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España, no tan buen ejemplo

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Octubre 2015 / 29

Cero parados: En un  momento en que el número de parados de larga duración supera en Francia los 2,3 millones, la timidez de la recuperación exige medidas alternativas para lanzar el empleo. Esta es la idea que ha llevado a Laurent Grandguillaume, diputado del Partido Socialista por Côte-d’Or, a presentar el pasado 6 de junio una propuesta de ley de experimentación de “territorios cero parados de larga duración”. Apoyada por diversas asociaciones de lucha contra la exclusión, especialmente ATD Quart Monde, esta propuesta consiste en “reciclar el gasto empleado en la lucha contra la exclusión a favor de la financiación de empleos fijos”. Se trata de transferir, en un territorio dado, los gastos en ayudas complementarias a los parados de larga duración a la financiación de empleos locales que respondan a necesidades no satisfechas. El Estado recuperaría de paso el excedente de ingresos fiscales generado por esos nuevos empleos.

La idea parece tan luminosa que uno se pregunta por qué no se ha puesto en marcha aún. El problema es cómo garantizar que los empleos así subvencionados no sustituyan a otros provocando al final un efecto de peso muerto en beneficio de las empresas sin conseguir que el paro baje. Por eso, la mayoría de los grandes programas de empleos subvencionados se reservan al sector público y a las asociaciones. ¿Permitirá el control local superar esta dificultad? La respuesta, en unos meses.

Ajuste: Hoy en día se presenta a España como ejemplo de una política de ajuste exitosa. El país vuelve al crecimiento. El paro baja. Un giro debido en parte a las exportaciones y a la buena salud de la industria turística, que se beneficia de los problemas de otros destinos. La realidad es, sin embargo, menos rosa. El índice de paro sigue siendo muy superior al 20%. Y, si bien la exportación ha aumentado, la importación también lo ha hecho. Gracias a ello, el problema número uno del país no se ha resuelto: toda recuperación degrada las cuentas exteriores y España es uno de los países más endeudados del mundo. El crecimiento pasado de España va, en efecto, acompañado de un déficit exterior gigantesco y persistente, sólo soportable por las facilidades que le proporciona su pertenencia a la zona euro.

No hay por qué extrañarse de la vuelta a ese déficit exterior: bajar brutalmente el gasto interno y desregular el mercado laboral no bastan para llevar a un país a un crecimiento equilibrado. Más allá de la competitividad-coste, diversificar el tejido productivo significa desarrollar competencias, instrumentos financieros, instituciones adaptadas, etc. Y ello no se hace de un día para otro. No se puede, pues, esperar que España vuelva rápidamente a tener un crecimiento estable, un alto nivel de empleo y unas cuentas corrientes equilibradas, sobre todo cuando esa misma pertenencia al euro, al sobrevalorar el gasto interno, ha frenado el desarrollo del aparato productivo nacional. La única solución es, pues, aceptar la idea de que esta situación durará y  esforzarse en crear las condiciones que permitan salir de ella progresivamente.

El índice de paro en España sigue siendo muy superior al 20%

El PS francés presenta una nueva propuesta contra el paro

Eslabón débil: Las claras dificultades por las que pasan los criadores de cerdos y  los productores de leche ilustran a lo que han llegado hoy muchos productores agrícolas: son unos trabajadores independientes a domicilio, atenazados entre los proveedores de alimentos y los industriales. El bajo nivel actual de los precios (provocado sobre todo por el cierre de algunas zonas de venta mientras la producción aumenta en otras partes de Europa) no les permite cubrir gastos. Sobre todo si se tiene en cuenta que, en nombre de la carrera por la productividad, con frecuencia se han endeudado enormemente para adquirir las instalaciones necesarias a fin de criar más ganado a menos coste. Dejando a un lado los efectos que esa lógica tiene en el bienestar animal, la calidad de los productos y sus consecuencias sobre el medio ambiente, se constata hasta qué punto obliga a los agricultores a una huida hacia adelante sin salida.