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Pulso periodístico al poder

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Marzo 2018 / 56

Steven Spielberg rinde homenaje al periodismo independiente con su última película, protagonizada por Meryl Streep y Tom Hanks. El filme llega en un momento de máxima tensión entre la prensa y la Casa Blanca.

Imagen de Los archivos del Pentágono, de Steven Spielberg.

Los Archivos del Pentágono relata los días previos a la publicación por parte del Washington Post de un comprometido informe secreto del Departamento de Defensa de EE UU sobre la Guerra de Vietnam. La salida a la luz de los documentos supuso una humillación para el Gobierno estadounidense y un aperitivo de lo que vendría después con el célebre escándalo Watergate. Además de poner a buena parte de la opinión pública en contra de la intervención en Indochina, el episodio pasó a la historia como una victoria de la prensa libre sobre el intento de la Administración de Richard Nixon de silenciar la verdad.

Los archivos del Pentágono es también la historia de una mujer que  sobrevivió en un negocio dominado por hombres como era -y sigue siendo- el periodismo. Criada en una familia de la alta sociedad, Katharine Graham tuvo que ponerse a los mandos de la empresa editora del Washington Post tras la muerte de su padre y de su marido. En una de las mejores escenas de la película, Graham preside una reunión del Consejo de Administración rodeada de hombres vestidos con trajes oscuros para preparar la salida a bolsa de la compañía.

Fue ella quien, arriesgando su fortuna y su prestigio social, resistió las presiones de quienes le recomendaban guardar el informe en un cajón -incluidos los directivos y los abogados de la empresa- para ponerse del lado la redacción del periódico, comandada por el carismático Ben Bradlee. La relación entre ambos personajes es otro de los puntos fuertes del filme. Con la publicación de los Papeles del Pentágono, primero, y después con el Watergate, Graham y Bradlee convirtieron un rotativo de tamaño mediano en un medio de talla nacional capaz de competir con el todopoderoso New York Times. Por eso el título original de la película es The Post.  Casi medio siglo después, el periódico vive una segunda edad de oro después de que el archimillonario fundador de Amazon, Jeff Bezos, comprase la compañía editora a los descendientes de Graham e invirtiese grandes sumas de dinero en su modernización.

El estreno de Los archivos del Pentágono llega precisamente en un momento de enorme tensión entre buena parte de la prensa estadounidense y el presidente Donald Trump, que no pierde ocasión de socavar su prestigio con acusaciones de difundir fake news. También coincide con el que quizá sea el peor momento de la prensa española desde la Transición democrática, caracterizado por el rápido deterioro de la calidad de la información y la preocupante pérdida de independencia de los principales medios, cada vez más dependientes del apoyo del Gobierno y de los bancos. 

La película pone sobre la mesa asuntos como el equilibrio entre libertad de expresión y seguridad nacional, el papel de la propiedad en la línea informativa de los medios o la obsesión de los poderosos por acallar las voces críticas. Pero más allá de cuestienes trascendentales,  Spielberg retrata a unos profesionales que, sencillamente, hicieron bien su trabajo; en este caso, unos periodistas que antepusieron el derecho a la información de los ciudadanos a los intereses partidistas.

Los Archivos del Pentágono reclama un lugar destacado entre los grandes dramas periodísticos junto a títulos recientes como Spotlight o Buenas noches y buena suerte y clásicos como Todos los hombres del presidente o Network, un mundo implacable. Tratándose de una superproducción firmada por Spielberg, el ritmo narrativo, la cinematografía y la ambientación son espectaculares. Si hubiera que ponerle algún pero al filme, este sería la rigidez en el dibujo de los personajes y la escasez de matices en algunas de las escenas clave.