Más recursos para educar

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Noviembre 2015

    Universidad En un momento en el que Francia se plantea la posibilidad de aumentar los derechos de inscripción en la universidad con el fin de mejorar su financiación, Estados Unidos nos muestra los límites del modelo liberal en la enseñanza superior. El elevado coste de los estudios universitarios al otro lado del Atlántico obliga a los estudiantes a endeudarse cada vez más. Los préstamos estudiantiles se acercan ya a 1,2 billones de dólares. Pero los salarios de los jóvenes diplomados no aumentan en paralelo a las tasas universitarias, por lo que un número creciente de ellos no logra pagar los plazos de su deuda. En resumen, cursar estudios superiores es cada vez menos rentable. Hasta ahora, las universidades estadounidenses habían logrado aumentar su liquidez haciendo pagar cada vez más a los estudiantes. Con ello se ha dispensado una enseñanza reconocida globalmente por su calidad y también se ofrecen sueldos muy —¿demasiado?— elevados a los docentes, mucho mejor pagados que en Francia.

    A la inversa, la universidad francesa paga mal a los docentes (que, en contrapartida, disfrutan de mayor libertad) y pide poco dinero a los estudiantes. En efecto, a cambio de su... dinero, reciben una dedicación insuficiente, especialmente a nivel de la licenciatura. Salir de esta situación significa lograr más medios. Falta por saber quién debe pagar.

    Fassenheim Al anunciar que la central de Fassenheim cerraría cuando el reactor EPR de Flamanville esté en funcionamiento, Ségolène Royal, la ministra de Medio ambiente, ha provocado una bronca con los ecologistas. El cierre de la central alsaciana antes de 2017 es parte de las promesas electorales de François Hollande. Visto lo retrasada que va la obra del EPR normando, como mucho entrará en funcionamiento en 2018 siempre y cuando se determine que su tanque es apto para el servicio, lo cual no es nada seguro. 

    En realidad, el caso Fessenheim es un símbolo real  y un falso problema. Un símbolo real porque la central, una de las más antiguas y construida en una zona de riesgo sísmico, es sin duda una de las primeras que hay que cerrar. Un falso problema porque el Gobierno pretende, a la vez, prolongar la vida de otras centrales mediante una serie de inversiones que tardan en hacerse. Además, ¿por qué haber gastado más de 9.000 millones de euros en construir un primer EPR si no es para reproducirlo a continuación a menor coste? La única esperanza de los que se oponen a la energía nuclear es ver que la lógica económica pone trabas al lobby nuclear francés: dejando a un lado los riesgos inherentes a este tipo de energía, el kWh nuclear está demostrando ser cada vez menos competitivo.

    Macron A riesgo de contrariar a algunos lectores, a veces pienso que las críticas que la izquierda hace a Emmanuel Macron, el ministro de Economía, tienen algo de arcaicas. Este joven tecnócrata, sin experiencia política, dice a veces en voz alta lo que otros confiesan en off  mientras se lamentan de su impotencia para poner en marcha las reformas necesarias. Es el caso de sus recientes declaraciones sobre el estatuto de los funcionarios. Se puede estar vinculados a un servicio público de alto nivel y considerar, precisamente por ello, que las garantías que ofrece su estatuto no están siempre justificadas por el interés de dicho servicio. 

    Cursar hoy estudios superiores en EE UU es menos rentable

    El kWh nuclear está demostrando ser cada vez menos competitivo

    Lo que es mucho más molesto del ministro Emmanuel Macron es que su modernidad va acompañada de la convicción de que la economía es un fin en sí misma, hasta el punto de acabar olvidando su finalidad principal: servir al bienestar individual y colectivo.

    Ironizar sobre esa izquierda que pensaba que se podía vivir mejor trabajando menos tiempo, como ha hecho recientemente, es borrar un siglo y medio de combate por la jornada de ocho horas, el descanso semanal, las vacaciones pagadas, la semana de cuarenta horas y luego de treinta y cinco. En resumen, todo lo que ha permitido al asalariado distinguirse de la esclavitud.

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