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Renovables y empleo

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Mayo 2017 / 47

DÉFICITS A pesar del bajo precio del petróleo, la balanza comercial francesa arroja un déficit negativo de 45.000 millones de euros. ¿Quiere esto decir que la línea política  no es eficaz? Digamos que ha sido muy cara para tan  poco resultado, la reducción de las cotizaciones sociales no han sido dirigidas a la industria. Además, Francia se compara, erróneamente, con Alemania, con una industria inflada, cuyos excedentes son más un problema que una solución. 

Francia mantiene un tejido industrial diversificado, en plena renovación, y continúa siendo uno de los principales exportadores del mundo. Las políticas públicas apoyan la investigación y contribuyen a financiar empresas innovadoras. 

Queda, sobre todo, por cambiar la posición colectiva con la industria. Los empleos industriales, aunque mejor pagados que muchos empleos del sector servicios, apenas  tienen atracción. 

Las enseñanzas industriales aún son consideradas como sectores relegados. Y la patronal tiene mucho que aprender en términos de management para hacer de  las empresas francesas lugares donde sea grato trabajar. 


EUROPA ¿Qué ofrecían los diferentes candidatos en materia europea? François Fillon, del que se conoce el poco entusiasmo que tiene por este asunto, mantenía el statu quo, una forma de aceptación tácita de la desintegración del proyecto europeo, a la vista de las fuerzas centrífugas que afectan hoy a la Unión. Emmanuel Macron, por su parte, quiere avanzar. Pero ¿hacia dónde?  Anuncia “reformas estructurales valientes” para recuperar la “credibilidad”.  A riesgo de continuar en el camino de descalificar el proyecto europeo ante los ojos de los pueblos.  

Marine Le Pen, Jean-Luc Mélenchon y Benoît Hamon, aunque todo les separa, denunciaron las carencias actuales de la Unión y el euro. Es lógico por parte de Le Pen, quien propone un regreso irrealista a un espacio nacional. Mélenchon, por su parte, proponía redefinir radicalmente  el proyecto europeo agitando la amenaza de un plan B que se parece mucho a una versión renovada de un “socialismo de un solo país”. Quedaba Benoît Hamon. El candidato socialista se negó a perder de vista lo esencial y ofrecía democratizar la gestión del euro. En la práctica, pensaba en crear, frente al Eurogrupo, una Asamblea parlamentaria específica que sacaría la gobernanza de la zona euro del estricto marco intergubernamental. 

Una buena noticia para todos aquellos que, teniendo en cuenta los límites de la Europa actual, consideran que sigue siendo el marco apropiado para llevar a cabo las políticas necesarias en materia económica, social y medioambiental.

 

SALIDA NUCLEAR El Instituto Montaigne, conocido por su seriedad, acaba de cifrar el coste de la salida nuclear en 217.000 millones  de euros. ¡No 218.000 o 216.000, 217.000! Con el objetivo de descalificar a cualquiera que desee ver a Francia, tras Alemania, Suiza e Italia, en particular, abandonar esta energía peligrosa es cada vez más caro. Sí, el desarrollo de las energías renovables y la reducción del consumo, sin sobrecargar nuestra calidad de vida, requerirán de inversiones importantes. Teniendo vocación de prolongarse durante más de tres décadas.

Principalmente, al comprometerse desde ahora mismo en esta dirección, se reducirá la factura de la modernización del parque nuclear actual, que se inscribe en una horquilla de 50.000 a 100.000 millones de euros.  Y, a largo plazo, no se tendrá que renovar nuestro parque de centrales con una cincuentena de nuevos reactores a razón de 5.000 millones de euros cada uno; es decir, 250,000 millones. 

Finalmente, la elección de renovables tendrá un impacto positivo en términos de empleo y una menor dependencia de las importaciones. Una última pregunta: ¿Conoce el lector la última estimación del Gobierno japonés sobre el costo —económico, no hablo del resto— de la catástrofe de Fukushima? Respuesta: 190.000 millones de euros. No tan lejos de los 217.000  millones del Instituto Montaigne…