Pere Rusiñol

  • Socio fundador y redactor de la revista Alternativas Económicas. Ha trabajado en El País y en Público. Compagina con su trabajo en la revista Mongolia donde es responsable de la sección Reality News

  • Publicaciones del autor

    Los gurús del management también urgen a abrazar buenas causas.

    No es común que los ganadores del Premio Nobel escriban un libro con la humildad que muestran en su último trabajo los economistas Abhijit V. Banerjee (Bombay, 1961) y Esther Duflo (París, 1972), ganadores del máximo galardón junto con Michael Kremer en 2019.

    La Renta Básica Universal (RBU) es una de las propuestas sobre las que más se ha debatido en los últimos meses como una idea a tener en cuenta para afrontar los estragos de la covid-19, pero a menudo sin que quede demasiado claro sobre qué se está hablando exactamente. Esta imprecisión ha provocado que su utilice el mismo concepto para referirse a cuestiones muy distintas, lo que ha dado origen a múltiples malentendidos, sobre todo al confundirse en ocasiones RBU e Ingreso Mínimo Vital (IMV), en el que España ha sido pionero pero que responde a una lógica muy distinta.

    ¿Una deuda europea común? Ya nadie apostaba por ello. Pero la gravedad de la crisis la ha acabado haciendo posible, con la pareja  franco-alemana como gran motor, junto a los países del sur y muy singularmente España, del histórico acuerdo de la UE el pasado 21 de julio, que no solo acordó movilizar una ingente cantidad de recursos a la reconstrucción, sino que supone un gran salto adelante en la construcción europea al financiar el fondo creado para ello, de 750.000 millones, con emisiones de deuda conjunta. 

    La larga etapa neoliberal, que arrancó en la década de 1980 impulsada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, instaló como hegemónico el marco de bajadas generalizadas de impuestos, lo que ha tenido como consecuencia a largo plazo enormes dificultades presupuestarias de los Estados, cotas de endeudamiento público que la misma ortodoxia económica considera inasumibles, recortes en el estado de bienestar y, como resultado de todo ello, un gran aumento de la desigualdad, que no supone solo un problema de orden ético o moral, sino que según muchos economistas tiene efectos perjudiciales para el conjunto de la economía.

    Guía para asomar la cabeza en los buscadores.

    El serbioestadounidense Branko Milanovic, profesor de la gran universidad pública de Nueva York (CUNY), es un economista muy reconocido y quizá la mayor autoridad mundial sobre desigualdad. Pero en este luminoso libro muestra que es mucho más: es también un gran pensador y un extraordinario polemista.

    Un exteniente advierte de las simpatías por Vox.

    Una invitación a descubrir a Simone de Beauvoir, gran figura del siglo XX.

    Solo tres corporaciones aprueban en el reputado ‘ránking’ del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, que analiza el cumplimiento de la ley de información no financiera.

    La historia de la humanidad a través de una pregunta: ¿es posible alcanzar la felicidad?

    Un recordatorio en primera persona del durísimo mundo previo al Estado de bienestar.

    Es la solidaridad, estúpido!”. Casi tres décadas después del famoso (y tantas veces manoseado) latiguillo “¡Es la economía, estúpido!”, la fórmula secreta que permitió a Bill Clinton apartar de la Casa Blanca a George H. Bush, resulta que el elemento clave cuando las cosas van mal dadas de verdad es, en realidad, la solidaridad.

    El coronavirus, visto por expertos en comunicación política y el mundo digital.

    La respuesta al desafío del coronavirus y sus estragos económicos y sociales pasa por la cooperación a todos los niveles.

    Durante el largo confinamiento provocado por la pandemia, las Administraciones apenas están teniendo en cuenta a los grupos vulnerables y con necesidades especiales, que en la práctica deben arreglárselas solos para salir adelante en condiciones  aún más adversas que los demás.

    El confinamiento es una medida extrema pero necesaria no solo por motivos de salud, sino también para poder reactivar antes la economía. Urgen ayudas del Gobierno, maniatado por la pérdida de soberanía monetaria, pero solo deben seguir operativas las empresas capaces de reorganizarse para producir mascarillas, respiradores y todos los servicios esenciales.

    ¿Zorro o erizo? ¡Mejor ambos!

    De nieta a abuela, con cante de fondo.

    El economista que mejor escribe desenmascara supuestas verdades económicas que son pura propaganda.

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