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Federica Montseny

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Noviembre 2020 / 85
Federica Montseny

Ilustración
Perico Pastor

La primera mujer ministra de España abrió carpetas que tardarían medio siglo en retomarse.

Federica Montseny (Madrid, 1905-Toulouse, 1994) es uno de los grandes iconos del movimiento libertario. Primero, como miembro del falansterio Urales-Gustavo, alias respectivos de Joan Montseny y Teresa Mañé, sus padres, destacados divulgadores de la ideas ácratas en España alrededor de la Revista Blanca y toda la galaxia editorial anexa. Después, ya con vuelo propio: una de las grandes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) cuando estas siglas eran las de la mayor organización de los trabajadores españoles. 

Los anarquistas perdieron todas las guerras —no solo contra Franco; también las que se libraron dentro de los campos republicano y revolucionario— y la figura de La Leona, apodo de Montseny, quedó asociada en el relato oficial apenas al sanbenito de “agitadora anarquista”. Y de las más peligrosas e intransigentes. 

El anarquismo ciertamente fue el hilo rojo que marcó toda su existencia, pero Montseny fue una gran pionera en muchos terrenos en España: como oradora —de las más brillantes de su época—, como escritora —publicó decenas de novelas—, como dirigente y hasta lo que en términos de hoy se calificaría de “emprendedora social”... Pero lo que la situó definitivamente en la Historia, incluso habiendo perdido todas las guerras, fue convertirse, en noviembre de 1936, en la primera ministra de España. Fue verdaderamente un hito increíble, y triplemente: porque se trata de España, que iba con retraso en el reconocimiento de los derechos de los mujeres y, pese a ello, Montseny fue pionera como ministra incluso en términos europeos —solo en la Unión Soviética, Finlandia y Dinamarca hubo mujeres ministras antes—; porque con ella se estrenó el Ministerio de Sanidad en España —antes era solo una dirección general— y, obviamente, porque, además, era una ministra anarquista, una supuesta contradicción en términos, también para ella, entendible solo en el contexto de una guerra total contra el fascismo. 

La agenda en 1936 fue tan avanzada que hasta es actual

El hito duró apenas seis meses, hasta la caída del Gobierno de Francisco Largo Caballero, pero la agenda que puso en marcha causa incluso vértigo ante las similitudes con los retos de la actualidad: frenar la expansión de epidemias y enfermedades, sobre todo entre las clases populares; apoyo a los refugiados y a los más desfavorecidos, erradicación de la prostitución —o, al menos, proteger y dar alternativas a las prostitutas—, y legalizar el aborto, empeño que no logró culminar ante la oposición interna en el Gabinete. Los postulados reaccionarios de los militares que ganaron la guerra agrandan todavía más el carácter pionero de Federica Montseny: tuvieron que pasar otros 44 años para que una mujer se sentara en el Consejo de Ministros —Soledad Becerril, en 1981, con Leopoldo Calvo Sotelo y UCD— y 48 años para que se aprobara la primera ley del aborto, en 1985, con el PSOE de Felipe González.