Isidre Ambrós

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    Las autoridades de Pekín buscan modernizar los territorios más occidentales con el objetivo de reactivar la economía y contrarrestar el parón provocado por la pandemia de coronavirus.

    Tras décadas de intenso progreso económico, la potencia asiática se enfrenta a unos niveles de desempleo históricos. El daño de la epidemia de coronavirus amenaza con socavar la estabilidad social y el control del poder por parte del Partido Comunista.

    Con sus luces y sombras, China va un par de meses por delante en la salida de la crisis provocada por la pandemia del coronavirus, razón por la cual los resultados económicos que registró la segunda economía del planeta en el primer trimestre del año constituyen un serio aviso para los países europeos y Estados Unidos, que aún se hallan inmersos en la lucha por controlar el número de contagios y fallecimientos provocados por el coronavirus. 

    El coronavirus se suma al aumento del IVA y a los efectos del tifón 'Hagibis' y provoca la contracción del PIB de la tercera economía del mundo.

    Mientras que las autoridades comunistas desencadenaron una 'guerra médica' para vencer al coronavirus, los de la isla rebelde apostaron por la prevención y el control.

    El brote epidémico paraliza China, la fábrica del mundo, y añade grandes incertidumbres a la economía global.

    Futuro: El Gobierno del gigante asiático proyecta que Shanghái y Shenzhen sean las referencias para el desarrollo económico del resto del país.

    Aniversario: Las autoridades chinas, orgullosas de los éxitos desde la refundación del país en 1949 y preocupadas por  la desaceleración.

    Equilibrio: Pekín trata de resolver la crisis de la antigua colonia británica sin perjudicar la imagen del centro financiero y sus aspiraciones de anexionarse Taiwán.

    Proyección: Pekín convierte la nueva infraestructura en escaparate de su pujanza tecnológica y económica y muestra su voluntad de consolidarse como potencia.

    Tensión: Pekín controla las existencias de 17 minerales imprescindibles para fabricar alta tecnología y de los que depende EE UU.

    Protagonistas: La emergente clase media china opta por apretarse el cinturón en lugar de consumir a espuertas y cuestiona el protagonismo del consumo como nuevo motor económico del gigante asiático.

    Reformas: El príncipe heredero Naruhito se convertirá este mayo en emperador del país asiático, convertido en una potencia con una población envejecida y necesitado de profundos cambios estructurales para dinamizar su economía.