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El consumo alimentario tras la covid: ¿Hacia un salto de escala en la agroecología?

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Fotografía
Juan Serrano Serrano

Origen
Flickr

¿Qué valores vinculados al consumo alimentario comienzan a verse alterados tras la crisis de la covid-19? ¿Cómo puede influir la crisis económica, resultante de la crisis sanitaria, en la demanda de productos ecológicos y locales, que en los años recientes se encontraba frente a una clara senda de expansión en España? En un mundo post-covid, ¿qué pueden suponer estos súbitos cambios para los pequeños y medianos productores agroecológicos, desde el punto de vista de las condiciones objetivas para abordar un salto de escala de la producción y del consumo? Es posible que parte de los cambios que se entrevén en las formas de producir, distribuir y consumir hayan venido para quedarse tras un proceso de desescalada necesariamente lento. 

Comencemos reflexionando, desde una óptica de demanda, sobre los valores que se encontrarán al alza o a la baja en las preferencias potenciales de los consumidores en un mundo post-covid. En primer lugar, ante una crisis mundial de la intensidad y expansión como la actual, no solo sanitaria sino económica y social, la primera y principal reacción que adopta la sociedad es precisamente poner una gran parte del foco de su quehacer diario en los cuidados de su entorno más próximo.

Este hecho, que afecta en primer lugar a los cuidados sanitarios, tiene como segundo eslabón los cuidados relativos a la alimentación. Como resultado, se refuerza el binomio salud/alimentación en el consumo de alimentos. La tendencia a valorar de forma creciente los atributos saludables de los alimentos era ya desde hace tiempo una realidad en el consumo alimentario de muchos países europeos, pero parece previsible que la valoración sobre los atributos de salud experimente un fuerte incremento en las preferencias futuras de los consumidores.

En segundo lugar, los expertos manifiestan que los desequilibrios ecológicos del planeta, reflejados por la simplificación de los ecosistemas, el cambio climático, la disminución y el empeoramiento de recursos como el suelo o el agua, entre otros factores, conforman un entorno ambiental más proclive a la proliferación de epidemias, como aparece reflejado en el muy reciente comunicado emitido por Agroecology Europe Youth Network.  Esta idea emerge con mayor fuerza tras la aparición de la pandemia, debido a que existen evidencias de que las epidemias acaecidas en la historia reciente han sido originadas mediante el contagio de animales a humanos en contextos de ganadería intensiva, en entornos ambientalmente inapropiados. 

En consecuencia, en un mundo post-covid, parece factible que aparezca significativamente reforzado, entre los valores de los consumidores, el binomio medio ambiente/alimentación, de modo que los atributos ambientales ganen peso en el comportamiento de los consumidores. Así, este hecho no hará sino propulsar una tendencia que ya estaba consolidada en España en tiempos previos a la pandemia: el consumo nacional de alimentos ecológicos lleva creciendo a tasas de dos dígitos anuales durante más de un quinquenio.

En tercer término, la crisis de la covid-19 parece impulsar la valoración positiva de los ciudadanos por lo local y lo comunitario. Se incrementa la afección positiva hacia aquellos que están participando en los sistemas agroalimentarios de proximidad, ya sean productores, agroindustrias artesanales o comercio local. La demanda de alimentos locales entronca bien con los valores de solidaridad con los problemas de los agricultores, ganaderos y agroindustrias más próximos. Aunque ya emergía como un atributo relevante en el análisis de las preferencias de los consumidores en momentos anteriores, es previsible que el atributo "local" gane importancia a la hora de decidir la cesta de la compra. 

Para los productores agroecológicos, dos fuerzas operan en direcciones que se encuentran en buena medida contrapuestas. Por una parte, como hemos mencionado, asistimos a la oportunidad de que los alimentos obtenidos mediante métodos agroecológicos incorporen valores (saludable, ecológico, local) que se encuentran en alza en las preferencias de segmentos crecientes de consumidores. Por otra parte, la crisis económica provocada por la crisis sanitaria, cuyos efectos están en buena medida por llegar, incide intensamente en el comportamiento económico de los consumidores desde el lado opuesto de la balanza.  

En este sentido, los expertos auguran que la crisis económica tendrá un fuerte impacto, sobre todo en los segmentos de población desempleada. Las recientes previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía española dibujan una coyuntura de caída del PIB del 8% y de aumento del desempleo al 20,8% en 2020, que puede provocar una significativa reducción del gasto alimentario: ya se redujo en un 6,7% el año 2008, a comienzos de la anterior crisis económica. La consultora Kantar Worldpanel ya detecta tras la irrupción de la covid cambios en los hábitos de consumo alimentario, cuyos rasgos se asemejan a la situación de 2008: se compran más productos con marca de distribuidor, se cambian productos por otros más básicos y baratos y se reducen las compras de impulso. 

Asimismo, la Asociación Española de Codificación Comercial (AECOC) acaba de presentar los resultados del primer barómetro sobre consumo y compra dentro y fuera del hogar, que analizará periódicamente el comportamiento del consumidor durante la crisis sanitaria. Uno de sus principales resultados es que un 41,6% de los entrevistados cree que la situación económica personal empeorará y que además dicha crisis será duradera, mientras que un 36,6% opina que empeorará pero que la crisis será pasajera, todo ello frente a sólo un 21,8%, que manifiestan que su situación no empeorará. 

Por el hecho de augurar posibles dificultades económicas, una mayoría de hogares prevé un periodo postcrisis de contención presupuestaria, pues son minoría los que piensan retomar su ritmo de gasto anterior a la crisis (26%). La contención del gasto alimentario motivado por la crisis puede provocar que en los próximos meses los precios tiendan a caer, lo que constituye una gran preocupación adicional para el sector agrario, pues echa leña al fuego del problema estructural de bajos precios en origen. Un contexto de precios demasiado bajos borraría cualquier horizonte de rentabilidad para los productores agroecológicos. 

En los debates celebrados en el IEGD/CSIC en tiempos recientes para abordar el análisis de los factores condicionantes del salto de escala agroecológico en España se concluyó que asistíamos a un momento álgido de la demanda potencial de alimentos ecológicos y locales, pero que los problemas de logística y de distribución continuaban siendo en muchos territorios un punto de estrangulamiento, que generaba unos costes demasiado elevados o dificultaba la accesibilidad a los puntos de venta o distribución. Si en momentos anteriores a la pandemia la resolución colectiva de los problemas de logística por parte de los productores locales constituía el factor clave para la minimización tanto de los costes como de la huella de carbono en el transporte, opino que en un mundo post-covid lo será aún más. 

La demanda de reparto de alimentos a domicilio ha crecido de forma espectacular súbitamente tras el confinamiento. La consultora IRI ha detectado un incremento del 71% en las compras online de alimentos y bebidas en abril de 2020, con respecto al mismo mes de 2019. Este hecho ha requerido adaptar en un tiempo récord el sistema logístico, sobre todo el de última milla, para volúmenes que en algunos casos se veían multiplicados por varias unidades. Los productores locales que disponían de un sistema racional de logística de reparto antes de la pandemia, han podido abordar, aunque con gran esfuerzo, la gran multiplicación de las ventas. Sin embargo, numerosos pequeños productores locales que no disponían de un verdadero sistema logístico de reparto a domicilio, no han podido dar salida a sus productos, lo que ha resultado especialmente problemático por el hecho de que muchas comunidades autónomas y ayuntamientos españoles no han tenido suficientes reflejos ni voluntad política para posibilitar la celebración, sin riesgos sanitarios, de mercados de productores locales o de otras opciones de venta directa. 

En cualquier caso, es más que probable que la compra online en alimentación haya venido para quedarse, por lo que el reparto a domicilio, pero también en puntos de reparto como centros de trabajo o centros escolares, puede experimentar un incremento significativo en el futuro, por lo que los requerimientos logísticos también crecerán paralelamente. Este hecho afecta particularmente a los pequeños productores agroecológicos.

En suma, se confrontan los deseos de acceder a una alimentación más demandante de salud, respeto al medio ambiente y producción local, con las barreras que limitan la capacidad de compra de numerosos consumidores en un contexto de crisis económica severa. Con el fin de remontar la brecha entre deseos y realidades no cabe otra opción que disminuir los costes de distribución y mejorar el acceso de los consumidores a los alimentos procedentes de la agroecología. Tras la crisis de la covid, la preocupación que tienen los productores agroecológicos por resolver colectivamente estos problemas es bastante alta. Sin embargo, se requiere dedicar un gran esfuerzo de inversión y de tiempo para afrontar estas tareas con éxito, lo que muchas veces no puede ser abordado apropiadamente por las economías precarias de los productores. 

La verdadera solución a estos problemas requerirá con certeza el concurso de la política. Si va a ser preciso emprender un verdadero plan de reconversión en España que tenga como objetivo que el tejido económico remonte el círculo vicioso de los efectos de la crisis, si para ello habrá que realizar un esfuerzo considerable de endeudamiento público, es no solo legítimo sino también necesario que las políticas de incentivos destinadas al sistema agroalimentario, ya sean europeas, nacionales o regionales, se orienten a impulsar la transición ecológica. 

La agroecología es quizás el principal enfoque de agroalimentación sostenible y saludable, caracterizado por proponer soluciones desde la confluencia no sólo de la agricultura, la alimentación y la ecología, sino también de la cultura, la sociedad y la economía. Su puesta en práctica genera externalidades ambientales positivas, contribuye decisivamente a la acción por el clima y privilegia el fomento de las economías locales, como reconocen la FAO y por otras instituciones internacionales. 

En particular, urge actualmente en España que las políticas ayuden a resolver los problemas de logística asociativa, ya sea mediante programas de compra pública para la alimentación de hospitales, centros escolares o residencias, o bien, entre otras opciones, mediante políticas de impulso a la creación y desarrollo de los food hubs, o centros logísticos asociativos de productores locales (Madrid km0, Sub-bética Ecológica, EKoalde en Navarra, Antophila en Zaragoza, etcétera).  En España, resolver los problemas de logística asociativa es actualmente el principal obstáculo a remontar para lograr el salto de escala. 

Finalmente, la coproducción de conocimiento entre productores, consumidores, científicos y administración es un rasgo inherente al enfoque agroecológico. Las políticas de innovación han de impulsar con intensidad las redes de experimentación que nos ayuden a adaptar los métodos agroecológicos a la gran variabilidad existente de agro-ecosistemas y de sus respectivos sistemas socioeconómicos y culturales locales. También es urgente que agricultores, ganaderos, agroindustriales, administración regional y local, consumidores, activistas, universidades y centros de investigación, cooperen en la creación de redes interdisciplinares de innovación y acción, que tengan como objetivo la resolución de los desafíos específicos, localizados y cambiantes que afrontará la agroecología en el futuro próximo.