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El peligro no es sólo China: son los robots

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Octubre 2016 / 40

El porvenir del empleo está por escribir, pero la digitalización, la automatización, la globalización y la desregulación apuntan a una desigualdad laboral más aguda

ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

En Corea del Sur,  el 5% de la fuerza laboral está hecha de... robots. Cerca de 500 de estas máquinas inteligentes operan en el país por cada 10.000 trabajadores  (humanos). Sí, qué lejos queda Corea. Pero eso no significa que el reto laboral de que las máquinas desplacen a las personas a la hora de encontrar un puesto de trabajo nos sea tan  ajeno. En Alemania, la proporción es de 300 por cada 10.000 (1). Y la tendencia mundial que está siguiendo la provisión de robots industriales en los países con mayor “densidad de robots” está siendo cada año de un incremento medio  del 15% desde 2011. El último dato disponible para España sobre la cuestión es aún muy bajo, del 0,3%.

Cuando, en 1995, Jeremy Rifkind  planteó abiertamente que estábamos abocados al fin del empleo y nos advirtió de que el auténtico problema del trabajo iba a ser el impacto de la automatización —y no tanto las deslocalizaciones masivas hacia países con menores costes salariales—, el número de parados que había en el mundo ascendía a 150 millones de personas. Una década y un año después, el desempleo global ha aumentado en 48 millones más, hasta alcanzar los 198 millones, aunque, visto el crecimiento de la población, la tasa mundial de paro sigue estable. Incluso ha descendido dos décimas hasta el 5,9% (2).

Desde hace cuatro décadas, las discusiones sobre el alcance que puedan llegar a tener la robotización y la inteligencia artificial en el mercado de trabajo se reparten entre quienes perfilan un escenario de paro masivo, quienes a eso replican que la tecnología siempre genera nuevas oportunidades de empleo, quienes apuestan por potenciar la maravilla de la colaboración entre el ser humano y las máquinas y quienes aducen que el empleo nuevo que se creará no es masivo, sino de especialistas, tipo boutique, incapaz de absorber los millones de puestos de trabajo que quedarán triturados.

 

COLABORAR A DISTANCIA

De lo que nadie duda es de que el trabajo sufrirá profundas mutaciones en los próximos años —en realidad, ya ha empezado a experimentarlas—, relacionadas directamente con la introducción de la tecnología. Según el Informe Adecco sobre el futuro del trabajo en España (2016), que entrevista a fondo a 40 expertos en recursos humanos, ocho de cada diez identifican los avances tecnológicos como el factor que más obligará a reinventar el trabajo. Estos serían sus principales efectos: la colaboración a distancia, la disponibilidad total de información en la Red, un aumento de capacidades humanas y productividad, la digitalización de la economía, la robotización y la fragmentación de las tareas (3).

Colaborar a distancia no equivale a hablar de teletrabajo, aunque uno se dedique al tajo desde casa. Estamos hablando de cosas como “subcontratación de funciones”, de trabajo autónomo, de trabajo “por proyectos”, de trabajadores freelance capaces de desarrollar microproyectos desde la nube. De fórmulas que pueden conllevar un impacto brutal en la desprotección social del trabajador y de las relaciones laborales.

En la OCDE, España destaca en riesgo de automatización: un 12%

Comerciales y atención a las personas, entre los perfiles más requeridos

Los perfiles comerciales y de servicios de atención a las personas son los que registrarán una mayor demanda hasta 2025, a tenor de lo que pronostica el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop). Y esa demanda de las empresas se producirá en una proporción mucho más elevada en España que en el resto de la Unión Europea: el 27% del total, frente a una media comunitaria del 16% (4). 

Así que vamos un poco al revés que nuestros vecinos de la UE, donde, por otra parte, las habilidades de profesionales cualificados supondrán una cuarta parte de las que se identifiquen para la próxima década. En España, la proporción se quedará en el 13%.
Ya el año pasado, la Organitzación Internacional del Trabajo (OIT) alertaba de que el mundo del trabajo se está viendo afectado por importantes cambios en el tipo de habilidades y de formación más buscados. 

“A escala global, se ha incrementado la proporción de empleos de baja cualificación que no son rutinarios, como la atención a las personas o el personal de seguridad, junto con los trabajos que requieren una elevada cualificación y que tampoco son rutinarios, como los abogados o los ingenieros de software”, señala la  OIT en un informe sobre tendencias del trabajo5.


CAE EL EMPLEO INTERMEDIO

En el mismo documento , y como contraste, se apunta que los empleos rutinarios que requieren una formación mediana, como bibliotecarios o personal administrativo, “están declinando”.  Se plantea, pues, una caída del empleo típico de las clases medias. Guy Ryder, secretario general de la organización, considera “preocupante” esta tendencia y apuesta por atacar “la falta continuada de demanda agregada” y “ la creciente desigualdad”.  La OIT ha puesto en marcha una investigación sobre el impacto de las transformaciones en el mundo del trabajo, que, entre otros ámbitos, estudiará las nuevas formas de organización laboral y el concepto de empleo digno.

 

POLARIZACIÓN

También la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha constatado la creciente polarización del empleo en Europa, Japón y EE UU entre  los años 2002 y 2014 (véase el gráfico). “La demanda de trabajadores con competencias intermedias ha disminuido claramente”, en una tendencia en la que la automatización es clave. 

“Si la polarización del mercado de trabajo continúa, cada vez más asalariados corren el riesgo de encontrarse atrapados en empleos poco cualificados y mal remunerados”,  señala el club de los países más desarrollados (6). Es decir, que la polarización de las  profesiones podría “reforzar la polarización de la estructura de los salarios entre empleos alta y débilmente remunerados”.

Una de las fuentes de los temores asociados a la automatización es el que en 2013 elaboraron sobre el futuro del empleo C. Frey y M. Osborne (7), cuyas conclusiones eran para echarse a temblar. Ambos autores clasificaron todos los empleos en Estados Unidos y calcularon qué proporción de ellos corrían el riesgo de ser automatizados. Nada menos que el 47% de toda la gente empleada tenía trabajos que podrían quedar en manos de ordenadores y algoritmos en un plazo de entre diez y veinte años.  A partir de esta investigación, y aplicando sus criterios, se han realizado otras aplicadas a Europa y que elevan el porcentaje aún más: del 45% al 60%, con los países del Sur en una posición más vulnerable.

La OCDE  ha intentado contrarrestar este miedo con una reciente reflexión que desbarata las cifras (8). En uno de sus documentos de trabajo cuestiona que la automatización y la digitalización vayan a destruir grandes cantidades de empleos. Parte de la base de que cada puesto de trabajo consiste en realizar una lista de tareas heterogéneas, y de que no todas ellas pueden automatizarse con facilidad, de modo que “el potencial de automatizar profesiones y lugares de trabajo enteros puede ser mucho más bajo de lo sugerido”, apuntan sus autores. Existen además, argumentan, “obstáculos legales y éticos” para que se produzca una sustitución efectiva de humanos por máquinas. 


EMPLEO PRECARIO

No obstante, es cierto que muchas tareas sí que van a acabar ejecutándolas máquinas, y según sus cálculos, un 9% de empleos acabarán siendo automatizables en los países de la OCDE. España y Austria, por cierto, encabezan la lista, con un 12% (véase el gráfico). El reto que establece de cara al futuro es, una vez más, “saber lidiar con una desigualdad creciente y un reciclaje suficiente, y en especial para los trabajadores menos cualificados”.  

En Economistas Frente a la Crisis, José Ignacio Pérez Infante pide que en las discusiones sobre lo que viene no perdamos de vista el presente y el futuro inmediato. “Claro que la robotización es un gran reto y que planteará problemas, pero los más graves los tenemos aquí y ahora”. 

Para Pérez Infante, la clave de cualquier mejora real que pueda tener lugar en España en el mercado laboral pasa por un cambio de modelo productivo. “Hace falta un cambio de modelo porque el problema de España es un empleo  fluctuante y, cuando se crea, precario”. El coautor de Reformas laborales en la Gran Recesión pide también que cambie una regulación del trabajo que “va en una dirección contraria a la que deberían”. 

La OCDE mide las tareas, no los empleos, que son automatizables

La justicia europea equipara los despidos de interinos y fijos

Precisamente contra el mercado laboral dual (entre fijos y temporales) se pronunció el pasado septiembre el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de forma contundente aunque con una repercusión aún confusa. Sus tres sentencias sobre el caso de la finalización de un contrato temporal —que disparaba contra el tratamiento diferenciado del despido de un trabajador interino, cuyo contrato en España no tiene prevista una indemnización cuando llega a su término— han generado interpretaciones muy dispares entre los expertos en Derecho laboral. Una parte reclama la equiparación de las compensaciones por despido de fijos y temporales. Otra se limita a pedir una revisión de la política de contratación de empleados interinos y eventuales. Lo que no admite dudas es que se trata de un martillazo para las prácticas que agravan la precariedad del empleo español, porque las sentencias nacen del encadenamiento de contratos interinos durante años, es decir, sobre cómo se está evitando firmar contratos indefinidos.

Mientras, el empresario de Silicon Valley Martin Ford (véase la sección de libros, página 59) da por hecho que la formación no bastará para asegurarse un empleo en el futuro. Y el columnista de The Guardian, autor de Poscapitalismo, hacia un nuevo futuro, se apunta a una desaparición del capitalismo y a una reducción de la mitad de empleos en treinta años.

 

PARA SABER MÁS

1. IFR World Robotics 2015, Col·legi d’Enginyers Industrials de Catalunya.
2. Banco Mundial. http://data.worldbank.org/indicator/SL.UEM.TOTL.ZS
3. Informe Adecco sobre el futuro del trabajo en España, Adecco, 2016.
4. “Comparativa de oportunidades de empleo en España y la UE (2013-2025)”, en Informe Adecco sobre el futuro del trabajo en España, según el CEDEFOP
5. World Employment and Social Outlook – Trends 2015. 
6. Automatisation et travail indépendant dans une économie numérique, OCDE, mayo de 2016.
7. C. Frey y M. Osborne, The Future of Employment: how susceptible are jobs to computerisation?, Oxford Martin School Working Paper, 2013.
8. The Risk of automation for Jobs in OECD Countries. A comparative analysis. OECD Social, Employment and Migration Working Papers, No. 189, Melanie Arntz, Terry Gregory y Ulrich Zierah, 2016.