Los perdedores de la crisis

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    Impacto: La devaluación salarial ha traÍdo consigo un aumento de la pobreza y de la desigualdad

    Apartir de la primavera de 2010, la estrategia de la política económica se basa en una fuerte austeridad fiscal y en una clara tendencia a la flexibilización de las relaciones laborales, específicamente de los salarios. Como consecuencia de ello, se produce una pérdida del poder adquisitivo de los salarios en el conjunto de los siete años transcurridos  desde entonces cercana al 6%, y a partir de 2012 no sólo disminuyen los salarios reales, sino que también lo hacen los monetarios que perciben los trabajadores.


    MENOS CAPACIDAD NEGOCIADORA

    Ante esta situación debemos preguntarnos cuáles han sido las causas. Parece evidente que éstas tienen que ver con el debilitamiento de la capacidad negociadora de los trabajadores, provocada por la crisis económica como consecuencia de la fuerte destrucción de empleo producida desde 2008 y con el acentuado crecimiento del paro que ha tenido lugar desde entonces, situación que, aunque ha mejorado con la recuperación económica, todavía es notablemente más negativa que la anterior a la crisis.

    Pero este debilitamiento de la capacidad negociadora de los trabajadores se acentúa, por una parte, por el agravamiento de la crisis que provoca la puesta en marcha de la política de austeridad, al incidir negativamente sobre la demanda agregada de la economía y, por otra parte, también, por las reformas laborales aprobadas desde 2010, la más dura de las cuáles es la de 2012. Esta reforma laboral se convierte en un factor de la máxima importancia para explicar la peor situación de los trabajadores en la empresa y en la sociedad, entre otros motivos, por las mayores facilidades y el abaratamiento del despido, las mayores posibilidades que tienen los empresarios para empeorar las condiciones de trabajo y reducir los salarios y el empobrecimiento y el menor papel que la negociación colectiva tiene a partir de entonces.

    ¿Para qué ha servido este debilitamiento de la capacidad negociadora de los trabajadores y la correspondiente devaluación salarial? La pregunta tiene sentido porque los defensores de esta estrategia de austeridad fiscal y de flexibilización salarial sostienen que los efectos sobre la economía de la austeridad y la reducción de los costes laborales que provoca esa devaluación salarial explicarían la recuperación económica  y la salida de la crisis. Pero no parece que haya sido así en el caso español. Primero, porque la situación sigue siendo todavía después de cuatro años de recuperación peor que antes de la crisis y porque la deuda pública, en vez de disminuir, ha aumentado hasta sobrepasar el 100% del PIB y, segundo, porque la mejora de la situación económica difícilmente se puede explicar sin tener en cuenta una serie de factores exógenos a la economía española y, desde luego, a las decisiones autónomas de las autoridades nacionales.


    RETROCESO DE LA DEMANDA

    Además, es que la política seguida desde 2010 no tiene por qué tener necesariamente los resultados favorables previstos por sus defensores por varias razones, entre las que destacan, en primer lugar, el retroceso que la política de austeridad fiscal causa en la demanda agregada y, en segundo lugar, porque la devaluación salarial, aparte de la re-ducción de los costes laborales, también supondrá la disminución de los ingresos  de los trabajadores y, en consecuencia, la reducción en medida importante del consumo de los trabajadores y, por tanto, del conjunto de la demanda agregada de la economía. 

    La reforma laboral fue clave en el deterioro de la situación

    Los trabajadores peor pagados han sido los más perjudicados

    La mejora de la competitividad no parece suficiente

    Por otra parte, la posible mejora de la competitividad de la economía que podría generar la reducción de los costes laborales no parece que se haya producido en medida suficiente, porque se ha podido ver compensada por otros factores como el aumento del excedente empresarial que parece que se ha producido en sectores en los que el poder monopolista de las empresas es notable, el aumento de otros costes de producción (materias primas, impuestos, costes financieros...) y la revaluación del euro que se produjo hasta 2014.

    Entonces, ¿qué efectos ha podido tener esa devaluación salarial? Pues parece que dos. Por un lado, el considerable aumento de la pobreza desde el inicio de la crisis, que comporta que llegue a situarse en situación de riesgo de pobreza o exclusión social casi el 30% de los residentes en España: más de 13 millones de personas. Y, en segundo lugar, por el también enorme aumento de la desigualdad, no sólo por la influencia de la devaluación salarial, sino también porque ésta se concentra sobre todo en los salarios más bajos.

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