Córcega nacionalista

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Febrero 2018

    OLVIDO: Alternatives Économiques mostró su satisfacción por la aprobación de la ley sobre los indicadores de riqueza complementarios del PIB dedicándole un dossier en otoño de 2015. Esta ley, denominada “ley Sas” por el diputado ecologista que la redactó en origen, parte de la constatación de que no basta con medir la evolución del PIB para enterarnos de los progresos de nuestra sociedad si, paralelamente al crecimiento de este indicador, nuestro medioambiente de destruye y nuestro bienestar se degrada. Es una idea popularizada por la comisión Stitgliz-Sen, reunida hace diez años, y por trabajos anteriores de Jean Gadrey, Florence Jany-Catrice y Dominique Méda. La ley Sas impone, pues, al gobierno seguir la evolución de un panel de indicadores de desarrollo sostenible, calidad de vida y desigualdades, para medir los efectos de las políticas públicas pasadas y futuras sobre los ámbitos medioambiental y social.

    Este control debe concretarse en la publicación anual de un informe, al margen de la presentación del presupuesto, en el que se analice el impacto pasado y futuro de las políticas públicas. Pero el Gobierno de Édouard Philippe ha “olvidado” publicar dicho informe en 2017. Es un síntoma muy negativo para quienes esperan que nuestros dirigentes sitúen en el centro de su acción la respuesta a las necesidades medioambientales. Emmanuel Macron recordó con insistencia, en su discurso ante la One Planet Summit reunida a iniciativa suya en París a comienzos de diciembre, que ha llegado la hora de reaccionar para hacer nuestro modelo de actividad sostenible. No lo logrará rompiendo el contador.

    CÓRCEGA: La isla va a estar dirigida por la coalición dirigida por Gilles Simeoni, que reúne a autonomistas y nacionalistas. Esta victoria electoral pasa la página de una isla en la que las élites locales, con relaciones con frecuencia sospechosas, reproducen su poder practicando un clientelismo de otra época, distribuyendo cargos y subsidios, y con el apoyo de una metrópoli que afirma en voz bien alta la unidad de la República sin garantizar una real igualdad entre sus diferentes territorios ni respetar su especificidad. Córcega se ha convertido, así, en una tierra de emigración con una población estancada, por no decir menguante. No hay duda de que el turismo se ha desarrollado manteniendo la especulación de la tierra y el enriquecimiento rentista, pero la economía de la isla es cada vez más dependiente de un empleo público hipertrofiado, financiado por la solidaridad nacional.

    La isla se ha convertido en una tierra de emigración con una población estancada

    Es un mal desarrollo, que recuerda al de las Antillas francesas. Esta pesada herencia legitima una amplia parte de las reivindicaciones de los nuevos dirigentes corsos, aunque limita también radicalmente sus márgenes de maniobra. Si el nuevo escenario político va acompañado de una voluntad real de sacar a Córcega de su situación de dependencia, el Gobierno se equivocará si no la escucha.

    SEGURIDAD: Hace dos años ironicé sobre el hecho de que la única curva que François Hollande había logrado invertir era, desgraciadamente, la de la evolución del número de muertos en carretera. Esa tendencia ha continuado los últimos meses y el Gobierno de Édouard Philippe parece por fin decidido a actuar, incluso a costa de adoptar medidas de limitación de velocidad, muy impopulares aunque de eficacia probada. El primer ministro ha anunciado, en este sentido, su deseo “a título personal” de bajar la velocidad máxima de las carreteras secundarias a 80 km/h en lugar de 90. No podemos por menos que animarle a actuar en este sentido. Más de 3.000 personas pierden aún la vida cada año en las carreteras francesas y otras muchas quedan discapacitadas para el resto de su vida. Aunque se trata de una cifra cuatro veces menor que la de comienzos de los años 1980, aún es excesiva. Estos muertos no han fallecido todos en los coches, sino que también hay peatones y ciclistas, víctimas de la falta de atención de los automovilistas o de su excesiva velocidad. ¡Ánimo Édouard Philippe, invierta la curva en 2018!

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