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“Evitemos que nadie capture a nadie” // Joaquín Almunia

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Noviembre 2014 / 19

Joaquín Almunia, comisario europeo saliente responsable de Competencia

Desde el 1 de noviembre, su agenda está limpia. “Una maravilla”, suspira. A uno le cuesta creer que a Joaquín Almunia (Bilbao, 1948) vaya a durarle mucho la tranquilidad, tras una larga carrera sindical y política que ha culminado como comisario europeo, primero de Asuntos Económicos y después, de la Competencia.

ADIÓS A BRUSELAS Almunia sostiene que en la Comisión no hay obsesión por la austeridad. FOTO: EC AUDIOVISUAL SERVICE

Deja una gran patata caliente: Google.

Competencia es como las obras públicas. Uno pone la primera piedra, pero no sabe si va a estar en la inauguración. Hemos acabado casos ya empezados. Hemos empezado y acabado otros. Y hemos empezado unos, que siguen su curso.

Sugirió que había un acuerdo. ¿Quién le ha hecho cambiar de parecer?

No ha habido marcha atrás, sólo una continuación del procedimiento. Éste prevé la posibilidad de que una empresa investigada proponga una solución, pero antes de darla por buena hay que conocer la opinión detallada de quienes hayan presentado quejas. Es verdad que Google presentó propuestas que parecían poder resolver las cosas. Pero las observaciones de sus rivales llevan a pensar que Google tiene que mejorarlas.

¿Qué retos nuevos suponen los gigantes tecnológicos para Competencia?

No son nuevos retos. El abuso de posición dominante ha existido desde que existe el mercado. Ahora bien, aparecen nuevas actividades ligadas a Internet, y las formas de abusar cambian. No es lo mismo investigar una actividad manufacturera que otras que se extienden por toda la red. Pero las reglas valen igual. Por otra parte, las nuevas tecnologías nos ayudan a ser más eficaces.
Hay quien dice que la Comisión actúa a la defensiva. También con Facebook y WhatsApp.
Hay quien dice eso, y quien dice en cambio que somos demasiado agresivos. Yo no aprecio ninguna actitud defensiva. Encima de mi mesa puede ver el premio a la mejor autoridad de la competencia del mundo. Y sobre la fusión Facebook/WhatsApp, no hemos visto problemas de competencia.

¿Quién presiona más: gobiernos o empresas?

Depende. En ayudas de Estado, los gobiernos. En una fusión, las empresas. En una investigación sobre abuso de posición o de cártel, los intentos de presión no valen de nada. La Comisión tiene mucho poder. El único riesgo que corre es jurídico, pues la última palabra la tiene el Tribunal de Justicia de la UE. Y el Tribunal ha confirmado más del 90% de nuestras multas, que en estos cuatro años y medio suman 9.000 millones de euros.

En España justo ocurre que los jueces rebajan o anulan muchas multas de Competencia. ¿Acaso no están bien fundamentadas?

Sé que en España ha habido una serie de sentencias revisando a la baja multas, pero no conozco ninguna sentencia concreta.

Acaba de autorizar la compra de E-Plus, filial alemana de móvil de KPN, por Telefónica. Eso reduce el número de competidores. Cuando eso ocurre, ¿no hay menos competencia?

Hemos aprobado una operación en la que Telefónica compraba, en Alemania, y otra en que Telefónica vendía, en Irlanda. En ambos casos se reducía el número de operadores de móvil propietarios de red, de cuatro a tres. Pero en nuestras decisiones se han establecido condiciones para que pueda entrar un cuarto. Hay que analizar caso por caso cuántos operadores no propietarios de red existen, o cuánta competencia efectiva puede suprimir la eliminación de un operador, y cómo se sustituye. Cada mercado es diferente. Decimos que queremos un mercado único, pero por desgracia tenemos 28.

¿Y por qué hay 28?

Las compañías de telefonía, las eléctricas y gasistas saben que, si dependiera de la Comisión Europea, ya habría un mercado único desde hace tiempo. Así que cuando hablo con ellas sobre el tema les aconsejo que hablen con los gobiernos. Pero muchos antiguos monopolios tienen una relación poco sana con el poder público. Creen que van a obtener más ventajas llevándose bien con él en vez de ponerle presión para que decida en beneficio de empresas y usuarios.

¿Y el poder público también mantiene relaciones poco sanas con los antiguos monopolios?

Pues sí. En muchos casos existe una relación estrecha basada en influencias, contactos o sesgos que no benefician al ciudadano.

Hace poco llamó a reforzar las autoridades de competencia nacionales. ¿Por qué ahora?

Las autoridades de competencia nacionales actúan contra los cárteles y los abusos de posición dominante sobre la misma base jurídica que nosotros. Aplican el tratado de la Unión Europea, y nos distribuimos las tareas con ellas en función de la dimensión de las operaciones. Pero la eficacia de este sistema de descentralización y cooperación en la aplicación de la ley sufre si la independencia de las autoridades nacionales no es tan grande como la de la Comisión, o si cuentan con escasos medios.

“Muchos ex monopolios tienen una relación poco sana con el poder”

“Es pronto para juzgar la CNMC, espero que tenga el nivel de la CNC”

No hablará de España...

No, hablo de otros países y no deseo entrar en ello. Hay una legislación europea sobre reguladores de telecomunicaciones. Y lo mismo existe en energía. Pero no en Competencia, y posiblemente haga falta legislar sobre este asunto a escala europea.

Bruselas es en la práctica la que controla a los reguladores, más que el Parlamento español…

La Comisión mira si hay abuso de posición dominante con independencia de lo que haya dicho el regulador nacional.

¿España tiene un regulador independiente?

Creo que aún es pronto para juzgar a la CNMC. Lleva un año. Su antecedente inmediato, la Comisión Nacional de la Competencia [CNC], se ganó un lugar de primer nivel entre las autoridades de competencia. Espero que la nueva CNMC lo mantenga. Para ello, tendrá todo el apoyo de la Comisión.

¿Vale fusionar Reguladores y Competencia?

A un organismo de competencia yo no le juzgaría nunca por su estructura. Hay que juzgar qué decisiones toma y qué capacidad tiene para llevar a cabo sus investigaciones.

¿Es más fácil capturar a una sola entidad?

Hay que evitar que nadie capture a nadie.

¿Lo colaborativo es competencia desleal?


La economía colaborativa puede ofrecer servicios muy atractivos para los usuarios. Pero a un usuario no se le puede decir: “Benefíciese de un servicio que va totalmente en contra de la regulación existente”. Ahora bien, hay que ver si la regulación existente ha quedado obsoleta, y hay que cambiarla cuando lo que protege no es la capacidad de elección del ciudadano o la calidad del servicio, sino los intereses corporativos. La desregulación total ya la hemos sufrido y con la crisis hemos aprendido mucho.

Hablando de la crisis, en el sistema financiero sí se ha producido una gran concentración…

En el sistema financiero de EE UU, bastante. En Europa, como también en este caso carecemos de un mercado único, hay mucha concentración en algunos países: Chipre, Irlanda y Reino Unido. Incluso en Bélgica. En España, quizá haya un problema de concentración en alguna parte del territorio, pero en otras zonas no lo aprecio en absoluto. Desde una perspectiva europea, pienso que hay demasiadas entidades financieras.

Bruselas suele ser estricta con las ayudas públicas, pero con los bancos no se ha cortado.

No estoy de acuerdo. En este despacho se han decidido 33 liquidaciones de bancos desde el inicio de la crisis. De 110 bancos analizados, 13 no necesitaban plan de reestructuración, pero sí ayudas; más de 50 requerían un plan de reestructuración, que se está aplicando, caso de Bankia; para 33, se decidió una liquidación ordenada y tenemos ahora 12 investigaciones en marcha.

¿Europa ha gastado demasiado dinero para la banca a cargo del contribuyente?

Si se pudiera dar la vuelta a la moviola y desde 2008 hubiésemos tenido la experiencia de ahora, se podría reducir el esfuerzo solicitado al contribuyente. Por ejemplo, si el Gobierno estadounidense hubiera tenido éxito con sus intentos de salvar Lehman Brothers nos habríamos ahorrado dinero y desastres. Y si en España se hubiese metido antes dinero para la reestructuración de las cajas, habría sido más fácil de recuperar. Porque si reconoces tarde el problema, corres el riesgo de echar el dinero a un pozo sin fondo.

La mayoría del dinero no se recuperará.

En Europa, hay países que han recuperado todo el dinero que pusieron, y en EE UU, hasta han logrado beneficios. Por desgracia, en entidades desaparecidas como CatalunyaCaixa, la CAM y NovaCaixaGalicia, el dinero ya está perdido. Pero en el caso de la entidad que más ayudas recibió, Bankia, hay que intentar recuperar el máximo posible.

¿En Europa, en realidad gobierna el BCE?

En lo que tiene responsabilidades, sí. En lo demás, gobiernan los gobiernos y los parlamentos, aunque a veces el Banco Central Europeo [BCE] cede a la tentación de decir a los gobiernos qué es lo que deberían hacer porque ve que quienes deberían hacerlo no lo hacen.

España se vende ahora como alumno ejemplar de una eurozona estancada. ¿Hasta qué punto se puede sostener ese discurso?

En España se han hecho muchas cosas, algunas de ellas importantes, como reacción a la crisis. Pero en un país con más del 23% de paro es más honesto no fijarse tanto en las carencias ajenas y preocuparse de lo que le queda por hacer en casa. No hay que bajar la guardia, pues las expectativas optimistas de hace dos meses se están enfriando.

¿Este panorama no le lleva a pensar que las recetas de austeridad no sirven?

A los países que tienen un déficit público y una deuda muy elevados, Bruselas les debe decir que corrijan sus problemas presupuestarios. Pero la Comisión también dice a otros países que tienen margen, como Alemania, que tengan una mayor visión de conjunto, y que hagan políticas más expansivas, porque hay un exceso de ahorro que introduce un sesgo recesivo en la eurozona. Pero eso no suele reproducirse en los titulares. Le aseguro es que aquí, en Bruselas, no hay obsesos con la austeridad.

Sí alaba la devaluación interna y laboral.

En España, con una precariedad y un desempleo tan elevados, estamos obligados a reconocer que el mercado de trabajo no funciona, y no solo porque lo diga la Comisión. Pero qué reforma de mercado de trabajo se hace, cómo se distribuyen sacrificios y esfuerzos, qué pasa con las políticas activas de empleo… eso no se decide en Bruselas. Me gustaría que hubiese más sensibilidad para considerar imprescindible una acción contundente sobre el nivel récord de paro en España.

El discurso del PSOE se acerca al de Podemos.

No hay que negar coincidencias en cuanto a los objetivos con los que desean más democracia y menos desigualdades. Pero hay claras diferencias entre quien piensa que los programas deben traducirse en resultados y quien se queda en la denuncia y la crítica. El resultado de las europeas refleja que una parte de la sociedad está dispuesta a agarrarse a un clavo ardiendo para ser escuchada. Estoy convencido de que, a la hora de la verdad, distinguirá entre predicar y dar trigo.