando a actividades estatales al costo de incrementar una burocracia a la postre improductiva y deficitaria. Para colmo, las dificultades para autoabastecerse de alimentos se hizo cada vez más gravosa, y lo sigue siendo hoy día.

    El gestor de los cambios es Marino Murillo Jorge, un “hijo de la Revolución”

    La aparición de un Gobierno afín como el del venezolano Hugo Chávez, en 1999, logró aliviar lo peor de eso que se denominó Período Especial, durante el cual, ironizaban muchos cubanos, “lo único que abundaba era la escasez de todo”. Pero el problema de fondo subsistía.

    Durante esa época, los intentos del Gobierno de Fidel Castro se centraron en abrirse a las empresas que mejores oportunidades podrían ofrecer para el ingreso de divisas. La opción más a mano fue el turismo, que tuvo un auge espectacular en la última década del siglo pasado y del que llegaron a participar las mayores empresas hoteleras de España. La otra gran apuesta fue el desarrollo de servicios y tecnología médica.

    Pero el problema de fondo persistía cuando Raúl Castro reemplazó a su hermano, en 2006. Fue entonces cuando se comenzó a pergeñar un plan de actualización del modelo económico, como prefieren llamarlo en la isla, que se plasmó en el VI Congreso del Partido Comunista, en 2011, precedido de intensos debates.

     

    NUEVA GENERACION

    Comenzaron a tallarse a partir de ese momento dos figuras llamadas a ser los sucesores naturales para cuando Raúl termine su mandato, como anunció, en 2018. Ambos son hijos de la Revolución: el actual vicepresidente, Miguel Mario Díaz-Canel, tiene 55 años, y Marino Murillo Jorge cumple ahora 54.

    La figura clave de todo este proceso de cambios es Murillo Jorge, apodado con cierta malicia en los medios extranjeros como “el zar de la economía cubana”. Fue ministro de esa cartera, luego vicepresidente segundo sin por ello dejar el cargo de jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social. Desde septiembre pasado, es nuevamente el titular de Economía. Afirma que es necesario acelerar la marcha para no perder el tren y al tiempo que justifica el pobre desarrollo de la economía durante 2014, augura un crecimiento de más del 4% para este año. No hay datos aún sobre qué porcentaje podría incrementarse a partir del acercamiento con Washington.

    En un encuentro con periodistas de todo el mundo al que tuvo ocasión de asistir este cronista, Murillo Jorge delineó con precisión quirúrgica cuáles son esas lineas de que habla uno de sus cargos:

    “El Estado no puede ocuparse de todo”.

    “La propiedad social de los medios fundamentales de producción va a seguir en el marco del socialismo”.

    “Necesitamos crear una sociedad socialista próspera y sostenible”.

    “El Gobierno pretende aportes en cinco aspectos concretos: tecnología, financiamiento, mercado, empleo y know-how administrativo”.

    “El éxito consistirá en mantener el equilibrio macro mientras se da espacio al mercado y la creación de la riqueza”.

    “Los precios de los productos deben regirse por el mercado y no por decisiones administrativas”.

     

    ACTIVIDAD PRIVADA

    En la primera etapa de este proceso de cambios, alrededor de 400.000 empleados públicos debieron pasar a actividades privadas. La cifra coincide con los puestos de trabajo perdidos en la década de 1990 en la industria azucarera. Actividad privada quiere decir que se fueron incorporando las nuevas cooperativas de transporte y servicios permitidas desde 2012. Entre esas nuevas opciones laborales se engloban peluquerías, casas de comidas, talleres de costura, hasta aquel momento al nivel de oficinas de dependencias estatales.

    En poco más de dos años los cubanos fueron autorizados a comprar y vender automóviles y propiedades inmuebles y a desarrollar empresas con personal a cargo. Queda aún por resolver la cuestión de la doble moneda. Ante la prohibición de emplear el dólar en la isla, en los años noventa se creó el peso convertible o CUC, para uso de los turistas, mientras que los residentes comercian en pesos cubanos o CUP. El reto es cómo unificar la divisa sin causar un shock a la manera capitalista, sostiene Murillo Jorge.

    Pero el mayor desafío, según Enrique Ubieta Gómez, director de la publicación mensual La calle del medio, es “desatar las capacidades individuales que hemos creado sin por ello perder los valores socialistas”.

     

    NUEVO MARCO

    Puerto Mariel, ofertas y oportunidades

    El 70% de las exportaciones cubanas son servicios al exterior. Médicos cubanos asisten en Venezuela, que paga con petróleo.

    Brasil también es receptor de profesionales de la salud cubanos. Van a los lugares que los médicos locales no quieren ni pisar. La medicina cubana es reconocida en todo el mundo y durante lo peor de la epidemia de ébola recibió halagos hasta del Gobierno estadounidense por su pericia y decisión.

    Con una inversión que ronda los 800 millones de dólares que aporta el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, Puerto Mariel, a 40 kilómetros de La Habana, está llamado a ser el gran centro del desarrollo cubano, donde podrían apostarse talleres de montaje de todo tipo para vender en ese enorme mercado a 90 millas de distancia.

    Cuba ofrece a capitales de todo el mundo garantías en el marco de su nueva ley de inversiones extranjeras, pero sobre todo una población con aptitudes laborales únicas por su altísimo nivel educativo y sanitario. Valores que nadie niega al Gobierno surgido tras la revolución, hace 56 años.

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