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El mayor aeropuerto del planeta

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Septiembre 2019 / 72

Proyección: Pekín convierte la nueva infraestructura en escaparate de su pujanza tecnológica y económica y muestra su voluntad de consolidarse como potencia.

Modelo del nuevo aeropuerto de Beijing Daxing. FOTO: MA LONG

En China todo va deprisa, muy deprisa. Cuando Occidente sale de su asombro por los últimos adelantos del país asiático, Pekín vuelve a sorprenderle con un nuevo avance. Las autoridades chinas aprovecharon la celebración de los Juego Olímpicos de 2008 para construir una terminal gigantesca que convirtió el aeropuerto de Pekín en el mayor del mundo. Ahora, 11 años después, estrena un segundo aeropuerto, todavía más grande y dotado con los últimos avances tecnológicos. El anterior ya no da más de sí, lleva cinco años funcionando al límite de la saturación y en 2018 superó la barrera de los 100 millones de viajeros. La inauguración pone de manifiesto no solo el nivel de desarrollo de la industria autóctona, sino también la capacidad financiera para emprender este tipo de proyectos y el creciente vigor del turismo chino, así como el poder de atracción que irradia Pekín como capital de un poder mundial emergente. China tiene como objetivo convertirse en el principal mercado de aviación del mundo en 2022, por delante de Estados Unidos. 

 

ESTRENO EN UNA FECHA SONADA

A partir del 1 de octubre de este año, Día Nacional de China, Pekín estrena aeropuerto. Esa fecha que no es baladí, como nada se deja al azar en este país asiático. Este día se conmemora el 70 aniversario de la proclamación de la República Popular de China por parte de Mao Zedong, una efeméride que viene como anillo al dedo a las autoridades de la segunda potencia mundial para dejar su impronta en forma de unas nuevas instalaciones aeroportuarias, que con una superficie de 1,43 millones de metros cuadrados la convierten en la terminal más grande del planeta, según proclama la prensa local.

El nuevo aeropuerto Beijing Daxing está situado a 46 kilómetros al sur de Pekín y estratégicamente cercano a Xiongan, el área que el presidente Xi Jinping pretende transformar en un centro industrial de alta tecnología. Se ha construido en cinco años, con un coste del orden de 11.000 millones de euros y con una capacidad para recibir hasta 100 millones de pasajeros anuales. Esta iniciativa permitirá descongestionar el actual aeropuerto de Pekín, que el pasado año superó la barrera de los 100 millones de visitantes, cifra muy superior a los 76 millones que se calculó inicialmente que transitarían por sus tres terminales y que ha convertido al aeródromo pequinés en el segundo más concurrido del mundo, solo por detrás del de Atlanta, en EE.UU.

 

AUGE DEL TURISMO LOCAL

Este crecimiento exponencial del número de viajeros que absorbe Pekín se limita, sin embargo, al efervescente turismo local, lo que confirma, a su vez, el enorme potencial económico de una sociedad china ávida de viajar y para la cual Pekín es una visita obligada. Las estadísticas oficiales no dejan lugar a dudas: el poder de atracción de Pekín se tradujo en la llegada de 297 millones de turistas en el 2017, de los cuales el 98,7% procedían de otras partes del país y el resto eran extranjeros. Y de ellos, el 37% llegó a la capital china en avión, lo que supone 110 millones de viajeros. 

Estas cifras justifican por sí mismas que el hecho de que el nuevo aeropuerto, por el que se prevé que circulen 72 millones de pasajeros en el 2025, cuente inicialmente con cuatro pistas de aterrizaje, ampliables a ocho, siete de ellas para la aviación comercial y una de uso militar, según el China Daily. Esta planificación tiene por objetivo permitir que los dos aeropuertos de Pekín juntos absorban un total de 170 millones de visitantes anuales en el plazo de cinco años. Es una meta que multiplica por cuatro la suma de 41 millones de viajeros que pasaron por la vieja terminal I del aeródromo de Pekín en el año 2005.

 

PROTAGONISMO DE LOS ROBOTS

Esta obra de ingeniería, que fue diseñada por el equipo de arquitectos de Zaha Hadid y ejecutado por el Instituto de Diseño Arquitectónico de Pekín es, sin embargo, algo más que un simple aeropuerto. Constituye todo un escaparate que revela las ambiciones de China por erigirse en la potencia mundial dominante en este siglo XXI. Incorpora todos los elementos que muestran la capacidad de innovación y de producción de alta tecnología que se está desarrollando en la segunda potencia económica mundial. 

China quiere ser el principal mercado de la aviación del mundo

El aeropuerto está cerca de Xiongan, zona puntera en tecnología

Por primera vez, los robots cobrarán protagonismo. En este aeropuerto, que tiene una superficie equivalente a 200 veces el campo de fútbol del Barça, un sistema automático de estacionamiento se encargará de buscar la mejor plaza y aparcar los vehículos. Después, sus dueños podrán recogerlos escaneando un código QR o escribiendo el número de la matrícula, según explicó Ba Gen, jefe del departamento de informática del aeropuerto, al diario Beijing News. Este sistema inteligente, que se aplicará de forma progresiva, también se instalará en el otro aeropuerto de Pekín.

Las nuevas instalaciones aeroportuarias acogen en sus dos plantas subterráneas una enorme estación intermodal dotada con los últimos avances tecnológicos. Allí confluyen trenes de cercanías, regionales y de alta velocidad, así como una línea de metro, también de alta velocidad, automatizada y sin conductor, que transportará a los viajeros hasta el centro de Pekín en unos 20 minutos, según explicó Jiang Chuanzhi, diseñador de la nueva línea de metro del aeropuerto, a la agencia China News Service.

Pero los robots y los metros automatizados no son las únicas aplicaciones inteligentes. El reconocimiento facial está presente en todos los canales de seguridad del recinto, según señaló en su día a la prensa Zhang Rui, subdirector de Aeropuertos de la Administración de Aviación Civil de China. Superar este control es lo que permitirá los pasajeros acceder a la zona de embarque y a todos los servicios del aeropuerto, entre ellos, la posibilidad de rastrear el equipaje en tiempo real gracias a una aplicación especial que sólo funcionará dentro del recinto. Según Zhang, el 85% de los registros serán automáticos y la autofacturación de equipajes alcanzará el 75%. 

 

JARDINES PARA RELAJARSE

“Todo está concebido para facilitar al máximo la estancia de los pasajeros”, dijo Li Jianhua, ingeniero jefe de esta obra, cuando los trabajos estaban en pleno apogeo, según la agencia Xinhua. Esta afirmación corrobora la estructura de estas instalaciones aeroportuarias. Su configuración en forma de estrella de mar, con cinco brazos que conectan con las puertas de embarque y una sexta que da acceso al aeropuerto, está pensada para optimizar al máximo el tiempo de los pasajeros. Se ha calculado que la puerta de embarque más lejana esté situada a 600 metros del control de seguridad y a ocho minutos andando. Y, además, al final de cada una de estas patas se ha instalado un gran jardín diseñado de acuerdo con la tradición china, donde el viajero podrá relajar la vista y el espíritu.

Los dos aeropuertos de Pekín absorberán 170 millones de pasajeros

El sistema de seguridad del recinto incluye el reconocimiento facial

No obstante, estos parques no son el único guiño que las autoridades aeroportuarias chinas han pretendido hacer a la lucha contra el cambio climático. También apuestan por las energías limpias y sostenibles. El nuevo aeropuerto cuenta con la instalación de un sistema fotovoltaico, cuyas placas solares se espera que generen 6 millones de kilowatios/hora al año de electricidad, así como de un método para recolectar la totalidad del agua de lluvia. Y a ello se suman bombas de calor geotérmico, próximas a la cuenca de un río cercano, que debe alimentar los sistemas de calefacción y refrigeración de las instalaciones, así como una flota de vehículos eléctricos.

Es un aeropuerto, en definitiva, a través del cual China pretende transmitir a todas aquellas personas que se decidan a viajar a Pekín la idea de que ha llegado a la capital de una gran potencia del siglo XXII.