Un liberal progresista

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Octubre 2017

    Corporativismo: El presidente francés, Emmanuel Macron, se considera la encarnación de un liberalismo progresista. Pretende reducir los corporativismos conservadores, que frenan la modernización del país. Estupendo. Llamemos, pues, su atención sobre un sistema sanitario que está pidiendo más eficacia y menos costes. Todo el mundo conoce sus defectos: un mal reparto de la oferta que se traduce en la multiplicación de “desiertos sanitarios” no sólo en numerosas zonas rurales, sino también en el extrarradio de las ciudades; una organización anticuada, producto de una práctica individual —denominada “liberal”— de la medicina, aferrada a su monopolio, en la era de la compartición de datos, de la telemedicina, de la utilización de instrumentos técnicos de todo tipo, en resumen, de todo lo que permite hacer unos diagnósticos mejores y más rápidos; una negativa a delegar las intervenciones más repetitivas, en una época el que el trabajo cotidiano de los médicos da amplio lugar a la renovación de los tratamientos debido al aumento de las enfermedades crónicas. 

    Todo el mundo sabe lo que hay que hacer. Desarrollar los centros de salud que ofrecen otro tipo de ejercicio de la profesión y que, además, son mucho más convenientes para las jóvenes generaciones de médicos; acelerar el cambio del modo de pago para disminuir la parte que el paciente paga en el acto a favor de que el Estado pague todos los gastos del paciente, a la vez que se delimita la actual libertad de los médicos de elegir el lugar donde ejercer; crear un cuerpo de enfermeras especializadas —como lo son las comadronas— que podrían ocuparse de las intervenciones médicas más sencillas bajo el control de los médicos, como pasa en muchos otros países. Ello garantizaría que la población estuviera mejor atendida a la vez que la actividad de los médicos, menos numerosos, se concentraría en actuaciones más técnicas. ¿Nos ponemos, pues, en marcha?

    Venezuela: La deriva autoritaria del régimen chavista, con el telón de fondo del hundimiento del sistema económico y de la extensión de la penuria, provoca comentarios automáticos. Los defensores del populismo latinoamericano aprueban el discurso paranoico de un régimen cuyo balance es, sin embargo, catastrófico no sólo en el plano económico, sino también en el social y el ecológico. Los críticos, con frecuencia llevados por su odio a todo progresismo, olvidan que Hugo Chávez, a pesar de todas sus limitaciones, fue elegido y reelegido limpiamente debido a que, antes de su llegada al poder, el reparto de la renta del petróleo era de una desigualdad extrema, pues el auténtico mal que sufre ese país reside en su riqueza. Como Argelia, Angola y otros países, es víctima de la famosa dutch disease, la enfermedad holandesa. Asentado en las colosales reservas de petróleo de la cuenca del Orinoco, Chávez aprovechó los precios elevados del barril para llevar a cabo una ambiciosa política de redistribución a la vez que imponía un embarullado socialismo que ha acabado con la escasa oferta que producía el país. La dependencia del petróleo, ya muy fuerte, aumentó. El vuelco de la cotización del petróleo ha hecho el resto. 

    Turismo: La prensa se ha hecho eco de ello: los turistas extranjeros vuelven a Francia. El índice de ocupación de los hoteles de lujo parisinos sube. El Gobierno tiene el objetivo de atraer a 100 millones de turistas en 2020, con lo que nuestro país se convertiría en el primer destino turístico mundial. Olvida que dos tercios del 7% del PIB que representa la economía turística han salido de los ahorros realizados por los… franceses en Francia. Olvida también que, en un mundo en el que el derecho a las vacaciones es hoy una norma, cerca de la mitad de los franceses no saldrán de vacaciones este 2017. Y que salir de vacaciones es romper con la cotidianidad, hacer proyectos, estar con nuestra gente, en resumen, que es un factor fundamental de integración social. ¿Y si el reto principal, cuando se piensa en el turismo, no fuera aumentar el número de chinos que hacen cola el domingo en el bulevar Haussmann para comprarse un bolso de Vuitton o un pañuelo de Hermés en las Galeries Lafayette, sino aumentar el índice de salidas de nuestros compatriotas?   

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