Los anuncios en la ‘web’

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Diciembre 2015

    Bloqueador. Con raras excepciones, el modelo económico de las webs de información se basa hoy en la publicidad.  Es un modelo muy frágil debido a lo mal valorizada que está esa publicidad —Google se queda con gran parte de los ingresos— y a que su carácter intrusivo crispa con frecuencia al internauta. Éste dispone de una solución para evitar dicha molestia: los programas bloqueadores de publicidad —generalmente gratuitos—, que permiten consultar las webs predilectas evitando los anuncios intempestivos. Esa solución, que ya han adoptado centenares de millones de internautas, ha dado un vuelco a la economía de Internet provocando que las webs, víctimas de esta práctica, dejen de ganar una cantidad importante de dinero: ¿qué razón tendrían los anunciantes para seguir pagando por un mensaje que no llega a su destinatario? 

    Pero, ¿y si lo que a algunos les parece una amenaza resultara ser una buena noticia? El auge del bloqueo de publicidad puede modificar en un sentido positivo el mercado de la información online, situando al internauta ante un dilema sencillo: aceptar las publicidades si sigue queriendo entrar gratuitamente en sus webs preferidas, que, en caso contrario, desaparecerán rápidamente, o aceptar pagar la información a su precio [modelo que en España ya tiene eldiario.es].

    Reparto. El acuerdo a que se ha llegado en Francia a finales de octubre sobre las pensiones complementarias de los asalariados del sector privado no satisface realmente a nadie. La patronal ha tenido que aceptar un ligero aumento de la financiación que aporta a los regímenes Arrco (Asociación para el régimen de pensión complementaria de los asalariados, en sus siglas en francés) y Agirc (Asociación general de las instituciones de jubilación de los cuadros) y renunciar a un aplazamiento de la edad mínima a la que los trabajadores pueden hacer valer sus derechos. Los sindicatos firmantes, por su parte, han tenido que aceptar que los asalariados que se jubilen a los 62 años sufran un recorte provisional de su pensión, un castigo del que se librarán, sin embargo, las pensiones más bajas. No obstante, el acuerdo desmiente a todos los que, como el periodista económico Dominique Seux en radio France Inter, ironizaban sobre el incierto futuro del sistema de reparto de las pensiones. Argumentos que  benefician sobre todo a los vendedores de productos de ahorro y de seguros de vejez. 

    Este acuerdo demuestra que el reparto funciona y la capacidad de conciliar la perpetuidad del sistema y su adaptación a las circunstancias. Incluso si esta reforma no hubiera llegado a buen fin, las cajas de pensiones no habrían quebrado hasta 2020. Sólo habrían agotado las reservas que han permitido pagar estos años unas pensiones de un montante global ligeramente superior a los ingresos por cotizaciones. En ese momento sería simplemente necesario ajustar a la baja las pensiones  para acomodarlas al volumen de las cotizaciones percibidas en ese año. El acuerdo va a evitar esa posibilidad al suavizar la evolución. En la práctica, el reparto sigue siendo el más seguro de los sistemas de jubilación.

    Gran diferencia La diversidad de las alianzas a que han llegado los ecologistas en vísperas de las elecciones regionales demuestra, más allá de los cálculos electorales, su dificultad a la hora de mantener un discurso propio en el plano económico. En efecto, aún sienten con demasiada frecuencia la necesidad de posicionarse en ese eje que, desde hace más de un siglo, opone a la izquierda de la izquierda, anticapitalista, y a la izquierda reformista que asume gestionar el sistema modificándolo sin cambiar lo esencial. Sin embargo, esperábamos de la ecología política que se situara en otra dimensión.

    Frente a la izquierda de la izquierda, debería tener un pensamiento menos productivista, menos estatalista, más abierto a Europa y a las regiones. Frente a la izquierda reformista, debería afirmar más contundentemente que no es razonable esperar la solución al problema del empleo de una ilusoria vuelta a un crecimiento fuerte y estable. Una perspectiva que no es posible ni deseable. También debería insistir en la necesidad de luchar contra todas las desigualdades, pues la necesaria transición ecológica no va a ser aceptada si no se acompaña de más justicia.     

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