Al rescate del cine de siempre

  • Los vecinos salvaron del cierre hace cinco años los cines Zoco Majadahonda, convertidos hoy en referente cultural del oeste de Madrid.

    David Trueba y Lucía Jiménez conversan con los espectadores. FOTO: CINES ZOCO MAJADAHONDA

    Como cada jueves por la tarde, un puñado de aficionados acude a los cines Zoco Majadahonda, en las afueras de Madrid, para ver una película y conversar después con sus creadores. En esta ocasión el director David Trueba y la actriz Lucía Jiménez han venido a presentar su última película, Casi 40, secuela de la celebrada ópera prima del cineasta, La buena vida. La sala está llena y el coloquio se prolonga más allá de las once de la noche. Buena parte de los presentes no son meros espectadores, sino miembros de un colectivo ciudadano que hace cinco años salvó los cines del cierre.

    Los Zoco Majadahonda dejaron de proyectar películas en abril de 2013, con España en plena crisis económica. Pertenecían a la cadena Renoir, propiedad del productor y distribuidor Enrique González Macho (entonces presidente de la Academia de Cine), que decidió cerrar varias salas por falta de rentabilidad. Una veintena de vecinos, clientes asiduos de los cines, recogieron firmas para convencer al empresario de que diera marcha atrás en su decisión, pero fracasaron en el intento. No se rindieron y en su lugar optaron por formar una asociación sin ánimo de lucro para hacerse cargo de los cines. Las proyecciones se reanudaron en diciembre de ese mismo año. 

    Uno de aquellos vecinos es el economista Gabriel Rodríguez, que hoy preside la asociación y se encarga de llevar las cuentas. Rodríguez explica que los Zoco son fundamentalmente un cine de barrio al que acuden personas que siguen disfrutando de una película en pantalla grande. Son en su mayoría residentes en Majadahonda, Las Rozas y Pozuelo de Alarcón, tres municipios de alto poder adquisitivo ubicados al oeste de la capital. “Sobrevivimos gracias al público local”, afirma.

    En su momento álgido, un año después de su nacimiento, la asociación llegó a contar con 1.500 miembros. Hoy quedan alrededor de un millar, el número justo para mantener vivo el proyecto. Los socios pagan una cuota de 100 euros al año y a cambio disfrutan de un descuento en la taquilla. Pagan 3 o 4 euros por la entrada, dependiendo de si es un día de diario o de fin de semana, mientras que los no socios abonan entre 6 y 7 euros, un precio bastante inferior al de las salas de cine convencionales.

    CUATRO SALAS

    Sin las aportaciones de los socios sería imposible que los cines funcionaran, explica Gabriel Rodríguez, pues la asistencia media a sus cuatro salas apenas ronda el 15% del aforo. La asociación no tiene apoyo financiero alguno del Ayuntamiento de Majadahonda, de la Comunidad de Madrid ni del Gobierno central. Únicamente cuenta con una subvención de la Comisión Europea a través de Europe Cinemas, entidad que agrupa a exhibidores que proyectan prioritariamente cine europeo en sus salas.

    Las aportaciones de los socios mantienen los cines abiertos

    El contacto directo con los creadores es su gran seña de identidad

    Las películas de autor europeas y españolas son la prioridad

    En los Zoco Majadahonda trabajan actualmente ocho personas, algunos a jornada completa y otros a jornada parcial. Un puñado de colaboradores participa en el proyecto desde su fundación y otros profesionales externos, a su vez miembros de la asociación, prestan servicios por debajo del precio de mercado. También hay voluntarios que ayudan de forma altruista.

    Con unos ingresos anuales que rondan los 500.000 euros, la asociación logró un beneficio cercano a los 12.000 euros en 2017. En sus cinco años de vida ha invertido unos 200.000 euros en mantener las instalaciones y modernizar el material para garantizar la calidad de las proyecciones. “Nuestro objetivo es que todo el beneficio se destine a mejorar la experiencia cinematográfica”, subraya Rodríguez.

    El contacto directo entre espectadores y creadores es la principal seña de identidad de los cines. Pedro Almodóvar, Icíar Bollaín, Imanol Uribe, Paula Ortiz, Javier Fesser, Fernando Colomo, Gracia Querejeta, Borja Cobeaga y Agustín Díaz Yanes son algunos de los directores que han pasado por allí. También han visitado los Zoco actores como Javier Gutiérrez, Marta Beláustegui, Pedro Casablanc, Rossy de Palma, Bruna Cusi y otros no tan conocidos. Encantados con la experiencia, muchos repiten. 

    Los encuentros de los jueves se han convertido en un fenómeno cultural muy apreciado por la gente de la industria cinematográfica y son seguidos muy de cerca por aficionados y profesionales más allá de la zona oeste de Madrid. Ni la Filmoteca Española, sostiene Rodríguez, tiene una programación de coloquios de este nivel. “Son auténticas clases magistrales de cine español”, afirma. 

    Quedan pocos directores españoles por venir a Majadahonda. Rodríguez menciona tres: José Antonio Bayona, Álex de la Iglesia y Alejandro Amenábar, que por problemas de agenda o por residir la mayor parte del año fuera de España no han podido asistir. Carlos Saura tuvo que cancelar una visita, pero ha prometido asistir este otoño. Rodríguez asegura que él y buena parte del público disfrutan con los artistas menos conocidos tanto o más que con las grandes estrellas. En cinco años no ha habido un solo jueves sin charla con autores, salvo en el mes de agosto. 

    Los Zoco Majadahonda están especializados en cine español y europeo de autor. Son  “películas  con cierto rigor cultural, no de consumo fácil”, en palabras de Rodríguez, aunque de vez en cuando también ofrecen producciones estadounidenses de calidad. “Cuando se nos ha ocurrido poner un cine más comercial ha sido un fracaso de taquilla”, apunta el presidente de la asociación.

     

    EXPERIENCIAS SIMILARES 

    La mayor parte del público rebasa los 50 años de edad. Es gente que creció yendo al cine y que se resiste a prescindir de una de sus aficiones favoritas. No es fácil atraer a los jóvenes, que en su mayoría prefiere ver películas o series en sus dispositivos móviles a través de plataformas como Netflix, HBO o Filmin. Los Zoco lo han intentado con precios reducidos y hasta con sesiones gratuitas, pero no ha habido manera.

    Gestionado también por aficionados al séptimo arte, CineCiutat de Palma de Mallorca sirvió de inspiración a los vecinos de Majadahonda a la hora de emprender la aventura, y sus respectivos responsables intercambian información con asiduidad. Hay experiencias similares en otras ciudades, como Barcelona, donde el mismo año que los Zoco nació Zumzeig, que presume de ser el primer cine cooperativo de Cataluña. 

    La existencia de estas iniciativas demuestra que salvar los cines está, más que nunca, en manos de los espectadores. “El modelo es perfectamente replicable en otras ciudades”, afirma Rodríguez. “Lo fundamental es contar con la implicación vecinal”. 

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