Trabajos de mierda // De trabajos inútiles

  • Noviembre 2019

    MERCADO LABORAL: Un análisis demoledor sobre muchos empleos que solo generan frustración.

    Trabajos de mierda. Una teoría 
    David Graeber
    Ariel, 2018
    432 páginas
    Precio: 19,95 €

    Mucho se ha hablado en los últimos años de los trabajos basura y la precariedad, pero no tanto de las ocupaciones de cuestionable utilidad social, que David Graeber denominó “trabajos de mierda” en un viralizado artículo publicado por la revista Strike! en 2013. Cinco años después, este antropólogo anarquista estadounidense presentó esa pandemia que afecta a casi el 40% de los empleos en un libro, describiéndolo como un foco de ansiedad para quienes los ocupan (por su sensación de no aportar nada al mundo y tener la sensación de que deben aparentarlo) y un desecho para la economía incentivado únicamente por esa pretensión del pleno empleo y de que la mayoría social tenga un trabajo remunerado. 

    El autor huye de discursos tópicos. Desmiente la idea de que los empleos de mierda fueran una exclusiva de Estados comunistas o que se ciña a la Administración pública. Al contrario, responsabiliza a la empresa privada, con especial fijación en el sector financiero y sus fusiones, y culpabiliza de esa situación a la automatización de muchos procesos que han destruido la función de antiguos trabajos. Las empresas, argumenta, han hecho aflorar empleos ficticios con la intención de esconder ese agujero social por la presión social y política, y porque existe esa conciencia de que contar con un empleo remunerado es signo de integridad y, de paso, promueve el consumo y mantiene a la ciudadanía lejos de pensamientos potencialmente nocivos para el poder. 

    “La tarea que más tiempo me llevaba era gestionar las ventas de Avon de otra recepcionista”, relata uno de los testigos recogidos ante la falta de trabajo específico para describir su sinsentido laboral. Yendo desde la primera ejecutiva de una universidad a un informático, la obra es profusa en casos recogidos por Graeber que consideran que ocupan empleos inútiles, cuyo sentido real es indefendible, pese a que en la mayoría de los casos estén bien remunerados. Esa es la definición de trabajo de mierda para el autor, quien considera que hay cinco tipos diferentes de esas clases de trabajo: quienes ocupan empleos para que otros se sientan importantes, quienes sobre una base agresiva y manipuladora intentan vender algo; aquellos otros que se dedican a arreglar aquello que se ha hecho desde un inicio mal, problemas que no deberían existir; los que hacen informes para empresas o instituciones que no servirán para nada, solo para argumentar su propio trabajo, y los supervisores, cuyo objeto es solo asignar tareas a los demás y, en muchos casos, inventarse tareas de mierda que justifiquen su cargo. 

    Graeber concluye que esos tipos de trabajo, lejos de hacer sentirse afortunados a sus titulares, son frustrantes y, en muchos casos, un gasto absurdo que podría destinarse a otros objetivos. Su ejemplo: financiar una renta básica universal. Cree que, de percibirla, los ciudadanos no descartarían trabajar, pero sí hacerlo en algo con sentido.

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