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Señales de estabilización

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Febrero 2020 / 77

El nuevo Gobierno arranca en un entorno económico algo más favorable que el del año pasado. Especialmente positivas son las señales de reactivación en la eurozona y los últimos datos de creación de empleo.

Tras un prolongado periodo de estancamiento, la economía de la zona euro comienza a dar tímidas señales de recuperación. La moderación de las tensiones comerciales entre EE UU y China y la cuasi certeza de que Reino Unido no abandonará a las bravas la Unión Europea han despejado el miedo de los agentes económicos a la recesión, transformando el desánimo reinante durante el pasado ejercicio en un moderado optimismo ante el año que comienza.

En este contexto, la actividad económica de la Eurozona se intensificó más de lo esperado en diciembre y las expectativas de negocio de las empresas alcanzaron su nivel más alto desde mayo, según el índice europeo de gestores de compras de IHS Markit. A pesar del bache que atraviesa la actividad industrial, la tasa de paro de la zona euro acaricia mínimos históricos y el sector servicios da muestras de gran dinamismo. 

Son buenas noticias para la economía española, cuya salud depende en buena medida de sus principales socios comerciales, teniendo en cuenta que dos terceras partes de las exportaciones tienen como destino países de la eurozona. La vicepresidenta del Gobierno y ministra de Economía, Nadia Calviño, confirmó a finales de enero que tras una marcada ralentización de la actividad durante el verano —a causa, principalmente, de las incertidumbres sobre el brexit— la economía española registró en otoño una “cierta estabilización e incluso una moderada aceleración del crecimiento” que permitió cerrar el año con un avance del 2% del producto interior bruto (PIB).

Los datos de las principales organismos internacionales coinciden en que la economía española continuará en la senda de suave ralentización  emprendida hace cuatro años y que seguirá creciendo más que los grandes países de la eurozona. El Fondo Monetario Internacional (FMI), que actualizó en enero sus previsiones macroeconómicas, pronostica que  el PIB español avanzará un 1,6% tanto en 2020 como en 2021. 

Los cálculos del FMI apuntan a una ligera reactivación de la actividad en la zona euro, con crecimientos del 1,3% en 2020 y del 1,4% en 2021 tras el 1,2% el año pasado. Especialmente halagüeña para España es la mejoría de las perspectivas de Alemania, que está dejando atrás un año 2019 en el que rozó la recesión. Aunque su industria automovilística no atraviesa su mejor momento, los inversores han recuperado la confianza en la primera economía del euro, como lo demuestra el máximo alcanzado por el DAX, principal índice de la Bolsa de Fráncfort. La mejora del clima económico en Europa debería ayudar al Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos a afrontar los grandes retos que tiene por delante la economía española, entre ellos la reducción del desempleo, el recorte del déficit y de la deuda pública y la disminución de las desigualdades de renta. Los buenos resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA) del último trimestre de 2019, con 92.600 nuevos puestos de trabajo, puede ser un buen augurio.

A pesar de que el Banco Central Europeo (BCE) insiste en que la economía europea tiene por delante importantes riesgos, su nueva presidenta, Christine Lagarde, confirmó a mediados de enero que la actividad está mejorando gracias, principalmente, a la tregua en la guerra comercial China. EEUU. La entidad mantiene su plan de estímulos a la actividad con los tipos de interés a cero y la compra masiva de deuda soberana.

Después de un mal año para la economía mundial, que creció en 2019 a su ritmo más bajo desde 2008, las previsiones del FMI apuntan a que la actividad global acelerará el paso en 2020 y 2021. Y tras un exiguo avance del 1% el año pasado, vaticina que los intercambios comerciales van a recuperarse este año (2,9%) y el que viene (3,7%). Queda por ver el efecto del brote de coronavirus en la  economía China, que lleva años dando señales de menor dinamismo. Para el FMI, los grandes riesgos con vistas al nuevo año son el agravamiento de las tensiones geopolíticas, particularmente entre EEUU e Irán, el aumento del malestar social y el empeoramiento de las relaciones entre Washington y sus socios comerciales.