Proyecto social // El grueso de la tarta, para los músicos

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  • Kiko Veneno, durante una actuación.
    Festival voces

    Nace Justifay, una plataforma alternativa que busca un reparto equitativo de los ingresos del negocio digital.

    En España, más de 10 millones de personas utilizan plataformas digitales para escuchar música en streaming, con Spotify como actor dominante del mercado. Una tercera parte paga por el servicio. Pero el negocio de las plataformas —el valor de Spotify se ha duplicado entre marzo de 2020 y marzo de este año, durante la pandemia— contrasta con la porción insignificante de la tarta que se deja a la gran mayoría de artistas y bandas. Y la foto de esta evidencia se ha hecho más clara con el frenazo de los conciertos en directo como vía de ingresos.

    Artistas con proyección como el grupo Rufus T. Firefly, de Aranjuez (Madrid), han puesto números a su realidad, al confesar por Twitter que cobran 80 euros al mes tras haber logrado ocho millones de reproducciones, una vez restado el porcentaje de la distribuidora. Son muchos los músicos que han expresado su rechazo a este reparto, como Kiko Veneno.

    Las plataformas intermediarias fijan cuánto y cómo se reparte el dinero, y la transparencia de los grandes contratos no es su fuerte. Con este panorama, Fran Gascón, Iván Martínez, Natxo Tamarit y Manuel Ballesteros impulsan desde Valencia un proyecto alternativo de plataforma, bautizada como Justifay, cuyo objetivo es un reparto justo de los ingresos del mercado digital, básicamente royalties por explotación comercial y derechos de autoría.

    Este proyecto sigue el modelo cooperativo y está abierto a personas físicas autoras, intérpretes y cualquier otra que tenga algún derecho sobre obras alojadas en ella. La idea es repartir entre bandas y artistas todos los ingresos que generen las reproducciones de música, una vez descontado el coste operativo de la plataforma. 

    Conversión por convicción

    Justifay se financia, principalmente, con suscripciones mensuales de pago, con la publicidad como segunda vía. Según sus impulsores, la filosofía del reparto justo convertirá los servicios premium  a una proporción mayor (el 50% frente al 33% de las plataformas convencionales) de personas usuarias. El plan de negocio de Justifay prevé alcanzar en dos años los tres millones de personas usuarias activas,  la mitad abonadas de pago.

    El equilibrio financiero del negocio se alcanza con 10.000 personas usuarias de pago y, a partir de este punto, todo el dinero que entre va a los músicos.  La clave redistributiva de la plataforma reside en el hecho de que  la cooperativa no necesita generar un beneficio empresarial.

    Frente a los contratos opacos, Justifay incluye, por otra parte, un sistema de información en tiempo real que permita a los artistas conocer los datos de reproducción de sus obras y comprobar si casan con los pagos realizados a las sociedades de gestión colectiva.

    El proyecto incluye un sistema de información en tiempo real de la reproducción de canciones y de los pagos

    En aras de la transparencia y del reparto equitativo, se introduce una unidad de referencia, el justi, cuyo cálculo impide que haya bandas o artistas que cobren un valor por reproducción diferente al marcado para el conjunto de obras de la plataforma, para corregir un sistema de reparto actual muy polarizado. Las plataformas al uso pagan por reproducción de más de 30 segundos, con una unidad de reparto distinta para cada banda.

    En el cálculo del justi se tienen en cuenta el total de reproducciones, la cantidad de personas seguidoras de pago únicas, el tiempo de reproducción de las canciones y el sistema de promoción.

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