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Freno demócrata al presidente

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Noviembre 2018 / 64

Expectativas: El avance de la oposición en las elecciones legislativas resta fuerza a las aspiraciones de Donald Trump a la reelección en el año 2020.

La congresista electa Alexandria Ocasio-Cortez (izquierda), durante la campaña. FOTO: CC-COREY TORPIE

Finalmente sí hubo marea azul en las elecciones legislativas del 6 de noviembre en EE UU, que sirvieron para renovar las dos Cámaras del Congreso en el ecuador del tormentoso mandato de Donald Trump. Aunque no consiguieron arrebatar a los republicanos el control del Senado, los demócratas si lo lograron en la Cámara de Representantes, donde gozarán de una cómoda mayoría que promete ser muy incómoda para el presidente.

Estas son algunas conclusiones de la votación:

1. Sin ser una victoria abrumadora, los resultados permiten al Partido Demócrata emprender con cierto optimismo la carrera hacia las elecciones presidenciales de 2020, y es que sus candidatos han recuperado terreno en Estados que serán decisivos dentro de dos años. En total, la oposición ha despojado al partido del presidente de al menos 37 escaños en la Cámara de Representantes (a finales de noviembre aún quedaban votos que revisar), lo que supone el mayor avance demócrata desde las elecciones de 1974, celebradas justo después de la dimisión de Richard Nixon por el escándalo Watergate. Los republicanos, por su parte, tendrán 52 asientos en el Senado, dos más que antes, por 47 de los demócratas, a falta de asignar un escaño por Misisipi. Trump ha calificado de “gran triunfo” los resultados en la Cámara Alta, pero la realidad es que los republicanos esperaban ganar algo más.

2. Los votantes han puesto freno a Trump. La mayoría demócrata en la Cámara de Representantes va a obstaculizar la agenda política del presidente, obligado a negociar a partir de ahora los grandes proyectos de ley. Puede que los demócratas se decidan a poner en marcha un proceso de destitución (impeachment) contra Trump si afloran nuevas revelaciones de la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016. El impeachment, sin embargo, requiere el apoyo de dos tercios del Senado para hacerse efectivo, algo que parece imposible en estos momentos.

3. Se ahonda la división del país en dos mitades. Los demócratas han reforzado su posición en las zonas urbanas, donde se concentran los sectores más dinámicos de la economía y viven los trabajadores más cualificados. Sus candidatos han arrasado en los barrios de clase media de las afueras de las grandes ciudades, aquellos que registran un mayor crecimiento demográfico. Como sostiene el premio Nobel Paul Krugman, aunque los políticos conservadores aseguran encarnar los valores de la “América real” de las zonas rurales, esa “América real” habita en las zonas metropolitanas. Los republicanos reforzaron su dominio en los pueblos del interior del país que apoyaron a Trump en 2016, habitados mayoritariamente por personas raza blanca. 

4.  El apoyo de los jóvenes a los demócratas alcanza niveles históricos. El 67% de los menores de 29 años votaron por candidatos de la oposición y solo el 32% lo hizo por los republicanos, una diferencia sin precedentes. El electorado hispano también apoyó en masa a los demócratas:  el 69% votó por ellos, 3 puntos más que a Hillary Clinton en las presidenciales de 2016. El voto femenino ha sido clave en la victoria demócrata.  

5. Aumenta la movilización del electorado. Sorprendentemente elevada para la tradición estadounidense, la participación fue del 49,2%, casi 13 puntos superior a la de hace cuatro años y la más alta en más de un siglo en unas elecciones de medio mandato. Casi 116 millones de votantes fueron a las urnas. 

6. El Congreso reflejará mejor la diversidad del país. Las mujeres ocuparán casi 100 de los 435 escaños de la Cámara baja, más que nunca en en la historia en EE UU. También aumenta significativamente la presencia de minorías. Por primera vez habrá dos mujeres de origen indígena y dos musulmanas en el Capitolio. Con tan solo 29 años, Alexandria Ocasio-Cortez, de origen puertorriqueño y declarada socialista, será la congresista más joven de la historia. Colorado ha elegido al primer gobernador abiertamente gay en la historia de EE UU, el demócrata Jared Polis.

7. La mayoría de los ciudadanos no quiere al presidente. Los demócratas han recibido, en total, más sufragios que los republicanos en las tres principales votaciones: Senado, Cámara de Representantes y gobernadores. Especialmente notable es la diferencia en la Cámara baja: 59  millones de votos demócratas contra 50 millones republicanos. El voto popular, sin embargo, no es determinante de cara a 2020, ya que al presidente no lo eligen directamente los votantes, sino un colegio electoral en el que cada Estado tiene un peso proporcional a su población. La gran particularidad del sistema electoral estadounidense es que el candidato que logre más votos en un Estado se lleva todos los votos que este aporte al colegio electoral. Puede suceder, como ocurrió con Trump en 2016, que el presidente sea elegido con menos votos populares que su contrincante.

Los demócratas ganan terreno en estados clave

El presidente tendrá dificultades para sacar adelante su agenda

Los barrios de clase media dan la espalda a los republicanos   

8. Los demócratas amplían su base geográfica. Los candidatos demócratas han recortado distancias en circunscripciones electorales netamente republicanas, han cobrado ventaja en distritos neutrales y han consolidado sus apoyos en zonas donde ya eran claramente mayoritarios. Especialmente significativa fue la victoria demócrata en el condado de Orange (California), con un electorado de altísimo poder adquisitivo que solía votar a los republicanos. El demócrata Gil Cisneros derrotó a su rival republicano en el último distrito del condado que aún permanecía en manos republicanas. Son muy reveladores los avances demócratas en Michigan, Pensilvania y Wisconsin, tres Estados del cinturón industrial de EE UU que Trump ganó por muy estrecho margen en 2016. Sin revalidar su victoria en esos tres territorios sería extremadamente difícil que el presidente consiguiera la reelección. En esta ocasión los demócratas han ganado las elecciones al Senado y a gobernador en los tres Estados. También han hecho avances en dos feudos republicanos como Georgia y Texas. En el primero, la candidata a gobernadora Stacey Abrams, de raza negra, perdió por apenas cuatro décimas de diferencia ante el republicano Brian Kemp, de raza blanca. En el segundo, el demócrata Beto O’Rourke casi arrebata el escaño al senador ultraconservador Ted Cruz. Ha sido muy importante para los demócratas la victoria en las elecciones al Senado de Kyrsten Sinema en Arizona, un Estado que dio su voto a Trump en 2016. Sumados a los avances en Texas y Nuevo México, donde la demócrata Michelle Lujan Grisham ganó las elecciones a gobernadora, el resultado muestra que la política antiinmigración de Trump no es tan popular en aquellas zonas cuya economía depende de los inmigrantes.

9. Trump resiste en sus feudos, pero tiene problemas para expandir su base electoral. Su partido ha retrocedido en unas elecciones celebradas en un momento de auge económico y una tasa de desempleo del 3,7%. El presidente sigue siendo tremendamente impopular entre los votantes no blancos y con formación universitaria, especialmente entre las mujeres. Su apoyo entre los hombres blancos, además, no ha sido tan sólido como hace dos años. Algunos analistas consideran que esta es la principal señal de alarma para él de cara a los comicios de 2020. Los republicanos conservan, sin embargo, varios Estados decisivos. Sus candidatos ganaron las elecciones a gobernador en Ohio y Florida, esta última por un puñado de votos. Son otros dos territorios clave en los que el presidente ganó hace cuatro años y cuyo apoyo necesita revalidar si quiere seguir otros cuatro años en la Casa Blanca. Tener a dos gobernadores de su partido le ayudará en la campaña, pues pondrán a su disposición cuantiosos recursos.

Resumiendo: lo sucedido en noviembre son buenas noticias para los demócratas de cara a las presidenciales de 2020, pero no pueden cantar victoria, teniendo en cuenta que en dos años pueden pasar muchas cosas y que aún no tienen un candidato claro para derrotar a Trump.