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Crisis, modo de empleo

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Octubre 2018 / 62

Los ciclos de la depresión: Desde los tulipanes holandeses en el siglo XVII a 2008, pasando por 1929, las crisis se suceden… y se asemejan. Todo sobre las burbujas financieras.

Manifestación de afectados por la crisis hipotecaria. FOTO: Andrea Bosch

La quiebra del banco estadounidense Lehman Brother el 15 de septiembre de 2008 fue el punto de partida del estallido de una burbuja financiera de proporciones históricas. A partir de los créditos inmobiliarios de Estados Unidos, la crisis se expandió por todo el mundo y provocó la caída del crecimiento mundial (del 5,6% en 2007 se pasó al 0% en 2009) y el aumento del paro (de algo más del 5% en 2007 pasó al 8% en 2013 en los países avanzados). Un estudio detallado de los mecanismos de crecimiento de la burbuja muestra de modo fascinante cómo siguió, punto por punto, el ciclo de las grandes crisis de la historia, desde la de los tulipanes holandeses en el siglo XVII a la depresión de 1929. Si queremos evitar un próximo patinazo, más vale comprender sus resortes. He aquí como surge una burbuja financiera.   

 

1. ¿Cómo se forma una burbuja?

Siempre del mismo modo: unos genios de las finanzas inventan en sus despachos un nuevo modo de ganar dinero y la innovación termina por írseles  de las manos. Gracias a la apasionante investigación de la periodista del Financial Times Gillian Tett sabemos cómo pasó exactamente en la crisis de las subprime

Un ‘genio’ inventa un modo de ganar dinero y  la idea se le  descontrola

La banca traspasa a sociedades externas los riesgo de los créditos

En junio de 1994, los cerebros del banco estadounidense GP Morgan se reunieron en el hotel Boca Ratón Resort & Club de Florida. En ese seminario de reflexión se planteó una cuestión muy sencilla: cuando el banco otorga un préstamo, corre el riesgo de que no le sea reembolsado ¿cómo gestionar ese riesgo, es decir cómo ganar dinero con él? Al cabo de unos  meses, esos expertos de las finanzas aportaron dos respuestas.

Primer método: deshacerse del riesgo. Se meten varios créditos (sobre todo hipotecarios, pero también créditos estudiantiles, etcétera) en un mismo saco y se vende el saco (sacando así los riesgos del balance del banco) a una entidad jurídica creada al efecto, denominada sociedad ad hoc, que recibe, pues, los intereses de los créditos. Para financiar el riesgo de una falta de amortización, esa sociedad pide prestado dinero a inversores de todo el mundo en forma de collateralized debt obligations (CDO), obligaciones garantizadas por el pago de los intereses.  El número de sociedades ad hoc se dispara (las agencias de calificación afirman que sus préstamos son muy seguros) y todos los grandes bancos mundiales adquieren en sus cuentas CDO beneficiándose de sus lucrativos tipos de interés. Pero cuando el mercado inmobiliario estadounidense dio un giro en 2007-2008, cuando no fue tan fácil pagar los intereses y los CDO se desvalorizaron, el que se vio afectado fue todo el mercado mundial. Gracias a esa innovación financiera, lo que debería haberse limitado a una crisis inmobiliaria en Estados Unidos se convirtió en un cataclismo mundial.

Segundo método: asegurarse frente al riesgo. Es la invención de la joven británica Blyte Masters, una loca de las finanzas que desde el bachillerato pasaba todas las vacaciones de verano trabajando de prácticas en JP Morgan, fascinada por los productos financieros sofisticados. Este seguro se denomina credit default swap (CDS). El problema radica en que los financieros compran, por ejemplo, un seguro frente a la posibilidad de que Grecia no reembolse su deuda… ¡Sin necesidad de poseer ningún título de la deuda griega! Un seguro, pues, que se convierte en un auténtico terreno de especulación, una apuesta sobre la desgracia ajena. En frente, las aseguradoras y los bancos venden el contrato de seguro para recibir las primas. Hasta que los mercados inmobiliarios dieron un vuelco en 2007-2008, del mismo modo que la deuda griega en 2009 tras saberse que el endeudamiento del país era mucho mayor que el que indicaban las estadísticas oficiales, y las aseguradoras y los bancos se vieron obligados a pagar. La aseguradora AIG tuvo que ser rescatada por el Estado, lo que costó al tesoro estadounidense 85.000 millones de dólares.

 

2. ¿Por qué la innovación no es una buena noticia en las finanzas?

Algunas innovaciones financieras son muy útiles, como las tarjetas de crédito y los cajeros automáticos. Pero las invenciones puramente financieras son generalmente nocivas. Se trata de armas de competencia masiva para hacerse con los mercados y los riesgos lucrativos del competidor; no para gestionar mejor los riesgos existentes. Están concebidas para funcionar en tiempos de bonanza y hay que leer la letra pequeña de los contratos (u olvidarla voluntariamente) para saber que acarrean riesgos enormes cuando los mercados cambian. Finalmente, con frecuencia ofrecen el modo de eludir los reglamentos bancarios o al fisco.

 

3. ¿Pueden los Estados impedirlo?

Se suele considerar que las finanzas van demasiado deprisa, por lo que los Estados o los reguladores no pueden enterarse de lo que está pasando. Es falso. Desde 1993-1994, los reguladores estadounidenses se dieron cuenta de que el mercado de los productos financieros sofisticados abría las puertas a riesgos importantes. Y los parlamentarios también: al menos se propusieron cuatro proyectos de ley para controlar los mercados, que se dejaron de lado por la presión del lobbying de los bancos. Y lo que es más, en 1998, la abogada Brooksley E. Born, que dirigía entonces el regulador de los productos sofisticados, la CFTC, fue a ver al presidente Bill Clinton y le dijo: atención, los banqueros han inventado nuevos productos que podrían provocar una crisis financiera de gran tamaño, hay que intervenir. Lo había comprendido todo. Desgraciadamente para ella, y para nosotros, tanto Alan Greenspan, presidente de la FED, el banco central estadounidense, como Robert Rubin, ministro de Finanzas, y Lawrence Summers, su adjunto, aconsejaron al presidente no hacer nada porque los bancos estaban ganando mucho dinero con esas innovaciones. 

Pero la lección está clara: entre el momento en que se inventan nuevos productos financieros de riesgo y el momento en el que pueden provocar una gran crisis pasan varios años y el aumento de riesgos es visible. El desastre solo puede producirse si los reguladores y los políticos se cruzan de brazos. 

 

4. ¿Cómo crece una burbuja?

Es muy sencillo: para ganar mucho haciendo apuestas arriesgadas no hay que contentarse con jugarse el dinero propio, ¡también hay que jugarse el de los demás! Es decir, pedir préstamos a los bancos. “Si los especuladores pueden contar con un crédito ilimitado, nadie puede predecir el tamaño de la crisis que resultará”, declaraba ya el barón James de Rothschild en 1865. A todas las burbujas financieras de la historia les ha precedido una burbuja de crédito.

Hoy, el crédito que plantea más problemas no es tanto el que se otorga a las empresas o a los particulares como el dirigido a los actores de las finanzas (bancos , fondos de inversión, etc.): entre diciembre de 2002 y diciembre de 2008, el endeudamiento del sector financiero estadounidense aumentó en un 28%, el de la zona euro en un 40% y el del Reino Unido en un 78%. Dichos créditos alimentaron la compra de los productos financieros tóxicos creados por las innovaciones, expandiendo el virus de la crisis al conjunto del sistema financiero internacional.  

 

5. ¿Vigilan los bancos los riesgos que adquieren?

Evidentemente, sí. Acuden a politécnicos de altos vuelos e incluso a ingenieros de la NASA para crear unos modelos muy sofisticados. Pero muy poco eficaces. Según David Viniar, ex director financiero de Goldman Sachs, antes de la crisis de 2008, el modelo del banco indicaba que la probabilidad de que se produjeran unas turbulencias, que tenía ante sus ojos, era tan grande como ganar 20 veces seguidas a la loto.

Esos análisis estadísticos, por muy elaborados que fueran, se basaban en datos históricos que no tenían suficientemente en cuenta los nuevos productos financieros. Daban por sentado que los bancos podrían vender fácilmente sus productos de riesgo en caso de necesidad, pasando por alto que todo el mundo desearía hacer lo mismo. Subestimaban la posibilidad de grandes crisis: según el Banco de Inglaterra, las pérdidas sufridas por los grandes bancos han sido seis veces superiores al máximo previsto por los modelos.

 

6. ¿Aparte de los modelos, nadie se alarmaba?

¡Claro que sí! Dentro de los bancos, muchos controladores de riesgos advirtieron a la dirección que la entidad podía hundirse. Pero en tiempos de euforia financiera, el apetito de ganancia es demasiado fuerte como para resistirse. En el banco suizo UBS, las autorizaciones para adquirir riesgos se pedían después de haberlos adquirido, violando las normas internas. Y cuando los límites fijados se habían superado se cambiaba de método para poder adquirir más. Lo mismo ocurría en Lehman Brothers, pero cuando el director de control de riesgos se quejó, lo despidieron. El informe de la Comisión Nacional sobre la Crisis publicado en 2011 en Estados Unidos confirmó que muchos otros controladores sufrieron la misma suerte. ¿Y los consejos de administración? Recordemos que en el de Lehman Brothers había un almirante retirado, una actriz y un productor teatral, y que este último formaba parte del control de riesgos.

 

7. ¿El fraude desempeñÓ algún papel en la crisis de 2008?

Afirmativo, como en el resto de las grandes crisis de la historia. Cuando se habla de fraude, se piensa en estafadores del tipo Bernard L. Madoff. Pero en 2008 las cosas iban mucho más allá. El fraude era sistémico. Según el especialista estadounidense William K. Black, había de 5.000 a 6.000 préstamos inmobiliarios fraudulentos (declaraciones de ingresos falsificadas, etc.), una auténtica epidemia de cuyo riesgo había informado el FBI desde 2004 sin que las autoridades reaccionaran. El financiero británico Robert Jenkins ha recogido más de 140 tipos de comportamiento delictivos en esa época, y todos los grandes bancos han sido condenados por ellos, en uno u otro momento, los últimos años. La lista es impresionante : manipulación de los tipos de interés, de los tipos de cambio, de informaciones, blanqueo… parte de la crisis se debió a comportamientos delictivos de gran alcance.

 

8. ¿Y los economistas?

El documental de Charles Ferguson Inside Job, que se proyectó en las pantallas a finales de 2010, dedica una veintena de minutos, un tanto terribles, a mostrar cómo algunos economistas pusieron sus ideas al servicio de las finanzas para lograr un beneficio personal. Las respuestas, embrolladas o agresivas de Frederic Mishkin, ex miembro de la FED; de Richard Portes, de la London Business School; de Martin Feldstein, ex consejero económico de Ronald Reagan, y de Grenn Hubbard, ex consejero económico de George W. Bush, son penosas. 

Protesta del movimiento cívico Plataforma de Afectados por la Hipoteca. FOTO: ANDREA BOSCH

 

9. ¿No es cierto que estas crisis tienen una dimensión social?

Es cierto, las burbujas especulativas se desarrollan generalmente en un contexto de fuerte aumento de las desigualdades. Cuando las finanzas adquieran un volumen considerable tienen tendencia a pagar muy bien a sus asalariados. El economista Ariell Reshef ha demostrado recientemente que en Francia los salarios en el sector financiero eran en 2008 un 60% superiores a los de los otros sectores; en Estados Unidos, eran dos veces más altos. La pujanza de las finanzas y el enriquecimiento de los más ricos que ella posibilita se traducen en una demanda de innovaciones financieras no controladas, en una presión para la desregulación financiera, en que los financieros ocupen puestos políticos importantes.
 

10. ¿Qué hacen los Estados cuando estalla la burbuja?

Cuando a los mercados les entra el pánico, solo los Estados pueden cortar por lo sano. En 2008, se necesitó un mes para lograrlo. El 9 de octubre, Gordon Brown, ministro de Finanzas británico, anunció un plan de rescate: préstamos a corto plazo de los bancos centrales a los bancos, garantía de los Estados sobre sus préstamos a medio plazo, reflotamiento directo de los bancos para aumentar su capital a costa del presupuesto público. Reunidos en el Elíseo bajo la égida de Nicolas Sarkozy, los europeos retomaron el plan británico el 12 de octubre, Estados Unidos lo hizo el 13. El momento álgido había pasado. Comenzó entonces un segundo tiempo, el de la regulación. Y 10 años después, seguimos en él.