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El estado de la economía solidaria

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Octubre 2014 / 18

El sector cuenta con casi 20.000 personas trabajando, de las que el 70% son voluntarias.

COHERENCIA II Feria de Economía Solidaria de Madrid. FOTOGRAFÍA: MERCADO SOCIAL MADRID

La economía solidaria es una parte de la economía social, pero con características propias.
Son empresas sin ánimo de lucro, muy cohesionadas, que velan por que se cumplan los principios que las rigen. Tienen su propia organización representativa, la Red de Redes de Economía Social y Solidaria (REAS) y trabajan en conjunto para cumplir sus objetivos, haciendo especial hincapié en la palabra que los distingue: solidaria.

El no lucro tiene mucho que ver con sus bases. De hecho, trabajan en este sector muchas más personas voluntarias que trabajadoras: exactamente 19.195 frente a las 7.340 contratadas, según datos estadísticos de REAS, donde se encuentran el 95% de las empresas del sector.

Muchos trabajos realizados por la economía social y solidaria están relacionados directamente con actividades que tienen poco retorno económico como los servicios sociales a las personas (rehabilitación de ludopatías, educación de calle); atención al medio ambiente, finanzas éticas, cooperación internacional y comercio justo, reciclaje, etc. Son, en total, 347 entidades (cooperativas, asociaciones, empresas de inserción, etc.) repartidas en 15 organizaciones sectoriales o geográficas que forman REAS.

Son parte de la economía solidaria otras formas de economía, basadas en la cooperación mutua, sin dinero: monedas sociales como el ecosol de Catalunya o los boniatos en Madrid. También organizan bancos de tiempo, y otras formas de trueque.

Cumplen muy detalladamente con el principio de transparencia. Por eso, al publicar sus datos incluyen en su facturación los ingresos obtenidos por subvenciones: en 2013, 77 millones de euros (el 29,5%) frente a los 157 millones de facturación. En total, contando también otros ingresos, juntan en 2013, 261 millones de euros.

Son, obviamente, cifras muy menores respecto al resto de la economía social, si se comparan por ejemplo con la Corporación Mondragón, que en 2013 facturó 14.000 millones de euros (suponen 80.000 empleos).

Pero han crecido a un ritmo muy ágil. Sus ingresos han aumentado el 65% desde 2006 pasando de 171 millones a 261. Las personas con contrato se han más que duplicado. Han pasado de 3.314 a las 7.339 actuales, el 64% mujeres.

La economía solidaria no es un movimiento exclusivamente español. De hecho, existe una amplia red, como la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria (Ripess), con fuerte presencia en América Latina.

La Ripess organiza foros mundiales cada cuatro años con organizaciones de todos los países del mundo. El último fue en 2013 en Manila.

 

EL BALANCE SOCIAL

Una de las herramientas utilizadas para autoevaluar si las empresas de economía solidaria están trabajando bajo los principios que las rigen, más allá de encajar en unos requisitos jurídicos, es lo que se conoce como “auditoría social” o “balance social”. Son herramientas gratuitas que la REAS intenta difundir y promover su aplicación en cada una de las entidades miembro.

En la auditoría se preguntan sobre temas como democracia, igualdad, cuidado del medio ambiente, compromiso social, calidad laboral y calidad profesional.

Cada año, en diferentes comunidades autónomas, las entidades locales de la REAS hacen campañas para incluir más empresas en los balances. Se aplicaron criterios del balance en la Comisión de Acogida de las entidades que podían formar parte del Mercado Social de Madrid.

Fuera de la economía solidaria, hay más sistemas de auditorías y muchas empresas de la economía social con fines de lucro publican cada año sus memorias de sostenibilidad. La Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (Coceta) ofrece la herramienta RSCoop para aplicar la Responsabilidad Social en las cooperativas. Pero en la economía solidaria, estos balances se convierten en piedra angular.