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26-M: el PSOE consolida su poder

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Junio 2019 / 70

Dominio institucional: El triunfo en las elecciones europeas, municipales y autonómicas refuerza a Pedro Sánchez en La Moncloa, pero no necesariamente las políticas de izquierda.

Mesa un colegio electoral de Sant Cugat (Barcelona). FOTO: ANDREA BOSCH

El superdomingo electoral del 26 de mayo, con elecciones europeas, municipales y también autonómicas en 12 comunidades ratificó el cambio de ciclo político en España iniciado hace un año con la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa. Los comicios confirman la resurrección del PSOE, que no solo ha detenido su declive, sino que se ha convertido de nuevo en el principal partido de España y el que más poder institucional amasa, con margen además para pactar a su derecha y a su izquierda con Ciudadanos y Podemos, respectivamente. Ambos partidos, que hace un lustro irrumpieron con la promesa de acabar con la “vieja política”, sufrieron el 26-M un duro golpe a sus expectativas, mientras que el PP cae, pero aguanta la embestida como primera opción del centroderecha y corta en seco el progreso de Vox, que queda muy lejos de sus pares ultras en Europa.

Asimismo, la victoria de ERC en las municipales en Cataluña y del PSOE en el resto de España supone un espaldarazo para los partidos más proclives al diálogo para encauzar el cisma político e institucional provocado por la declaración unilateral de independencia y el posterior encarcelamiento o autoexilio de los líderes del independentismo catalán.

El PP baja pero aguanta la embestida y, además, frena a Vox

La victoria de ERC y del PSOE es un espaldarazo al diálogo

Ningún partido logró completamente sus objetivos el 26-M, pero el PSOE se acercó bastante a ello a pesar del fracaso en Madrid, donde las izquierdas no suman ni en el Ayuntamiento ni en la comunidad. El aplastante triunfo en las elecciones europeas de la lista encabezada por Josep Borrell, que situó al PSOE de nuevo por encima del 30%, no solo supone una especie de confirmación en segunda vuelta de Sánchez en La Moncloa, sino que devuelve a los socialistas al primer plano de la política de la UE, como puntales de una entente liberal-progresista contra la nueva derecha reacccionaria.

Esta lógica europea tiene importantes consecuencias para la política española en la medida en que el nuevo líder de facto de los liberales europeos es el presidente francés, Emmanuel Macron, teóricamente el espejo en el que se mira Albert Rivera, el líder de Ciudadanos. Rivera aspiraba a construir un movimiento transversal que pescara a derecha e izquierda, pero tras las elecciones de Andalucía dio prioridad a intentar conquistar el espacio de la derecha aunque ello supusiera sumarse al cordón sanitario contra el PSOE y situarse en el mismo lado de la barrera que Vox.

 

FIN AL SUEÑO DE RIVERA

El 26-M ha puesto fin a la ensoñación de Rivera de dar el sorpasso al PP en el centroderecha: no solo ha quedado lejísimos de su competidor en las municipales y autonómicas, sino que en las europeas apenas ha crecido, si se tienen en cuenta los resultados que en 2014 logró UPyD, formación ahora residual que pactó con Ciudadanos. El dilema que se le plantea a Ciudadanos, una vez fracasada la apuesta de tomar al PP por asalto, es crudo: o rompe con Vox y vuelve al centro o se arriesga a perder a Macron y el imaginario que este representa, en teoría la razón de ser de la formación.

Este nuevo escenario para Ciudadanos, unido al batacazo de Unidas Podemos, que pierde casi todos los municipios del cambio y retrocede intensamente en todas las autonomías, supone agua bendita para los sectores del PSOE y del establishment más refractarios al acuerdo con Unidas Podemos. La posibilidad de un Gobierno de coalición entre los socialistas y el partido a su izquierda es inédita todavía en España desde la recuperación de la democracia, pero se vislumbró por primera vez tras las elecciones generales de abril al coincidir varios factores: el empuje de las bases del PSOE, el fin del tabú por parte de la cúpula socialista, la predisposición de Unidas Podemos (en los antípodas de las tesis de “las dos orillas” de otras épocas) y hasta la mera aritmética parlamentaria, como consecuencia del cordón sanitario dibujado por Ciudadanos y de la dificultad política de contar con los independentistas. 

Sin embargo, la situación cambió el 26-M ante el batacazo de Unidas Podemos, que limita mucho su poder de negociación, y el fracaso en las expectativas de Ciudadanos. La formación de Rivera tendrá muy difícil seguir con su política de cordón sanitario contra el PSOE por la presión simultánea del establishment, que tuvo mucho que ver en el auge del partido y que ahora trata de evitar a toda costa un Gobierno de coalición de izquierdas que le hace revivir la pesadilla del Frente Popular, y de sus aliados europeos y en particular de Macron, deseosos de contar con los socialistas españoles en su lucha contra los populismos reaccionarios.

Fracasan las expectativas que tenía Ciudadanos

Unidas Podemos pierde casi todos los municipios del cambio

El nuevo escenario es más cómodo para el PSOE, que tiene muchas más opciones: desde gobernar en solitario, con un modelo a la portuguesa (con el resto de la izquierda sosteniendo al Ejecutivo desde fuera), hasta una fórmula mixta (y descafeinada) de incluir en el Gabinete a independientes bien vistos por Unidas Podemos, o incluso con la posibilidad de pactos esporádicos a derecha e izquierda si Ciudadanos recupera su posición macronista y el PP renuncia a competir con Vox, se acerca de nuevo al centro (como reclaman algunos barones) y aspira a firmar los “pactos de Estado” que todo joven líder meritorio de la oposición persigue para consolidarse como alternativa.

Ninguno de estos escenarios es visto con preocupación por Bruselas, que ya había dado el visto bueno al acuerdo programático y presupuestario entre el PSOE y Unidas Podemos y hasta había mostrado flexibilidad en el déficit. La mejora de las magnitudes macroeconómicas y el auge de los populismos reaccionarios, propulsados en parte por los estragos de la austeridad, han matizado en los últimos años la posición de las autoridades comunitarias. El PSOE solo asusta a la derecha española.