El regreso de la inflación

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    Los precios suben a medida que la actividad económica se recupera de la pandemia. ¿Hay motivos para inquietarse?

    Hacía cuatro años y medio que la inflación no alcanzaba niveles tan altos. La subida del petróleo, la escasez de determinados componentes industriales y los cuellos de botella en las cadenas de suministro — todo ello consecuencia de la pandemia— están presionando al alza los precios de muchos productos en buena parte del mundo. En España hay que sumar otro factor a la ecuación: los costes de la electricidad, que marcaron un récord historico en agosto y son los que más están contribuyendo  al rebrote inflacionario.

    El Índice de Precios de Consumo (IPC) subió en julio pasado en España por quinto mes consecutivo y alcanzó una tasa interanual del 2,9%, desconocida desde febrero de 2017. Los dos componentes del índice que más avanzaron entre julio de 2020 y el mismo mes de este año fueron los productos energéticos (20,7%) y los carburantes y combustibles (17,9%), ambos muy por encima de los demás. Según cálculos del Banco de España, solo el encarecimiento de la electricidad es responsable de una tercera parte del aumento de la tasa interanual del IPC. 

    ¿Episodio coyuntural?

    Quienes restan importancia al alza de los precios argumentan que estamos ante un episodio coyuntural y que las aguas regresarán a su cauce una vez se moderen las altas tasas de crecimiento económico postcovid. Hacen hincapié en que la inflación subyacente, en cuyo cálculo se excluyen los alimentos frescos y la energía, es más de dos puntos porcentuales inferior a la tasa general. Sin embargo, el IPC subyacente experimentó un fuerte repunte interanual del 0,6% en julio, comparado con el 0,2% registrado en mayo y junio. 

    Los más pesimistas advierten de que el incremento de los costes energéticos puede acabar repercutiendo en los demás sectores económicos, desde el transporte y la industria a la hostelería, la vivienda y la agricultura, que a su vez podrían traspasar la subida de precios a los consumidores. Todo ello en un contexto de fuerte crecimiento estimulado por la lluvia de millones procedente de Bruselas. 

    Una prolongación en el tiempo del repunte inflacionario incrementaría la presión sobre los bancos centrales para frenar los estímulos a la actividad y subir los tipos de interés, lo que traería consigo un aumento de los costes de financiación para empresas y particulares y un posible enfriamiento de la economía. Por ahora, sin embargo, ni la reserva Federal de EE UU ni el Banco Central Europeo (BCE) dan muestras de preocupación y garantizan que actuarán coordinadamente si finalmente las presiones inflacionistas resultan ser más que temporales. Los expertos no esperan que la Fed suba el precio del dinero, como mínimo, hasta finales del año que viene, y la presidenta del BCE, Christine Lagarde, dejó claro antes de las vacacio que losincentivos seguirán a disposición del mercado mientras los precios no superen el 2% de manera sostenida. 

    El BCE asegura estar dispuesto a sostener su programa de compras de bonos y a mantener las tasas de interés en mínimos históricos para garantizar el crédito barato a Estados, empresas y hogares mientras la economía se recupera de la pandemia. Precisamente la entidad con sede en Fráncfort cambió a finales de julio su objetivo de inflación: de un nivel “cercano pero inferior al 2%” se ha pasado a un 2% más flexible. La tasa interanual de inflación de la Eurozona subió hasta el 2,2% en julio pasado, su nivel más alto en casi tres años.

    El gas, por las nubes

    En España, la contención de los precios de la electricidad es clave para moderar la tasa de inflación. Y es que en los ocho primeros meses de este año los precios  de la electricidad en el mercado mayorista se han duplicado. En un informe publicado en agosto, el Banco de España apuntaba que una parte significativa de este aumento —alrededor del 20%— vendría explicado por el encarecimiento de los derechos de emisión de CO2, que repercute directamente en los costes de generación de energía eléctrica con combustibles fósiles. No obstante, puntualiza la entidad, la mayor parte del incremento —aproximadamente la mitad— provendría del aumento de los precios del gas, materia prima empleada por las centrales de ciclo combinado. 

    La evolución de los precios mayoristas de la electricidad en otros mercados europeos ha sido similar a la del caso español, pero  su contribución a la inflación de las principales economías la Eurozona ha sido muy inferior a la española. “Las discrepancias en los sistemas de fijación de precios minoristas de la electricidad podrían estar detrás de las diferencias”, señala el informe del Banco de España. 

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