América Latina // Colombia: oportunidad para la izquierda

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    El exguerrillero Gustavo Petro, líder de la plataforma progresista Pacto Histórico, encabeza las encuestas ante las elecciones presidenciales del 29 de mayo.

    Colombia es el único país de América Latina que nunca ha tenido un gobierno de izquierdas en siglo y medio de existencia como república, pero ahora tiene grandes posibilidades de cambiar ese rumbo. Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, exguerrillero y actualmente senador de la República, es el candidato mejor situado, según las encuestas, para llegar a la presidencia, y esta circunstancia tiene un enorme calado histórico.

    El 20 de junio de 2017 —no han pasado cinco años desde entonces— las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) iniciaron la fase final de un largo y angustioso camino hacia su disolución. El grupo guerrillero más antiguo del continente americano empezó a entregar a la ONU el último 40% de las armas que aún le quedaban. En ese momento tan esperado, el entonces presidente, Juan Manuel Santos, se permitió anunciar: “El desarme es una realidad, y con él, los avances para consolidar la paz con las FARC dará a los colombianos mucha más tranquilidad”. El líder de la guerrilla, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, certificó aquel mismo día en Twitter: “Las FARC estamos cumpliendo lo pactado". Y esta vez fue verdad, pese a que aún hoy se registran algunas actividades guerrilleras marginales, protagonizadas por disidentes o nuevos activistas, ligadas al negocio cocalero. 

    Equivalente a una guerra civil, la confrontación en Colombia de todas las guerrillas, grupos paramilitares y agentes estatales dejó unos 260.000 muertos, 60.000 desaparecidos y 7,1 millones de desplazados.

    Ningún candidato con posibilidades se presenta como de derechas

    Si nadie supera el 50% de los votos habrá segunda vuelta en agosto

    Estos precedentes convierten en extraordinarias estas elecciones presidenciales. Si uno de aquellos guerrilleros, por modesta que fuera su participación en aquella debacle, llega a ocupar la Casa de Nariño es que Colombia se ha transformado. La primera vuelta se celebrará el 29 de mayo y es muy improbable que Petro pueda alcanzar en esa cita el 51% de los votos. Para la segunda las encuestas lo sitúan por delante  de su inmediato competidor, el conservador Federico Fico Gutiérrez, pero se celebrarán el 22 de agosto y tres meses dan mucho margen para maquinaciones políticas. 

    El Pacto Histórico encabezado por Petro, que reúne al grueso de la izquierda colombiana, fue la propuesta más votada en la última consulta legislativa, obviamente sin mayoría. El gran perdedor fue entonces el Centro Democrático, el partido de derecha extrema del expresidente Álvaro Uribe, al que pertenece el actual presidente, Iván Duque. El movimiento izquierdista canalizó en las urnas el descontento ciudadano expresado en las protestas del año pasado contra las políticas económicas y sociales del Gobierno y los persistentes escándalos de corrupción.

    La esperanza progresista

    Gustavo Francisco Petro Urrego tiene 62 años, es un economista de origen italiano que ya fue candidato a la Presidencia en 2010 y 2018. Su característica más destacada, dicen, es que no se rinde ante las dificultades.

    A los estamentos poderosos les pone los pelos de punta que Petro pueda llegar a la Casa de Nariño. En su juventud fue miembro del Movimiento 19 de abril (M-19), una guerrilla urbana que tras su disolución en 1990 se transformó en la Alianza Democrática M-19. Bajo esas siglas Petro fue elegido miembro de la Cámara de Representantes en 1991. Ahora encabeza la plataforma progresista Pacto Histórico, que engloba a toda la izquierda, desde el Partido Comunista a los herederos de las FARC y partidos indigenistas, ecologistas y feministas. Además, Petro cuenta con un activo muy importante: Francia Márquez, su compañera para la vicepresidencia.

    Francia Márquez
    La candidata a la vicepresidencia por el Pacto Histórico, afroamericana  de familia pobre, es un icono de las luchas medioambientales y feministas de Colombia

    Márquez es un icono cultural y político de las luchas marginales, medioambientales y feministas. Lo tiene todo: es negra, de familia pobre, madre soltera a los 16 años y de otro hijo a los 20. Ha sido minera, agricultora, limpiadora. Educada fundamentalmente por mujeres —su madre, su abuela, su tía—, en su dura vida ha sido insultada, discriminada, amenazada, perseguida y agredida. Asistir a la escuela fue para ella un reto; ir a la universidad, un desafío; lograr licenciarse como abogada, un triunfo. Una verdadera historia de superación.
     

    “Yo represento a los nadies y a las nadies de Colombia”, dice  Francia Márquez en todos sus mítines. Sus palabras hacen referencia a un poema titulado Los nadies, del uruguayo Eduardo Galeano: “Los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos”. Versos duros que se han convertido en lema de su campaña y tienen un gran impacto, sobre todo en las mujeres.

    Tres décadas de engaños

    En Colombia ya nadie quiere ser de derechas. Bueno, no exactamente. Ninguno de los principales candidatos a la presidencia quiere reconocerse abiertamente de derechas, al menos en esta consulta. El desprestigio político de esos sectores, tras décadas de engaños y tropelías ha hecho mella en los votantes y en estos momentos ningún candidato quiere verse vinculado a ellos.

    Federico Gutiérrez encabeza la candidatura conservadora Equipo por Colombia. Sergio Fajardo candidato de la coalición 
    Centro Esperanza. 

    Este es el caso de Fico Gutiérrez, que encabeza la plataforma Equipo por Colombia, apoyada, entre otros, por el Partido Conservador, aunque Fico hace todo lo posible para despegarse del término. También marca distancias con el partido del expresidente Álvaro Uribe, cuyos votos necesitará en segunda vuelta para ganar, pero que no puede pedir a riesgo de perder otros menos radicales.
    Nacido en 1974 en el seno de una familia de profesionales acomodados —padre ingeniero madre delineante y él mismo ingeniero civil—, Federico Gutiérrez se consolidó como político al ganar la alcaldía de Medellín. Para equilibrar el peso conservador de la plataforma que encabeza, Gutiérrez ha formado tándem con Rodrigo Lara Sánchez, cirujano, que gobernó la ciudad de Neiva  con un equipo de centroizquierda. Lara Sánchez es hijo de Rodrigo Lara Bonilla, exministro de Justicia asesinado por sicarios de Pablo Escobar en 1984. Cuando nació no fue reconocido por su padre y solo pudo usar su apellido tras una prueba de ADN.

     Lara se siente orgulloso de su modesta experiencia como alcalde. “Un político que salga con la conciencia tranquila de su cargo y con las manos limpias, tristemente no se ve tanto en Colombia”, afirma. “Con Fico tenemos muchas diferencias”, dice. “El aborto, el uso de glifosatos... pero coincidimos, por ejemplo, en que hay que dar mayor relevancia a las regiones y adoptar medidas de ayuda directas”.  

    El tercero en discordia es Sergio Fajardo Valderrama, el candidato genuinamente centrista. Matemático de prestigio, también ha sido alcalde de  Medellín y gobernador de Antioquia. Al principio, las encuestas le daban resultados favorables para disputarle a Gutiérrez el puesto en la segunda vuelta, pero a medida que pasan los días el conservador avanza inexorablemente.

    En cuanto a sus respectivos programas, todos coinciden en mantener e implementar los acuerdos de paz , aunque se reprochen unos a otros incumplimiento. Los otros objetivos también son aparentemente los mismos: lucha contra la corrupción y el narcotráfico, impulsar y fortalecer la economía, mejorar las condiciones de vida de la población y reducir las diferencias sociales, pero los medios que sugieren para lograrlo son radicalmente distintos. Ahí es donde la ideología marca las diferencias: impuestos, seguridad y gasto social. El pulso final, dentro de tres meses. 

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