Desigualdades // Más pobreza, enfermedad y muerte

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    Un grupo de personas toman medidas higiénicas en Chengalpattu (India).
    Ramakrishna Mission

    Naciones Unidas advierte de que los sectores más desfavorecidos de la población afrontan dramáticas consecuencias en todo el mundo.

    El 75% de los países del mundo son de renta media. Y es donde viven el 62% de las personas pobres del planeta. Son países muy desiguales. Y sus economías son frágiles. En una situación normal, es decir, fuera de la excepcionalidad de la pandemia, en un país de estos, como casi cualquiera de Latinoamérica, una persona de 70 años de clase media que se rompa la cadera es probable que pueda contar con un seguro médico privado. Siempre que pueda pagarlo, tendrá acceso a un hospital y a una atención 24 horas por más que, para pagar mayores dividendos, el hospital privado contrate a 5 enfermeros para 150 pacientes y le ofrezca los insumos de peor calidad. Otra persona de la misma edad que forme parte del 62% de personas pobres, con renta más baja, si se rompe la cadera tendrá que ir al hospital público. Y puede que tenga quien la opere. Pero esa persona deberá aguantar el dolor hasta que funcione la antigua máquina de rayos X, que está averiada. O hasta que haya un médico libre.  Y si logra sobrevivir al dolor y la máquina funciona en algún momento, tendrá que venir su familia al hospital con sábanas limpias, comida, gasas, algodón, etc. para atenderla, asearla y lograr que no se infecte la herida.

    Así viven hoy mismo la mayor parte de los países de renta media la pandemia de coronavirus. Con desigualdad. Si en un hospital público no hay los insumos más básicos en periodos normales, resulta difícil que llegue a haber suficientes respiradores.

    62 % de las personas pobres viven en países de renta media

    “La pandemia de la covid-19 está exacerbando las desigualdades ya existentes: desde enfermar del virus hasta mantenerse vivo o padecer las dramáticas consecuencias económicas”, resume en una nota de prensa la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de Naciones Unidas,  que cubre una mayoría de países de renta media.

    Las personas pobres caerán más enfermas porque viven en condiciones menos salubres, con menos acceso al agua potable y más hacinados.

     

    Los pobres del mundo

    Los pobres de los países de renta media, por ejemplo, en América Latina, viven situaciones  de los países pobres de África, donde la desigualdad no existe porque la gran mayoría de su población es pobre. En total, el 55% de la población mundial carece de acceso a servicios de protección social. Intermón Oxfam explica, por ejemplo, que en Mali solo hay tres respiradores por cada millón de personas. En Zambia, un solo médico por cada 10.000 habitantes. “En Yemen, más de la mitad de la población no tiene acceso a agua potable”, indican.

    El problema de la pandemia es que en los países de renta media más gente entrará en la pobreza, asemejándose a los países pobres.

     

    Caer de la renta media

    En América Latina ya había, en 2019, 5,4 millones de personas pobres. La pobreza estaba ya en aumento. Y la CEPAL calcula que esta cifra se ensanche todavía más en el futuro próximo por las consecuencias económicas del coronavirus.

    “Estas naciones son muy vulnerables a una crisis de deuda, a la pérdida de acceso a los mercados y a las fugas de capital”, explica un informe reciente de la Secretaría General de Naciones Unidas. “Pese a que, en el mejor de los casos, las economías de los países desarrollados podrían empezar la recuperación a finales de año, este no es el panorama que se vislumbra para los países en desarrollo. La mayoría están atravesando una situación de gran inestabilidad con la detención repentina de sectores enteros, el colapso de las cadenas de suministro y una brusca caída de los precios de los productos básicos, por lo que es probable que las repercusiones económicas, sociales y financieras negativas duren más tiempo que la pandemia y afecten con más fuerza a los países pobres, en desarrollo y muy endeudados”.

    Las consecuencias económicas son muy tangibles y casi inmediatas. Implican que es probable que la persona de clase media de 70 años que hacía malabares para pagarse el seguro médico privado en pocos meses ya no pueda hacerlo, entre en la contabilidad de las cifras de la pobreza, y aumente todavía más el trabajo de la demacrada sanidad pública.

    Las imágenes de los muertos en las calles de Guayaquil (Ecuador), que recorrieron el mundo a inicios de abril, pueden verse multiplicadas en cualquiera de los países de renta media, que podrían equiparar a la baja la brecha de desigualdad. Eso por no hablar de los países pobres, donde ni siquiera se cuenta con herramientas suficientes para calcular la cifra de muertos.
    Naciones Unidas urge al FMI y al Banco Mundial a no escatimar en recursos. Se trata, dicen, de la peor crisis de la historia, después de la Segunda Guerra Mundial.

     

    Emergencia social y agua potable

    Sin ir tan lejos

    Asentamiento de trabajadores en las plantaciones de Huelva. Foto: Colectivo de Trabajadores Africanos y asociación ASTI

    En España también hay lugares donde falta el agua potable y las personas se hacinan en campamentos o infraviviendas. Solo en la región de Huelva organizaciones de la Mesa Social del Agua de Andalucía, entre las que está Greenpeace o Ecologistas en Acción, calculan que hay unas 4.000 personas en riesgo de contraer coronavirus u otras enfermedades por falta de acceso a la higiene básica. Justamente son personas que trabajan en los campos de frutas de la zona, en su mayoría en situación irregular. Aunque el Gobierno les ha prometido ayuda y una regularización, y aunque cuentan con apoyo de ONGs, según Antonio Abad, del Colectivo de Trabajadores Africanos, no es suficiente. “Se están poniendo parches”, señala.

    Antes de la pandemia, un relator de Naciones Unidas que visitó el la provincia indicó en un informe la urgencia de mejorar la situación de estos colectivos. Hay casos similares a los de Huelva en otros lugares de España, asentamientos en Murcia, Madrid, Ceuta y Melilla.

    Fuentes del Gobierno central explican que están intentando llegar cuanto antes, pero no es sencillo porque las competencias pertenecen a los gobiernos autonómicos, cuando no locales. Los gobiernos regionales, por su parte, acusan al Gobierno central. Lo cierto es que al cierre de esta edición, todavía no había llegado una solución definitiva.

    Desde la EAPN-ES (European Anti Poverty Network en España), agregan que “las personas y grupos más vulnerables, que ya tenían considerables dificultades para salir adelante, observan sin capacidad de reacción el incremento de su indefensión (...) el reparto de alimentos está bajo mínimos; las alternativas de vivienda no son reales en el nivel local (...). En algunas localidades se ha anunciado la habilitación de pabellones para personas sin hogar que tardan demasiado en materializarse. Los albergues que efectivamente funcionan no siempre tienen comedor, ni espacios habilitados para el aislamiento de personas con síntomas y no cuentan con materiales suficientes de prevención, tales como batas desechables, gel, guantes y mascarillas. Además, en algunas regiones, los albergues están completos y no acogen a más personas”. 

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