Accede sin límites desde 55 €/año

Suscríbete  o  Inicia sesión

Ciudades en fase de laboratorio

Comparte
Pertenece a la revista
Diciembre 2015 / 31

Desde el urbanismo o la arquitectura hasta la informática, la sociología o la política están experimentando para crear las llamadas “ciudades colaborativas”.

Las nuevas tecnologías han cambiado sin duda la forma en que vivimos, comenzando con el modo en que nos organizamos y nos comunicamos a través de las redes sociales y de una telefonía con miniordenadores al alcance de la mano. ¿Cómo cambian esas nuevas tecnologías a las ciudades? Se habla de ciudades inteligentes o smart cities, y de ciudades colaborativas: ¿Qué son realmente? ¿Quiénes son sus agentes?

ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

Por ahora las ciudades colaborativas están en pleno proceso de creación, de experimentación. Quizá por eso muchas de estas iniciativas incluyen la partícula lab, de ‘laboratorio’, y ligadas a smart, inicialmente de los smartphones (aunque es mucho más). 

Estamos en pleno proceso en el que unos y otros —de ramas muy distintas, como por ejemplo, la política, la economía, la arquitectura, la ingeniería, la informática, el urbanismo y la sociología—, analizan e intentan inventar nuevos modelos de ciudad frente a un mundo antiguo (Estado frente a privado, únicamente analógico). 

En esos nuevos modelos de ciudad se pelean dos ideologías muy opuestas, viejas conocidas, de comprender y proponer el mundo: la de quienes buscan el bien común —unido a lo socialista, al socializar las ganancias—, el procomún; y los que buscan el crecimiento individual, relacionados con el capitalismo más liberal, que entienden las nuevas ciudades digitalizadas como espacios para extraer beneficios directos e indirectos para sus empresas, obteniendo provecho de los núcleos de colaboración creados a través de las TIC por la ciudadanía.


EL ‘PROCOMÚN’

“La adopción de las TIC está reconfigurando transversalmente la articulación de los espacios sociales”, analizan Mayo Fuster Morell y Joan Subirats en el libro Procomún Digital y cultura libre, y profesores del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad de Barcelona. “Los cambios que se están produciendo nos parecen de tal dimensión y profundidad que se descarta que podamos considerarlos como simplemente coyunturales”.  Esto comporta la “redefinición de las instituciones políticas y, en el ámbito particular, la emergencia de producción como autónoma y autoorganizada de grupos de ciudadanos alrededor de intereses compartidos”.

Detrás está la vieja pelea entre socialismo y capitalismo

Desde el ‘procomún’ buscan generar ciudades más justas e igualitarias

Lo que buscan quienes provienen de las ideas del procomún, es que esas nuevas ciudades de las nuevas TIC caminen hacia espacios más justos e igualitarios, con empresas de cooperativas y economía social, comunitarias, que asuman servicios y productos desde y para la comunidad, de la mano de lo público.
“Es algo que va más allá de las democracias participativas”, explica Mayo Fuster. “Se espera que la ciudadanía se apropie de los procesos. No sólo que participe en la toma de decisiones, sino que sea la dueña, a través de la economía social, de los productos y servicios que son de la ciudadanía”.

En la política de hechos, algunas teorías y experimentaciones son las que está liderando la ciudad italiana de Bolonia, junto a otras ciudades de ese país. Son localidades que están intentando elaborar una gobernanza colaborativa, “donde lo urbano, lo medioambiental, lo cultural, el conocimiento y lo digital se vuelven comunes en torno a cinco actores de la gobernanza colaborativa y policéntrica”, dicen en su página web Co-Bologna.it. Juntan a “innovadores sociales” (ciudadanía activa, productores, innovadores digitales, regeneradores urbanos, innovadores rurbanos, etc.), autoridades públicas, negocios, organizaciones de la sociedad civil, instituciones del conocimiento (universidades, academias, etc.), a través de un asociacionismo institucional ciudadano público-privado. Este asociacionismo dará nacimiento local persona a persona (peer to peer) a una plataforma física, digital e institucional con tres objetivos: vivir juntos (servicios colaborativos), crecer juntos (coventuras) y hacer juntos (coproducción).

Las bases teóricas con las que se están creando las ciudades colaborativas como Bolonia son, según explica Christian Iaione, encargado de estos asuntos en la Comuna de Bolonia, en primer lugar, “estudiar juntos” la ciudad, para lo cual, para empezar, representan gráficamente las experiencias colaborativas de la ciudad, de las organizaciones civiles, etc. En segundo lugar, “vivir juntos”, fomentando experiencias como las cooperativas de vivienda o las Community Land Trust (véase el número 30 de Alternativas Económicas). En tercer lugar, “crecer juntos”, con iniciativas como el Real State Investment Cooperative de Nueva York, un proyecto pionero, aunque en fase beta, para crear un fondo común con voto cooperativo para la creación de bienes comunitarios. En cuarto lugar, “gobernar juntos”, con comisiones administrativas con la sociedad civil, y en quinto, “imaginar juntos”, con espacios para pensar el futuro. 


‘SOCIAL STREETS’

Este tipo de políticas hizo que se crearan, entre otras muchas cosas en Bolonia, 380 social streets, como explica Silvia Calastri, también de la Comuna de Bolonia. Son “calles que crearon grupos de Facebook y, a partir de allí, se reúnen y analizan los problemas de las calles, y crean redes de ayuda, soluciones comunes para los vecinos, como apoyo en los cuidados de los niños”.

En este mundo están las smart cities, donde aparece lo último en tecnologías digitales y en el que son muy activas las ciudades de Barcelona y Tarragona. En este ámbito están los laboratorios tecnológicos, como los Fablabs, fábricas laboratorios en los barrios donde se ponen a disposición libre de los vecinos (con la condición de que lo que obtengan no sea patentado) máquinas como, por ejemplo, impresoras 3D para construir cualquier cosa.  Y están las Fabcities, ciudades en las que se combina lo tecnológico para la sostenibilidad y la autosuficiencia de una ciudad. En este sentido otro laboratorio es el de Valldaura, en las afueras de Barcelona, un centro de investigación sobre el Hábitat Autosuficiente, que espera ser capaz de producir localmente los recursos que necesitan los estudiantes e investigadores: producir toda la energía precisa para su funcionamiento a través de sistemas renovables, la mayor parte de los alimentos, y fabricar cosas a partir de técnicas tradicionales y alta tecnología con recursos que obtienen de su entorno.

 

PARA SABER MÁS

http://www.sharitories.net
http://www.citiesofthefuture.eu
http://co-bologna.it