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Industria // La concentración agrava la escasez de chips

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Junio 2021 / 92

La dificultad para abastecerse de semiconductores castiga a la industria mundial y muestra su gran dependencia de un puñado de empresas.

Falla un pequeño chip y todo se paraliza. La escasez mundial de semiconductores no solo afecta al sector del automóvil, en el que se calcula que los problemas de abastecimiento provocarán este año un descenso de la producción de más de un millón de coches, sino al sector de los videojuegos, pues a Sony le está costando garantizar la entrega de su PlayStation 5, lanzada al mercado el pasado noviembre. 

Silicio: Es el componente principal de la arena de playa, un semiconductor natural y el elemento químico más abundante de la Tierra después del Oxígeno. 

Es imposible contar los productos para los que esos minúsculos componentes de silicio, que dieron su nombre a Silicon Valley, son hoy indispensables: desde los equipos de telecomunicaciones a los sistemas aeronáuticos, pasando por los smartphones, los ordenadores y los materiales de gestión de las redes energéticas. Como las mascarillas hace un año, son un ejemplo de hasta qué punto nuestro modo de vida depende de unos bienes producidos al otro extremo del mundo y cuyo control se nos escapa.

De crisis en crisis 

Ya había tensión antes de la escasez actual: la demanda mundial de semiconductores aumenta una media del 8% anual y la capacidad de producción no logra seguir ese ritmo. Este crecimiento se debe, sobre todo, al desarrollo de la 5G, en cuyas antenas y diversas instalaciones pululan pequeños chips de silicio. El año 2020, con su lote de crisis, ha trastocado ese precario equilibrio. En primer lugar, la crisis sanitaria: con el paso al teletrabajo y a la educación no presencial, la demanda de ordenadores y smartphones se ha disparado. La venta de PC ha aumentado en cerca del 10%: un año récord para el sector que ha aumentado otro tanto la demanda de semiconductores. En segundo lugar, la crisis diplomática, con las medidas estadounidenses contra la china Huawei. Washington endureció el pasado verano sus sanciones contra el fabricante de equipos, muy consumidor de semiconductores, empujándole a crear importantes stocks antes de perder su acceso a los productos estadounidenses.

Laboratorio de TSMC en Taiwan. Foto: Taiwán Semiconductor Manufacturing

Y, precisamente, cuando los fabricantes de semiconductores se han convertido en un eslabón estratégico de la industria mundial, el sector sigue estando relativamente cerrado debido a su intensidad desde el punto de vista del capital, pues se necesita una considerable inversión para producir chips. Los cinco primeros productores captaban el 54% del mercado en 2020, frente al 36% en 2009, lo que demuestra que la concentración aumenta. Es un mercado ampliamente dominado por Estados Unidos con empresas como Intel, Broadcom y Qualcomm. En Asia, solo Taiwán y Corea del Sur, con Samsung, logran salvar los muebles. China, con mucho el primer consumidor mundial de semiconductores, no posee ningún productor de primera línea y su fabricante nacional, SMIC (Semiconductor Manufacturing International Corporation), no logra producir chips tan pequeños como los de sus competidores.

El tamaño cuenta

Se calcula que las empresas chinas llevan entre tres y cinco años de retraso tecnológico respecto a sus homólogas estadounidenses y taiwanesas. Y avanzar en la carrera a la miniaturización es fundamental: cuanto más pequeño es un semiconductor, menos energía consume y menos calor libera, dos cualidades esenciales. Por ello, China está obligada a importar cada año semiconductores por más de 300.000 millones de dólares, superior a la importación de petróleo y que la sitúa en el primer puesto de la importación. 

La demanda crece el 8% anual y la producción no puede seguir el ritmo

Tan solo cinco fabricantes acaparan el  54% del mercado mundial 

Respaldado por sus patentes y su competencia técnica en este sector, Estados Unidos no duda en utilizarlo en su guerra comercial y tecnológica con el gigante asiático. Sin embargo, hay dos modelos de fabricantes de semiconductores. Por un lado, están los grupos integrados, como Intel y Samsung, que conciben y fabrican sus propios chips y los comercializan bajo sus marcas. Por otro lado, las empresas que se limitan a su concepción y, carentes de fábricas, no producen directamente. Es el modelo fabless, del que las estadounidenses Qualcomm y Broadcom son un ejemplo perfecto. Esa es la razón por la que Estados Unidos, a pesar de dominar el sector de la concepción, produce más de la mitad de sus semiconductores fuera, casi exclusivamente en Asia, principalmente en Singapur y Taiwán.

Taiwán, centro del chip

Esta isla ocupa un lugar estratégico en la producción a través de la fundición de semiconductores TSMC. Con mucho la número uno del mundo, logra que salgan de sus fábricas los chips más pequeños del planeta. Proveedor de Apple, se ha labrado un lugar entre las 10 primeras empresas mundiales por su valor en Bolsa, detrás de Tesla y Facebook. 

Esta fuerte concentración en el eslabón de la producción fragiliza también el aprovisionamiento del mercado mundial. Además, Taiwán se ha visto golpeada este año por una importante sequía que podría aumentar aún más la escasez, ya que la producción de semiconductores consume mucha agua.

Planta de fabricación de la empresa Siltronic en Freiberg (Alemania). Foto: Siltronic

Europa está relativamente ausente en este mercado. Posee algunos fabricantes de semiconductores, como el francoitaliano STMicroelectronics, pero la producción de la Unión representa menos del 10% del mercado mundial. Al ver cómo sus fábricas de automóviles se paraban, Bruselas ha tomado conciencia de lo grave que es la dependencia europea en este ámbito. Para intentar recuperar su retraso, 16 países europeos, entre los que se encuentran Alemania, Francia y España, lanzaron el pasado mes de enero una alianza con el fin de facilitar la concesión de ayudas estatales. La Comisión Europea ambiciona alcanzar el 20% de cuota de mercado de aquí a 2030 y estima que la inversión necesaria para lograrlo es de 20.000 o 30.000 millones de euros. El reparto del esfuerzo financiero, entre capital público y privado, todavía no se ha determinado. A título comparativo, la taiwanesa TSMC ha prometido invertir ella sola 100.000 millones de dólares de aquí a 2024.

Pero el laisser-faire está muy  arraigado en Bruselas. La Unión Europea puede, en efecto, perder su único fabricante de plaquetas de silicio. La compra de la empresa alemana Siltronic por una sociedad taiwanesa está en vías de obtener luz verde por parte de las autoridades de la competencia. En el camino de la política industrial europea hay todavía demasiados obstáculos.