Carmen Umbón

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    Este no es mi primer confinamiento. Hace cerca de 70 años estuve tres meses encerrada en casa para evitar la polio, que ya había contagiado a varias niñas de mi entorno. Fueron mis padres quienes decidieron aislarme porque el Gobierno franquista del momento nunca dio instrucciones ni adoptó medidas para proteger a la población de aquella terrible epidemia. A la falta de información oficial se sumó la precariedad médica de la época, la mala alimentación que el país había soportado desde la guerra y la ignorancia de la gente sobre unos males que se consideraban inevitables. Un castigo de Dios.