Reflexiones eléctricas

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Enero 2018
    REALISMO: Se dice que, al anunciar que el objetivo de reducir a un 50% la parte nuclear de la producción eléctrica francesa se retrasa hasta después de 2025, el ministro de Transición Ecológica y Solidaria, Nicolas Hulot, ha dado muestras de realismo. Dicho objetivo, enunciado por el ex presidente François Hollande en 2012, se confirmó en la ley de transición energética de 2015, y luego lo retomó Emmanuel Macron la pasada primavera. El problema es que nunca se ha definido en concreto cuál iba a ser el camino que seguir. Es lo que nos promete Nicolas Hulot para finales de 2018. Algunos ven en ello la garantía de que vamos a entrar en el terreno de lo concreto, otros temen que en esa fecha él ya no esté en el Gobierno, justificando un nuevo informe mientras el lobby nuclear se obstina en defender esa industria del pasado, peligrosa y costosa.
     
    Electricidad de Francia sigue sin empezar a reflexionar sobre las medidas que tomar ni sobre las reconversiones que habrá que llevar a cabo. La inversión en renovables sigue siendo insuficiente, así como las medidas para reducir el consumo de energía en las viviendas. Y lo que es peor, las características de la perpetuación del sector de reprocesado del combustible nuclear se anuncian como un elemento importante del plan de programación energética. Dicho claramente: vamos a gastar miles de millones para hacer que una fábrica de La Hague, hoy inútil, cumpla las normas. ¿Es esto realista?
     
     
    ÚNICO: 450 millones de dólares (383 millones de euros)  es el nuevo récord alcanzado con la venta a un coleccionista privado de un Cristo atribuido a Leonardo da Vinci. Es un precio descomunal que no demuestra tanto el valor intrínseco de dicha obra como la concentración de riqueza en la actual economía globalizada. Una obra pictórica sólo vale centenares de millones porque existen personas que tienen centenares de millones que colocar, y los cuadros, dejando a un lado el placer estético que proporcionan, constituyen una reserva de valor tanto como el oro o los bienes inmobiliarios. Es lo que opone la pintura a la literatura o la música. El carácter de único del cuadro constituye una característica fundamental, mientras que el libro o la música son accesibles a través de soportes que pueden multiplicarse o difundirse ilimitadamente sin que la obra pierda su valor.
        

    Amar la pintura no es un privilegio de los más ricos
     

    Amar la pintura no es, sin embargo, un privilegio de ricos, pues basta socializar las obras para hacer que sean accesibles a todos. Los fondos de los museos nacionales proceden de las colecciones reales o del mecenazgo, las donaciones se hacen a menudo en pago de derechos de sucesión. De ahí el interés de mantener éstos en un nivel significativo. Más curioso es que el prestigio asociado al arte y la fascinación suscitada por el valor de las obras alimenten hoy las operaciones de promoción mutua entre las obras de arte y la industria del lujo, como demuestra el soberbio espacio de exposiciones abierto en París por un comerciante de maletas, de champán y de perfume.
     
     
    SOLIDARIDAD: Mientras que, a partir del año 2000, el vigor de la actividad de los países de Europa del Sur los hacía lugares de inmigración, la explosión del paro provocada por la crisis de 2008 ha vuelto a hacer de ellas tierras de emigración. Parte de la juventud, con frecuencia la más cualificada, prueba suerte sobre todo en Alemania. Algunos economistas se alegran y constatan que la movilidad de la mano de obra es una de las condiciones requeridas para ser una zona monetaria óptima.
        
    Podemos considerar, por el contrario, que el éxito de la Unión Europea, hasta la llegada de la crisis hace diez años, se explica por el hecho de que la lógica del mercado no ha impedido a los diferentes pueblos de Europa continuar viviendo y trabajando en su país gracias a la existencia en cada uno de ellos de unas políticas de solidaridad y desarrollo de las infraestructuras materiales e inmateriales. Es esta suboptimalidad la que hay que defender si queremos reconciliar a los pueblos con el objetivo de la construcción europea, a no ser que consideremos que el ideal sea que todos los andaluces se vayan a vivir a Hamburgo. Lo que no prohíbe, evidentemente, luchar por desarrollar el presupuesto europeo o democratizar la gobernanza del euro.
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