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39 ­— VACUNAS // Día 21

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Diciembre 2020 / 8

La vacuna es lo que garantizaría el fin de esta pesadilla global. Por desgracia, no es la única pesadilla con la que tenemos de lidiar, pero ahora es la que más nos preocupa, al menos en nuestro espacio de proximidad. A menudo, los medios lo presentan como una especie de competición deportiva, a ver quién es más rápido en lograrla. La mayor parte de estas noticias son engañosas y nos hacen perder de vista lo esencial. En primer lugar, que la vacuna tardará un tiempo. 

Una vacuna no es cualquier cosa. Las vacunas han servido para salvar muchas vidas, pero tienen un peligro y la única forma de minimizarlo es haber realizado suficientes experimentos que la sitúen en un nivel de riesgo razonable. Correr mucho tiene más peligros que ventajas.

La falacia de la velocidad no es la única que nos venden. Está la de la competencia. Por lo que sabemos del virus, los avances que se están haciendo no se basan en la competencia, sino en la cooperación, con un papel fundamental de los centros de investigación públicos.

Y ahí puede estar el tercer punto a discutir: quién va a suministrar la vacuna. Lo lógico sería que un consorcio público mundial garantizara que va a estar disponible a bajo precio para todo el mundo, pues solo la vacunación universal nos protege a todos. Pero ahí sí puede haber una carrera competitiva, entre empresas farmacéuticas, para hacerse con una patente. No debemos permitir que sea una oportunidad para que un oligopolio farmacéutico consiga un enriquecimiento ilícito. La vacuna será el producto de una amplia cooperación internacional, fundamentalmente financiada con fondos públicos. Y debe ser barata y accesible para que toda la humanidad pueda sacarse de encima una de las muchas pesadillas que le quitan el sueño.