Philippe Frémeaux

  • Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa
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    -0,02% es el tipo de interés que aceptaron, a mediados de junio, las entidades acreedoras a cambio de los títulos de deuda a 10 años del Estado francés. Debido a ello, mientras la deuda pública francesa va a rozar el 100% del PIB este año, su carga, es decir, el dinero que el Estado debe pagar cada año, va a seguir disminuyendo.

    En Francia, el nivel de abstención anunciado por las encuestas sobre las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 26 de mayo no tan solo no se cumplió, sino que la  participación aumentó en casi 8 puntos.

    La comedia del brexit ha durado ya demasiado. Es cierto, pero si tenemos en cuenta la diversidad de fuerzas que han votado a favor del brexit, así como las que se han opuesto, se entiende que a nuestros amigos del otro lado del canal de la Mancha les cueste ponerse de acuerdo.

    La movilización de centenares de miles de jóvenes en más de 100 países a favor de la lucha contra el cambio climático es un alivio, aunque no alivie el calentamiento global. Y no están solos, como demuestra el éxito que han tenido en Francia las manifestaciones a favor del clima o la campaña L’affaire du siécle (El tema del siglo), que ya ha sido firmada por más de dos millones de personas.

    El gran debate nacional francés va a generar frustración, pues, incluso dejando a un lado marco en el que se inscribe, aunque unos y otros sean escuchados, no puede satisfacer a todos dada la diversidad de ideas y lo divergentes que suelen ser los intereses.

    La enseñanza del brexit es muy clara: no se pueden tener las ventajas de la Unión si no se aceptan sus disciplinas. El chantaje del no deal practicado por Theresa May desde el principio de la negociación le ha permitido lograr un acuerdo más bien favorable.

    El movimiento de los chalecos amarillos es rico en enseñanzas. La primera está relacionada con su surgimiento. Tras haber revolucionado el amor gracias a las webs de encuentros, Internet hace que surja un movimiento social sin precedentes.

    La protección social francesa ha obedecido durante mucho tiempo a una lógica denominada bismarckiana. Los derechos estaban asociados al empleo y financiados por las cotizaciones sociales pagadas por los asalariados y los empleadores.

    Emmanuel Macron fue elegido por un modelo modernizador con el que pretendía aunar lo mejor de la izquierda y de la derecha. Macron iba a ser la unión del éxito individual con la justicia social; el fin del impuesto sobre la fortuna y del impuesto de vivienda; el matrimonio entre el liberalismo económico y el liberalismo político; el relanzamiento del crecimiento y la transición ecológica, etcétera.

    La capacidad de los consumidores para cambiar el mundo es mayor de lo que se piensa. En el terreno agroalimentario, el crecimiento de la demanda de bio es tal que Francia importa hoy muchos productos que podrían perfectamente cultivarse en el país.

    El nuevo mundo se parece cada vez más al antiguo. El distintivo de En marche era la rapidez de ejecución. Pero seguimos esperando el plan contra la pobreza, la anunciada reorganización del sistema sanitario, el plan estratégico de la SNCF, la ley Pacto y la de las movilidades… 

    Nunca se abandona la tierra natal sin una razón. Y las razones económicas son las menos determinantes, siempre que sea posible vivir dignamente. Esa es la causa de que las regiones más pobres de Europa no se hayan vaciado de habitantes a pesar de que la libre circulación es la regla.

    El proyecto de ley Pacte es  un cajón de sastre  que recoge múltiples disposiciones  que responden a las expectativas patronales: reducción de los derechos sobre las transmisiones de empresa, elevación del umbral a partir del cual una empresa debe acudir a un auditor de cuentas o supresión de la obligación de informar a los asalariados en caso de cesión que introdujo la ley Hamon sobre la economía social y solidaria (ESS).

    Al anunciar la supresión de las cotizaciones sociales fijas aplicadas a los beneficios y la participación en las pymes, Emmanuel Macron abre la puerta a un nuevo empobrecimiento de los regímenes sociales y a una mayor flexibilidad de la remuneración de los asalariados.

    El Gobierno francés piensa aumentar el control de los parados y ser más eficaz a la hora de sancionar a los que rechazan ofertas de empleo que se consideren razonables. Es necesario controlar a los parados que cobran la indemnización por desempleo para garantizarse que buscan un trabajo.

    La reforma del bachillerato y la creación de Parcoursup, la nueva plataforma francesa de admisión en la enseñanza superior, transforman profundamente el bachillerato y las condiciones de acceso a la enseñanza superior.

    El Gobierno francés pretende destinar mil millones de euros de dinero público y privado a apoyar el desarrollo de la economía social y solidaria (ESS). Denominado French Impact, ese programa pretende favorecer el cambio de escala de las empresas sociales que desarrollan iniciativas enfocadas a mejorar nuestro bienestar y a hacer que la economía sea más sostenible.

    Alternatives Économiques mostró su satisfacción por la aprobación de la ley sobre los indicadores de riqueza complementarios del PIB dedicándole un dossier en otoño de 2015.

    Se dice que, al anunciar que el objetivo de reducir a un 50% la parte nuclear de la producción eléctrica francesa se retrasa hasta después de 2025, el ministro de Transición Ecológica y Solidaria, Nicolas Hulot, ha dado muestras de realismo.

    A riesgo de provocar a todos los que consideran que la vía del referéndum es el summum de la expresión democrática, a veces pienso que optar por una respuesta binaria a problemas complejos no provoca necesariamente un debate a la altura de lo que se está ventilando, ni un resultado que responda a las expectativas de los ganadores de la consulta.

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