De la nostalgia a la acción

  • Febrero 2018

    Iniciativa: Un grupo de activistas que añora las cajas de ahorro lanza una cooperativa de servicios financieros en Cataluña, estimulado por el cambio de sede de La Caixa.

    Casa donde se fundó Desjardins, en Lévis (Quebec), hoy museo. FOTO: CCBY-SA 3.0

    La pérdida del sistema de las cajas de ahorro, reducidas ya sólo  formalmente a las de Ontinyent y Pollença, fue una gran noticia para los bancos, pero no necesariamente para los ciudadanos, que históricamente siempre habían confiado sus depósitos más a las cajas que a los bancos. Algunos antiguos usuarios de cajas catalanas acaban de constituir, tras casi tres años de arduos preparativos, Catalana de Servicios Financieros (www.CatalanaSF.cat), una cooperativa de servicios financieros que apela expresamente a la nostalgia de las antiguas cajas. La nueva entidad cuenta ya con un local en el barrio de Sant Andreu de Barcelona y el pasado 15 de febrero se presentó en sociedad en un acto en el paraninfo de la Universidad de Barcelona (UB) con Desjardins -la banca cooperativa de Quebec- como gran referencia.

    “En muy poco tiempo todo se vino abajo y los clientes dejamos de tener interlocutores en las cajas interesados en prestar ayuda a la economía productiva”, sostiene Joan Olivé, presidente de la entidad, que se ha lanzado con 200 socios (con una aportación mínima de 100 euros). Y añade: “Para una sociedad es un drama no contar con entidades financieras comprometidas con su país, con sus empresas y su gente”.

    Olivé no esconde que la iniciativa está en perfecta sintonía con los impulsores del proceso independentista -particularmente, la Assemblea Nacional Catalana (ANC)-, que han impulsado retiradas de fondos de las entidades convencionales y particularmente de Caixabank. Estos sectores quedaron conmocionados ante la decisión del banco de trasladar fuera de Cataluña la sede no únicamente de la entidad financiera, sino incluso de La Caixa, responsable de la Obra Social, que no está afectada directamente por la presión de los mercados financieros ni del Banco Central Europeo.

    Los promotores se inspiran en Desjardins

    La entidad nace con 200 socios y objetivo modesto

    “¿Te imaginas cuál habría sido la decisión en caso de contar con una entidad realmente democrática?”, se pregunta Olivé. Su modelo -y el de su lugarteniente, Caprini Valariano, italiano afincado en Barcelona que quedó horrorizado por la evolución del sector  tras cuatro décadas trabajando en Monte dei Paschi di Siena- es el del banco cooperativo Desjardins, muy enraizado en Quebec, la provincia francófona de Canadá. La entidad nació en 1900 -cuatro años antes que La Caixa- y hoy cuenta con siete millones de socios, 43.000 trabajadores y 313 cajas locales. 

    El objetivo inicial de la nueva entidad es obviamente mucho más modesto. De entrada, únicamente aspira a captar recursos para dirigirlos a la economía productiva catalana, muy especialmente pymes, economía social y proyectos ecológicos. En esta primera etapa ni siquiera tiene previsto dar créditos directamente, sino que se propone vehicular la asistencia financiera a través de convenios con oytas entidades que ya funcionan con criterios cooperativos, como Coop57 y Caixa d’Enginyers, entre otros.

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