En el barco todos, sin capitán

  • 31 Marzo, 2016

    Pequeños grupos de personas charlan en distintos puntos del planeta sobre el valor del trabajo, la relación con el trabajo, las condiciones del trabajo, el fin del trabajo. Aunque de entrada no lo parezca, todos ellos están (estamos) en el mismo barco.

    Zygmunt Bauman en In the same boat.  

    En el barco, las preocupaciones no son tan distintas: ¿hay alguien al timón, más allá de la trepidante globalización? El vacío que deja la respuesta da vértigo.

    El músico Rudy Gnutti ha recorrido literalmente medio mundo durante un par de años intentando cazar este interrogante. El resultado es un magnífico documental, In the same boat. Verlo le deja a uno tan consciente de la tozuda interdependencia de la humanidad como del escaso suelo que baila bajo nuestros pies. 

    Con Dumas y el lema de sus mosqueteros —“uno para todos, todo para uno”— aprendimos que despreciar la solidaridad es quedarse colgado de la competencia y la suspicacia. ¿Demasiado utópico? Gnutti no teme la utopía. Al contrario, se nota que la utopía misma ha sido el punto de partida de su trabajo, y el proyecto sedujo al cineasta Pere Portabella como productor y al sociólogo Zygmund Bauman como coimpulsor. 

    Desde la pantalla, Bauman, inventor del concepto sociedad líquida y seguido hoy por muchos jóvenes casi como una estrella de rock, explica cómo se han ido desacoplando la élite económica y su fuerza laboral, el crecimiento y el trabajo. Hace tiempo que terminó la monotonía del fordismo a cambio de estabilidad. Hoy, la mayoría de trabajadores siguen localizados, pero sus jefes viajan: no sólo en avión, pues se mueven también con los dedos, decidiendo a golpe de clic adónde mover el capital en función de la guerra que les dé la plantilla.

    Las deslocalizaciones, la amenaza de la informatización del trabajo, la creciente desigualdad, la relación entre ésta y la innovación, el divorcio entre política y economía, el impacto de la tecnología, el empobrecimiento de la clase media y baja o el sentido del enriquecimiento de grandes compañías gracias a determinados avances tecnológicos (Internet, GPS, teléfonos inteligentes), alimentados de fondos por el contribuyente, son algunas de las muchas teclas que Gnutti toca en el documental. Para él ha entrevistado, además de a Bauman, a Tony Atkinson, Rutger Bregman, Erik Brynjolfsson, Mauro Gallegati, Nick Hanauer, Serge Latouche, Mariana Mazzucato, Daniel Raventós y José Múgica.

    In the same boat viene a ser un manifiesto de cuidada estética contra el “no hay alternativa” de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher. Su mensaje poderoso radica en las propuestas. Es un grito a la acción, pero sobre todo al quién va a actuar. Porque, insiste Bauman, necesitamos instrumentos globales para retos globales, desde el terrorismo hasta el cambio climático. “Aún podemos hacerlo. No es un futuro inevitable, la cuestión no es qué hacer ni cómo hacerlo, sino quién”, subraya.

    Una salida sobre la que reflexiona la película es la renta básica, que explica el economista Raventós. Otra, el reparto del trabajo. “Trabajar menos para que podamos trabajar todos”, afirma el director del documental. O el decrecimiento (Latouche nos habla de un mundo en el que “7.000 millones de ranas, que es lo que somos, están a punto de hervir”), porque mucho tiene que ver con nuestro estilo de vida. El ex presidente uruguayo José Múgica lo ilustra así: “Hoy los jóvenes tienen trabajos de seis horas... pero tienen dos [trabajos] porque necesitan plata para pagar la motito y el cochecito...”. 

    El trabajo se va y los trabajadores se quedan atrás, en un mundo en el que los políticos ya no hablan de pleno empleo como lo normal y de des-empleo como algo anormal. Hoy, si no existen empleos, son términos redundantes, prescindibles.

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