El plan europeo contra el paro juvenil no se adapta a los retos de la covid-19

  • 7 Octubre, 2020
    TedxLasPalmas / Flick

    Miles de jóvenes se enfrentan cada día al desafío de encontrar un trabajo en tiempos tan inciertos. Miles de historias de quienes han perdido su empleo por la pandemia se mezclan con las de aquellos que buscan una oportunidad tras acabar sus estudios. La Comisión Europea lo sabe y ha buscado un plan de choque para no alcanzar los niveles de desempleo juvenil de 2013. ¿La solución?  Reutilizar un plan de empleo de hace siete años que ya tenía algunas costuras rotas y que no se ajusta a la situación actual, una propuesta que desentona con la expresada voluntad de ayudar a las nuevas generaciones.

    Medio año después de la llegada del coronavirus a Europa y con la segunda ola castigando a países como Francia, Reino Unido y España, el desempleo juvenil continúa en ascenso. En el último informe publicado por Eurostat, se refleja que en agosto un 17,6% de la juventud europea se encuentra sin trabajo, unos tres millones de personas que, si bien todavía no alcanzan los niveles de la crisis de 2008, seguirán subiendo.

    España lidera la lista con un 43,9% de paro juvenil, seguida de un 39,3% en Grecia y un 32,1% en Italia, países que han visto subidas de  5 puntos en tan solo tres meses. Una de las explicaciones está en la destrucción de empleo en el sector turístico este verano, que ha afectado directamente a los jóvenes que aún no han cumplido los 25 años y buscan ganar dinero rápido mediante un empleo temporal. Esta es la razón que se aplica a Suecia, cuarto país en la lista con un 28,4%, que no vivía estos niveles de desempleo juvenil desde la crisis de los noventa.

    Ante el avance de la pandemia y la negociación del presupuesto 2021-2027, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó en julio un nuevo plan para impulsar la incorporación de los recién graduados y jóvenes en paro: la Youth Guarantee, o Garantía Juvenil, que promete conseguir un puesto de trabajo o prácticas en los siguientes cuatro meses desde que los interesados se apuntan al programa. Es un puente entre los estudios y la vida laboral. Dada la incertidumbre del momento, un programa de esta índole podría ser una oportunidad para quienes intentan dar el salto al mercado laboral, pero lo cierto es que Garantía Juvenil no es una novedad.

    Un puente quebradizo

    En el primer trimestre de 2013, el desempleo juvenil alcanzó su máxima cota, casi un 24%. La Comisión Europea decidió actuar y puso en marcha Garantía Juvenil, incluido en la Youth Employment Initiative, un conjunto de medidas a las que destinó 6.400 millones de euros para el periodo 2014-2020 y que debían impulsar la inclusión de la juventud europea en el mercado laboral. Ahora, en 2020, la Comisión Europea ha subrayado la necesidad de destinar por lo menos 22.000 millones de euros.

    Pero son muchos los factores que han hecho que la primera fase del programa no haya funcionado adecuadamente. Un primer problema se deriva de la descoordinación entre países. Según el informe de 2017 publicado por el Tribunal de Cuentas Europeo, los datos del SEPE español no se transfirieron directamente a Garantía Juvenil hasta 2016, como sucedió también en otros estados vecinos, y cada país arrancó en fechas distintas. Además, para saber si el programa ha funcionado es imprescindible realizar un seguimiento de quienes lo han abandonado para saber si han conseguido un puesto de trabajo. En España se perdió de vista al 58% de las personas que no trabajaban ni estudiaban antes de participar en Garantía Juvenil.

    Conseguir unas prácticas no asegura un trabajo permanente en un futuro próximo y, según la Organización Internacional del Trabajo, hasta el 60% de las ofertas incluidas en ese plan europeo han sido pasantías no remuneradas o que no alcanzan la calidad por la que aboga la iniciativa de la Comisión Europea. Además, completar una formación financiada por Garantía Juvenil no se vincula directamente con conseguir un puesto de trabajo de la misma especialidad. Esto ha ocasionado que el programa haya contabilizado casos positivos de personas que han aceptado prácticas o puestos de trabajo que no eran acordes a sus estudios o al objetivo que querían conseguir gracias a las capacidades adquiridas.

    Los sindicatos europeos han respondido duramente al relanzamiento de Garantía Juvenil basándose en estudios como el de los economistas Dennis Tamesberger y Johann Bacher, que auguran una subida del desempleo al 26%, unos 4,8 millones de jóvenes europeos. Sus demandas van desde la subida de la edad de los 25 a los 29 años para beneficiarse de estas iniciativas hasta el aumento de la financiación. “Tenemos la generación más cualificada, particularmente en capacidades digitales. Así que no necesita una formación sin fin, sino trabajos de calidad”, respondió el secretario confederal de la Confederación de Sindicatos Europeos, Ludovic Voet, sobre la propuesta de Von der Leyen. 

    En una resolución adoptada en julio, el Parlamento Europeo pidió una revisión de los estándares de los trabajos ofrecidos por Garantía Juvenil, así como la extensión del límite de edad para participar en el programa. Los eurodiputados también subrayaron la necesidad de adaptar el plan contra el desempleo juvenil a los nuevos tiempos de pandemia. Varias críticas avalan una reestructuración del plan europeo y los malos presagios económicos se centran en una juventud europea que continúa esperando una propuesta acorde a sus necesidades. Garantía Juvenil puede tener un impacto positivo a la hora de establecer un puente entre los estudios y el mercado laboral, pero solo si se realizan los cambios pertinentes para ajustar las medidas a la realidad.

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