Barcelona y Madrid: decadencia y auge // Crónica de un ‘sorpasso’

  • CIUDADES: Barcelona, sostiene el autor, ha perdido su hegemonía en materia económica y cultural en favor de Madrid.

    Barcelona y Madrid: decadencia 
    y auge.
    J. M. Martí Font
    ED Libros, 2019
    111 páginas 
    Precio: 20 €

    El autor de La España de las Ciudades regresa con un nuevo ensayo de tesis contundente: Madrid, convertida en una gran metrópoli, está dejando atrás a Barcelona en dos de las categorías en las que la capital  de Cataluña ha sido siempre indiscutiblemente superior: la economía y la cultura. 

    En su nuevo trabajo, de apenas 111 páginas, el periodista J.  M.  Martí Font recuerda que desde el final de la Guerra Civil y hasta finales del  siglo XX, Madrid ejerció el poder político en exclusiva, cediendo a Barcelona la hegemonía económica y cultural de España. Mientras que Barcelona entró en la modernidad en los años finales de la dictadura, Madrid seguía siendo la capital de un régimen gris y decadente. 

    La situación cambió en la década de 1980, cuando ambas ciudades comenzaron a competir por la preeminencia cultural y económica tras la llegada de los socialistas al poder, coincidiendo con el ingreso de España en las instituciones europeas. Madrid fue la gran beneficiada de la liberalización económica de la época de José María Aznar, incluyendo la privatización de empresas públicas como Telefónica, Endesa y Repsol. La ciudad se convirtió entonces en la puerta europea hacia Latinoamérica y en sede de grandes multinacionales y bancos de inversión. Fue la época de la construcción de grandes infraestructuras (autopistas, aeropuertos, tren de alta velocidad, etc.) que también se hicieron pensando, sobre todo, en la capital. 

    Martí Font afirma, sin embargo, que la idea de que Madrid es lo que es gracias a su condición de capital y a las numerosas ayudas del Estado es “simplista” y no se corresponde con la realidad. Al repartir responsabilidades del sorpasso madrileño, el autor apunta al catalanismo conservador, que no supo entender que “Barcelona obedece más a la dinámica de capital económica e industrial de un país de 50 millones de habitantes que de capital política de un área geográfica de siete millones”. 

    El proceso independentista no ha hecho más que empeorar las cosas, sostiene Martí Font, quien opina que por su culpa Barcelona ha perdido oportunidades para situarse “en el mapa global de las ciudades”. En términos psicoanalíticos, el apoyo de una parte importante de las élites económicas barcelonesas ante el procés podría explicarse en función “del amargo sentimiento que provocó constatar la pérdida de hegemonía económica respecto a Madrid”. 

    En el plano cultural, Martí Font afirma que Barcelona es hoy una ciudad “de segunda línea” en cuanto a museos e instituciones culturales, en contraste con los magníficos museos madrileños. El autor concluye con un triste augurio: es muy probable que en los próximos años Barcelona deje de ser la capital del mundo editorial en español, cuando no hace mucho producía el 70% de los libros en lengua castellana. 

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