Juan Pedro Velázquez-Gaztelu

  • Socio y redactor de Alternativas Económicas. Lleva tres décadas ejerciendo el periodismo, principalmente en los ámbitos de la economía y la información internacional. Inició su carrera en el Diario de Galicia y trabajó durante doce años en la Agencia Efe como reportero económico y corresponsal en Washington y Nueva York. En el año 2000 se incorporó a El País, donde fue redactor jefe de la sección Internacional y del suplemento Negocios. Durante su trayectoria profesional ha viajado por todo el mundo y ha cubierto, entre otros acontecimientos, los conflictos en el Sáhara Occidental, la antigua Yugoslavia, Afganistán e Irak. En 2014 se integró en el equipo de la revista Alternativas Económicas.

  • Publicaciones del autor

    Los estadounidenses se disponen a votar en una de las elecciones presidenciales más enmarañadas de su historia, convertidas en un referéndum sobre la figura de Trump.

    El Gobierno aparca la subida de impuestos y busca apoyos a unas cuenta públicas que  ayuden a reactivar la economía.

    A principios de agosto la economía española apenas había recuperado cuatro de cada diez puestos de trabajo destruidos durante el confinamiento. El rebrote de los contagios amenaza con frenar la mejoría.

    Las encuestas muestran que los estadounidenses se disponen a echar a su presidente de la Casa Blanca. Solo una remontada histórica podría evitarlo.

    La cesta de la compra subió de precio durante los meses de confinamiento, al tiempo que caían los de la mayoría del resto de productos.

    El 26 de junio, tras recibir de manos de Michelle Obama un galardón a su labor humanitaria otorgado por la Black Entertainment Television (BET), un canal dirigido a la población afroamericana de EE UU, Beyoncé rindió homenaje al movimiento Black Lives Matter e hizo un llamamiento a desmantelar “un sistema racista e injusto” acudiendo en masa a las urnas el 3 de noviembre. “Tenemos que votar”, afirmó la cantante, “porque nos va la vida en ello”.

    La globalización ha llevado la interdependencia de las economías, los países y las culturas a niveles desconocidos en la historia de la humanidad. Desde que el aumento en el intercambio de bienes, servicios y personas cobrara fuerza en la última década del siglo XX, el fenómeno ha tenido ganadores y perdedores. En su cara más amable, ha contribuido al crecimiento económico, al aumento de los niveles de vida y a la reducción de la pobreza en los países en desarrollo, pero al mismo tiempo ha ensanchado las desigualdades de renta y ha hecho resurgir movimientos populistas y ultranacionalistas. También ha destruido tejidos industriales y ha acelerado la reducción de la capa de ozono, causa principal del calentamiento de la Tierra. Otra de sus consecuencias, la caída del coste de los viajes por avión, ha sido un factor determinante en la rápida expansión de la pandemia del coronavirus.

    La crisis del coronavirus no va a suponer la muerte de la globalización, pero sí va a transformar el modo en que se mueven los bienes, la información y las personas.

    El campo ha alimentado al país durante dos meses de confinamiento en condiciones difíciles y con grave riesgo para la salud de sus trabajadores. Y no solo ha garantizado el suministro a los supermercados nacionales, sino también a los de aquellos países europeos que dependen de las frutas, verduras y hortalizas españolas para su supervivencia. Pasadas las peores semanas de lucha contra el virus, los agricultores reclaman que se reconozca de una vez su papel estratégico y que se cumplan las mejoras pactadas a raíz de los cortes de carretera, tractoradas y manifestaciones de principios de año, entre ellas un precio justo para sus productos.

    Los recortes impuestos a la sanidad pública tras la crisis del 2008 han propiciado que un número  creciente de españoles haya suscrito pólizas privadas. El área más castigada por la falta de recursos ha sido la atención primaria, que ahora ha pasado a ser fundamental para afrontar la lucha contra el virus en la etapa posterior al confinamiento. Por su interés en este momento, publicamos de nuevo el artículo de portada de la edición de Alternativas Económicas del pasado septiembre.

    Esfuerzo. Los agricultores han pasado de protestar en las carreteras a ser un elemento clave para el sostenimiento de la población durante el confinamiento.

    Un palpitante viaje por las Américas tras los pasos de Galeano.

    Habrá que esperar al menos hasta 2022 para volver a los niveles de actividad y empleo previos a la emergencia sanitaria.

    La recuperación del mazazo económico del coronavirus no va a tener forma de V, como esperaban los más optimistas en los primeros días de confinamiento. Como ya hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI) la semana pasada, el Banco de España ha echado un jarro de agua fría sobre las esperanzas de quienes pensaban que el parón de la economía española iba a ser solo un breve paréntesis y que pronto volveríamos a la normalidad. Los economistas de la entidad supervisora del sistema bancario vaticinan que en 2021 se recuperará "una parte significativa" de la actividad y del empleo perdidos este año, pero subrayan que no será suficiente para alcanzar los niveles previos al estallido de la emergencia sanitaria.

    Por primera vez desde el estallido de la pandemia del coronavirus, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pone cifras al desastre económico que se avecina. Según las previsiones dadas a conocer por el organismo con sede en Washington, la economía mundial retrocederá un 3% este año, frente al avance del 3,3% que el propio FMI pronosticaba en enero. En palabras de Gita Gopinath, consejera económica y directora del departamento de Investigación del Fondo, esta va a ser la peor recesión desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX y mucho peor que la crisis financiera global de 2008. Italia y España se llevarán la peor parte entre las economías desarrolladas.

    El próximo lunes será en buena parte de España el primer día laborable tras el periodo de permiso obligatorio decretado por el Gobierno, que suspendió toda actividad económica no esencial entre el 30 de marzo y el 9 de abril para frenar los contagios por coronavirus. La vuelta a la normalidad de las empresas autorizadas para hacerlo no va a ser fácil debido a la falta de equipos de protección y a las alteraciones en la cadena de suministros que se han producido desde el estallido de la emergencia sanitaria. El Gobierno repartirá 10 millones de mascarillas entre quienes regresen al trabajo.

    La incertidumbre económica ante el avance del coronavirus no tiene precedentes y supera por amplísimo margen la suscitada por otras epidemias en lo que va de siglo. A medida que más países adoptan medidas de confinamiento y el miedo al contagio crece, también aumenta la angustia por las consecuencias económicas que trae la pandemia.

    El Gobierno aplaza durante 6 meses el pago de cotizaciones a autónomos y empresas y aprueba subsidios para empleadas del hogar y contratados temporales. El ingreso mínimo vital, cada vez más cerca.

    El Gobierno apuesta por traspasar al Estado gastos de la Seguridad Social, frenar la jubilación anticipada y aumentar los años de trabajo.

    Los bandazos en la gestión de la pandemia y el ascenso de Biden en el campo demócrata amenazan su reelección en noviembre.

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