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  • Diciembre 2015

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    La economía española ocupa el decimocuarto puesto en el mundo, pero queda mucho peor en otros índices de progreso

    ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

    Justo cuando estalló la crisis, en 2008, España ocupaba el noveno lugar del mundo si medíamos el tamaño de todas las economías del planeta, según los datos del Banco Mundial (BM). En los siete años transcurridos desde entonces, varios países han tomado la delantera y han desbancado a la economía española. En 2015, ésta cayó a la decimocuarta posición. La India, Canadá, Brasil, Australia y la República de Corea han sido, a la chita callando, los que han ganado mayor dimensión. El retroceso del llamado producto interior bruto (PIB) español, que en 2015 ascendía en valores absolutos a 1,22 billones de dólares (1,1 billones de euros) ha sido, pues, considerable a resultas de una penosa travesía económica particularmente dura en dos momentos: el año 2009 y el descalabro producido en 2011 y 2012. México tiene puntos para efectuar otro adelantamiento, en opinión del Fondo Monetario Internacional (FMI).

    El Banco de España estima que el año que se fue, 2015, trajo a este país un crecimiento del 3,2% en el conjunto del año, una décima menos de lo previsto por el Gobierno saliente de Mariano Rajoy.  Pero la sensación de bienestar y progreso social no necesariamente circulan por el mismo lado. “El PIB mide durante determinado tiempo [un trimestre o un año] cómo evoluciona el componente mercantil de la actividad económica. Es, pues, una medida monetaria”, recuerda Rodolfo Rieznik , miembro de la junta directiva de Economistas Sin Fronteras. Si el PIB español es de 1 billón de euros y sube a 1,1 billones, diremos que la riqueza generada ha aumentado un 10%, pero  “el hecho de que se dé una mayor acumulación de capital no se traduce necesariamente en un cambio a mejor en lo que concierne al bienestar de las personas”, explica  Rieznik.

    Cada vez que alguien levanta la mano para recordar que el PIB de un país se queda más que corto para saber hasta qué punto está desarrollado ese territorio, si la riqueza producida está bien o mal distribuida o qué costes para el medio ambiente puede conllevar el  fervor del crecimiento, aparece como ejemplo, y con cierta aura entre exótica e ingenua, el nombre de Bután. Emparedado entre China y la India, este reino asiático lleva casi medio siglo intentando detectar cuán felices son sus habitantes y cómo valoran ellos mismos su bienestar.  El termómetro sube o baja a partir de largas encuestas, de modo que el componente subjetivo es muy elevado.

     

    COMPLETAR LA FOTO

    Hoy, sin embargo, la búsqueda de herramientas distintas al PIB para evaluar el progreso de un país no es ya ninguna anécdota. La toma de conciencia de los límites de este indicador se va expandiendo. Sabemos que si no hay trabajo remunerado de por medio no cambia nada en el PIB —podemos limpiar la propia casa por una cuestión de higiene, o jugar con los hijos, y no podemos hablar de actividad económica, mientras que contratar y pagar a otra persona para que haga de canguro o realice un trabajo doméstico sí influye en la economía—, y que una fábrica altamente contaminante se valora siempre en positivo porque mueve dinero y genera empleo a corto plazo sin tener en cuenta el coste para el medio ambiente. O que la venta de la tecnología que reemplace a trabajadores computa siempre como un progreso. El último gran cambio de criterio que ha realizado la Unión Europea para cuantificar el PIB y homogeneizar el modo de calcularlo en los distintos países miembros, ha supuesto incorporar en el cómputo actividades como la prostitución, el narcotráfico y el armamento. Al considerarlas, de pronto a la economía le fue mejor

    Por tamaño económico, España ha pasado de novena a decimocuarta

    El gran ‘cambio’ en el cálculo del PIB ha sido incluir la prostitución

    Lo que mide el producto interior bruto es una convención extendida, y probablemente lo siga siendo, pero la discusión sobre todo lo que deja fuera ha roto los círculos alternativos, mientras nuevos índices casi compiten entre sí a la hora de completar la foto real de una sociedad y la economía sobre la que se sustenta.  El empujón lo dio, bajo encargo de Francia, una comisión internacional liderada por el Nobel Joseph Stiglitz, que, a finales de la pasada década, concluyó que aspectos  como la sostenibilidad, la distribución de la riqueza, el ingreso medio per cápita, la desigualdad, entre otros relacionados con el bienestar ciudadano, debían también tenerse en cuenta.

     

    IMPACTO MEDIOAMBIENTAL

    Veamos algunos datos reveladores frente a ese decimocuarto lugar que España ocupa según el PIB. Este país, por ejemplo, es el duodécimo con una mayor huella ecológica, un indicador de impacto ambiental que refleja la capacidad biológica que come la actividad humana o la población. Como unidad de medida se emplea la cantidad de tierra y mar que un individuo, un país o el mundo entero requieren para producir los recursos que consume y absorber los desechos que genera. Según Global Footprint Network, si la huella ecológica media del planeta es de 2,7 hectáreas globales per cápita (hgpc), la de España es muy superior: 5,7 hgpc. A la cabeza se encuentran los Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos  y Kuwait. 

    En el índice de desarrollo humano (IDH), auspiciado por Naciones Unidas y que analiza cuestiones como la esperanza de vida al nacer, el acceso a la educación y la renta por habitante, España baja al puesto vigesimosexto del mundo. Noruega, Australia y Suiza son los países que lideran el IDH 2015, que analiza los datos de 2014 y que al otro extremo sitúa a Malí.

    Ocupar la posición 26 no significa que el país no figure en el grupo privilegiado de estados con un mayor nivel de desarrollo (entre el 0 y el 1, la puntuación es de 0,876), pero el informe específico sobre España señala que está por debajo de la media del resto de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, cuyo IDH medio es de 0,880). Con unos ingresos per cápita comparables en dólares, se sitúa en 32.045 dólares frente a una media de 37.658 dólares al año. La media de años de escolarización también es inferior (9,6 frente a 11,5). Sí despunta el país en esperanza de vida, con 82,6 años. En una expectativa de larga vida está situado en sexto lugar en el mundo, por detrás de Suiza, Japón, Singapur, Hong Kong  e Italia.

    En la década de los noventa, el IDH español crecía un 0,90%. En la primera década del siglo XXI, lo hacía, pero a un ritmo del 0,47%. Entre 2010 y 2014, el avance se limitó al 0,27%, lo que no se corresponde con la evolución del crecimiento económico. 

     

    DESIGUALDAD

    Por otra parte, al índice de desarrollo humano se le puede descontar el efecto desigualdad; es decir, en el caso de España la caída del índice debido a la desigualdad es del 11,5%. La desigualdad en ingresos entre quienes tienen más y menos es del 23,9%.

    España ocupa el duodécimo lugar en ‘huella ecológica’

    Asignaturas pendientes: acceso a la vivienda, paro y desigualdad

    Normalmente, para medir la desigualdad se utiliza el indicador GINI, que indica hasta qué punto la distribución de los ingresos entre individuos u hogares dentro de una economía se aleja de una distribución perfectamente equitativa. Del 0 al 100, siendo 0 la equidad total y 100 la mayor desigualdad, España se situaba en 2014 en 34,7. Antes de la crisis, estaba en 31,9. Ese mismo año, el GINI de la eurozona marcaba 30,9, un punto más que al inicio de la crisis. Estos duros años de atonía han causado estragos en desigualdad en España, sólo comparables a los que se han producido en EE UU, según datos de la OCDE.

    Esta última organización cuenta desde hace pocos años con un índice que suena muy poco económico: el índice de una vida mejor (OCDE Better Life Index). En el último publicado, correspondiente a 2015 y que encabezan Australia, Noruega y Suecia, España aparece en el puesto vigésimo primero. Este indicador tiene en cuenta múltiples variables: desde la seguridad del empleo, donde el país no sale muy bien parado, hasta la proporción de lo que los hogares se ven obligados a gastar en vivienda, donde todavía sale peor. 

    Uno de los indicadores más completos que se manejan es el que impulsa la organización Social Progress Imperative. España aparece en el lugar vigésimo en la última medición de 2015. Donde arrastra más los pies es en áreas como la biodiversidad, discriminación de las minorías, la ratio de obesidad infantil y, de nuevo, el acceso a la vivienda. 

     

    CONTABILIDAD NACIONAL

    Cómo se calcula el PIB

    El producto interior bruto (PIB) se puede calcular de tres maneras: en primer lugar, sumando el valor añadido a la economía por parte de todos los actores del sector productivo, incluidas las administraciones; también se pueden contabilizar todos los ingresos procedentes de la actividad económica, ya sean salarios, beneficios, tipos de interés u otros; finalmente, se pueden sumar los diferentes modos de gastar esos ingresos (consumo, inversión, gasto público, etc.). En todo caso, el PIB evalúa la evolución de un flujo monetario, mide el valor monetario del conjunto de nuevos bienes y servicios producidos (e inventariados) por una entidad (por ejemplo, un país) durante un período dado (generalmente, un año).

     

    PARA SABER MÁS

    www.socialprogressimperative.org
    www.footprintnetwork.org/es/
    http://stats.oecd.org/

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