¿Quién teme la democracia?

  • Julio 2015

    Me parece revelador que se arme la marimorena cada vez que un gobierno griego se halla acorralado por los organismos internacionales que en su día organizaron su supuesta salvación —al menos, la financiera, y me refiero a la troika, que se suponía que ya se había disuelto como tal— y decida resolver la situación preguntando al ciudadano. 

    Se comprenden las implicaciones —inciertas— de un pronunciamiento negativo para los intereses de los acreedores. Pero vivir como un ataque al corazón del euro  el mero hecho de pulsar la opinión pública —¿no son los griegos quienes sufrirán en carne propia las consecuencias de lo que se decida?— dice mucho de lo enferma que llega a estar la democracia en la Unión Europea. El anterior Gobierno del socialista Papandreu ni siquiera pudo llegar a ver las urnas.  

    Los europeístas estamos desconcertados porque, además de unir fuerzas entre europeos en un mundo global, el auténtico sentido de defender el proyecto de una Unión es precisamente la defensa de valores como la democracia o los derechos humanos.

    Lo triste es que la UE siempre ha temido la voz del pueblo. Cuando intentó dotarse de una Constitución común se vio ya muy claramente. Se puede llorar por Grecia, pero desde luego, por Europa.

    Graciela Tena

     

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