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Los daños colaterales de la UE

Por Yann Mens
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Septiembre 2017 / 50

Refugiados: Para frenar la llegada de refugiados, Bruselas presiona a los países del África subsahariana.

Un refugiado subsahariano en un centro de Pozzalo, al sur de Italia. FOTO: Parlamento Europeo

Si África fuera Turquía, los gobiernos europeos estarían mucho más tranquilos. Después del acuerdo sobre refugiados alcanzado en marzo de 2016 entre la Unión Europea y Ankara, que preveía concesiones financieras al gobierno de Recep Tayyip Erdogan, el número de llegadas de inmigrantes a las costas griegas y la cifra de muertos en el Mediterráneo oriental han caído, desde el máximo alcanzado en octubre de 2015. Pero no se puede decir lo mismo por lo que respecta al Mediterráneo central. 

Desde el inicio de este año, 72.000 inmigrantes ya han desembarcado en Italia procedentes de las costas del norte de África, casi todos procedentes de Libia. Suman el 27% más que durante el mismo período de 2016, y más de 2.000 de ellos han perecido durante la travesía. Las auténticas cifras son mucho más elevadas que lo que indica el número de cadáveres. Haría falta añadirles la cantidad de inmigrantes fallecidos durante su periplo, como el caso de las 44 personas que murieron de sed en junio pasado en el desierto nigeriano, cuando se estropeó su vehículo.

 

PRESIÓN PARA NIGERIA

Entre quienes inician el viaje, algunos evitan las rutas principales para escapar de las fuerzas del orden que les extorsionan, y cada vez se ven más incitados a recorrer itinerarios peligrosos. La presión es resultado de la actitud de la Unión Europea: los Estados de la UE intentan frenar los flujos lo antes posible en todos los puntos del recorrido de los inmigrantes. Se promete a los países de origen una ayuda al desarrollo para que puedan elevar el nivel de vida de los inmigrantes, cuyas motivaciones para marcharse son sobre todo económicas, y lograr que no se muevan de ahí, y aún más en los países de tránsito como Nigeria. Los posibles efectos de la ayuda al desarrollo no se dejarán sentir más que a largo plazo, y los países de la UE no cumplen por ahora con sus compromisos financieros, tomados en La Valetta en lo más duro de la crisis de 2015. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, no se olvidó de recordarlo  con motivo del Consejo Europeo del 22 y 23 junio pasado. 

Los itinerarios que hoy siguen los inmigrantes son más peligrosos

Los nigerianos figuran entre los primeros que desembarcan en Italia

En Niamey hay muchos negocios legales que sirven a la gente de paso

En mayo de 2015, la ciudad de Niamey adoptó una ley contra el tráfico de seres humanos. A partir del verano de 2016, quienes pasaban por Níger fueron encarcelados y vieron cómo sus vehículos eran confiscados. Pero la economía de Agadez, en el centro del Sáhara y uno de los lugares de tránsito de la inmigración de la región, se resiente de ello porque una parte importante de la ciudad vive de los inmigrantes que pasan por ella. Quienes ayudan a los refugiados, por supuesto, pero también quienes se dedican a una serie de actividades legales, como los comerciantes que venden alimentos y equipos a los inmigrantes para su travesía, los hoteles que los alojan y los bancos de donde retiran el dinero necesario para el viaje.

La región es desde hace mucho tiempo un punto de intersección para quienes buscan trabajo fuera de su patria, y más para los ciudadanos de la Comunidad de Estados de África Occidental (CEDEAO), que pueden desplazarse sin visado por la quincena de países miembros de la organización. Ello facilita sobre todo los movimientos de los ciudadanos de Nigeria. Los nigerianos figuran entre los primeros inmigrantes que desembarcan actualmente en las costas italianas. También es el caso de los guineanos, de los ciudadanos de Costa de Marfil, de Gambia y de Senegal, igualmente numerosos en esos flujos. 

La gran mayoría de inmigrantes que transitan por el Sahara no tiene, sin embargo, la intención de alcanzar Europa, sino más bien la de ir a trabajar a otro país del mismo continente africano1. Es un proyecto complicado debido a la anarquía que reina en Libia, uno de los destinos favoritos de los habitantes del África subsahariana, cuyas migraciones son a menudo estacionales. 

Los responsables europeos son conscientes de los efectos potencialmente desestabilizadores que su presión contra los flujos migratorios tiene para las economías subsaharianas. Pero la ayuda que los europeos ponen en la balanza para compensar dichos impactos negativos es incierta y, en todo caso, de poco peso para transformar la economía local. Ésta es gestionada por las autoridades que tienen tendencia a controlarla y, en algunos casos, tiene vínculos con las redes de traficantes de personas.

 

COLABORACIÓN CON LIBIA

En Libia, etapa siguiente del recorrido de los inmigrantes, la influencia de la UE aún es más difícil de materializarse en la práctica. Dos gobiernos se disputan el país, apoyándose en grupos locales armados, sin llegar a dominarlos. Al sur del país, en la frontera con Nigeria, son sobre todo las milicias de la etnia tubu las que controlan el paso, y algunos de sus miembros son actores del tráfico. En otras zonas, son sobre todo los tuaregs. Se trata de toda una cadena de  redes sucesivas media entre los inmigrantes que están en Nigeria y en las orillas del Mediterráneo. O en todo caso, una parte de ellos queda retenida en centros de detención que a veces son oficiales y otras no lo son, en condiciones con frecuencia atroces. Allí son maltratados, obligados a realizar trabajos forzados y convertidos en esclavos sexuales. 

Este año han llegado un 27% más de personas desde el norte de África

Muchos migrantes que transitan por el Sahara buscan un empleo allí

Algunos carceleros llegan a pedir rescate a las familias de los inmigrantes, que se quedaron en su país de origen, a quienes les hacen llegar escenas de maltrato por la vía de las redes sociales.
En este contexto, la Unión Europea prometió en abril pasado una ayuda de 90 millones de euros destinada a mejorar las condiciones de acogida de los inmigrantes en este país. La ayuda, no obstante, se concentra en  la formación de guardacostas libios, como confirmó el último Consejo Europeo. El objetivo es impedir que las embarcaciones lanzadas al mar por los traficantes lleguen a aguas internacionales y permitir que los inmigrantes sean conducidos vivos hasta las costas libias. En aguas internacionales, barcos militares europeos, entre otros, y también los de organizaciones no gubernamentales (ONG) se esfuerzan por salir a socorrer las barcas perdidas. Cuando lo consiguen, llevan a los inmigrantes hasta un puerto de Italia. 

De hecho, hoy, la mayoría de quienes desembarcan en este país lo hacen como culminación de una operación de salvamento en alta mar. Además de llevar a los inmigrantes a un país en el que no desean permanecer, la colaboración entre los gobiernos europeos y los guardacostas libios despierta inquietud entre las asociaciones que defienden los derechos humanos. 

En un informe (2), Human Rights Watch acusa a los guardacostas de haber utilizado disparos de intimidación en recientes operaciones de salvamento, que pusieron en riesgo la vida de los inmigrantes. 

Los países europeos continúan queriendo persuadir a los ciudadanos africanos, tanto a los que piden asilo como a quienes buscan sólo un trabajo, para que se queden al otro lado del Mediterráneo, y en caso de no conseguirlo por las buenas, obligarlos a ello.

Se trata de una política corta de vista. El incremento de más de un 25% de las llegadas a Italia desde principios de este año demuestra hasta qué punto esta política choca cada día contra la determinación de los inmigrantes. 

(1). Turning the Tide. The Politics of Irregular Migration in the Sahel and Libya, por Fransje Molenaar y Floor El Kamouni-Janssen, Clingendael Institute, febrero de 2017. Véase  sobre todo la página 16, accesible en www.clingendael.nl/sites/default/files/turning_the_tide.pdf

(2). UE: déléguer à la Libye la responsabilité des sauvetages en mer met des vies en danger, HRW, 19 de junio de 2017, accesible en http://lc.cx/qoWV

 

PARA SABER MÁS

The Niger-Libya Corridor. Smuggler’s Perspectives, por Peter Tinti y Tom Wescott, Institute for Security Studies & The Global Iniciative against Organised Crime, noviembre de 2016. Accesible en http://issafrica.s3.amazonaws.com/site/uploads/paper299--2.pdf

Don’t Close Borders, Manage them, por Mattia  Toaldo, European Council on Foreign Relations, junio 2017, accesible en http://lc.cx/qomX

 

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