Riesgo elevado de deflación en España

  • Por (Expresidente de la Sociedad Pública de Alquiler)
    Diciembre 2013

    Doctor en Ciencias Económicas y consejero delegado de Inurrieta Consultoría Integral 

    La caída de precios por un descenso de la actividad retrae el consumo, así que desaparece la presión sobre precios y salarios.

    La economía española atraviesa por una de las peores etapas desde el restablecimiento de la democracia. Las principales magnitudes (el PIB, el empleo, la tasa de paro, el consumo, los salarios, la inversión pública y privada y el crédito) reflejan un nivel de producción prácticamente estancado, ahogado en un volumen de deuda pública y privada que será prácticamente imposible repagar en su totalidad.

    En este contexto de recesión de balances, concepto que define una dinámica de desapalancamiento generalizado por parte de los agentes privados, la política fiscal, monetaria, presupuestaria y de rentas llevada a cabo bajo el dictado de la Comisión Europea, con la implacable vigilancia de Berlín, nos acerca al estancamiento y la deflación.

    La deflación se define como una caída generalizada de precios en una economía durante un período de tiempo prolongado debido a un descenso brusco de la actividad, lo cual comporta un retraimiento del consumo, por lo que desaparecen las presiones sobre precios y salarios. Este fenómeno siempre va acompañado por períodos de bajos tipos de interés, desempleo elevado y niveles de endeudamiento sobre el PIB muy abultados. Todo ello, mezclado, genera fases de estancamiento económico prolongado, como ha tenido Japón durante más de una década.

    La coyuntura europea, pero especialmente la española, es propicia a la japonización de algunas economías. Por un lado, la política fiscal restrictiva en un contexto recesivo sin reestructuración de deuda, solo provoca aumento del desempleo y fuertes caídas de la actividad. Esta política fiscal restrictiva defiende la consolidación fiscal como única vía para salir de la recesión, inyectando masa monetaria al sistema, pero restringiendo salarios y rentas, lo cual desemboca en retrocesos de consumo e inversión permanentes. Las cifras en España son claras.

    Desde 2008, el PIB ha caído más del 7%, los salarios más del 10%, y la pérdida mediana de poder adquisitivo de trabajadores y pensionistas se ha elevado al 25%. La inversión pública se ha dejado más del 25% desde el inicio de la crisis, y la privada supera el 40%, que sin duda es una clara señal de la inactividad de los agentes económicos, tanto públicos como privados.

    La consecuencia financiera de este brusco ajuste es que la demanda de crédito se ha desplomado y decrece a un ritmo del 10% anual en 2013. Si analizamos el índice de vulnerabilidad a la deflación del Fondo Monetario Internacional (FMI), España presenta un riesgo elevado, cuantificado en 0,56.
    La actitud de la autoridad monetaria europea ha sido muy lenta y alejada de lo que finalmente han hecho otros bancos centrales, como la Fed de EE UU y el Banco Central japonés. La inyección masiva de liquidez a un sistema financiero enfermo, como es el español, únicamente ha permitido estabilizar los balances y posibilitar la compra de deuda pública soberana, sin que dicha liquidez haya fluido hacia los sectores productivos.

    De abril a octubre los precios han caído 1,4 puntos

    Con deflación, se tarda más en activar el crédito

    Los resultados de esta política se dejan notar en las cifras de inflación de una gran parte de países de la UE, algunos en tasas negativas cercanas al 2%. En agregado, la inflación armonizada en octubre se ha situado en el 0,8%, con una variabilidad elevada, yendo desde el 2,2% en Reino Unido al -1,9% en Grecia. En el caso español, conviene analizar la evolución de la inflación con el nuevo índice que ha publicado el Instituto Nacional de Estadística (INE), que elimina los efectos de las variaciones de impuestos, que suponen saltos e impulsos deterministas que no se corresponden con la evolución económica.

    De acuerdo con este índice, desde abril la economía española pudo haber entrado en una senda de caída de precios, aunque alternando meses con repuntes concretos. En agregado, desde el mes de abril hasta octubre el descenso acumulado de los precios alcanza 1,4 puntos porcentuales. Esto se puede analizar en el gráfico de esta página: los efectos más perniciosos de este proceso deflacionista son la inhibición del consumo, ya que los consumidores creen que los precios podrían caer todavía más. También reduce el valor de los activos que soportan el endeudamiento, por lo que el esfuerzo para su repago es superior. Los bancos más dañados en el proceso retardan mucho más la reactivación del crédito, hecho que sin duda mantendrán en esta fase de estancamiento.

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