Pocas, pero muy desprotegidas

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    Las mujeres sólo representan el 20% de las personas que se quedan sin hogar, pero son mucho más vulnerables

    ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

    Son muchas menos, pero también mucho más vulnerables. Las mujeres que llegan a vivir en la calle sufren muchísimo más la violencia, al vivir desprotegidas a la intemperie.

    Representan sólo el 20% entre todo el colectivo “sin hogar”. Este porcentaje tan bajo, según coinciden varias personas expertas, tiene que ver con una cultura “patriarcal” muy arraigada en la sociedad.

    “Si en nuestras instalaciones le das a un hombre diez euros, los agarra y se compra un menú”, dice Ramón Noró, de la ONG Arrels, que trabaja en asuntos de acción social, y especialmente con personas sin hogar. “Dale esos diez euros a una mujer, y te hace comidas para varios días”.

    “Creo que las mujeres que llegan a la calle están mucho peor que ellos”, agrega una educadora social de Llar de Pau, en el estudio Mujeres sin hogar: aproximación teórica a una situación de desprotección, vulnerabilidad y exclusión, de la socióloga Mireia Díaz Farré, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Las mujeres, además de tener la “obligación social” de cuidar a los otros, se socializan más fácilmente entre familias, forman redes y eso las hace menos vulnerables a terminar sin un techo. Tienen que llegar a vivir situaciones más duras para terminar cayendo.

     

    PELIGRO

    Una vez que caen en la calle, su situación es mucho más peligrosa. Según los datos del último recuento del Instituto Nacional de Estadística (INE), de 2012, ellas sufren en la calle las mismas agresiones (el 40% de quienes están en la calle las han sufrido) y la misma cantidad de robos (el 60% los ha padecido), pero el 24,2% de ellas sufrieron ese año agresiones sexuales, frente al 1,5% de los hombres; el 40,5% de ellas fueron engañadas, frente al 25,6%; y el 71% soportó insultos y amenazas frente al 64,2%.

     

    VIOLENCIA DOMÉSTICA

    Una ruptura matrimonial tiene consecuencias económicas muy diferentes para el varón que para la mujer. Ellas son más pobres y más dependientes de sus compañeros. Si además hay una situación de violencia doméstica, la fragilidad es todavía mayor. La violencia es una de las causas más visibles en las mujeres que terminan en la calle. “Padecer una situación de violencia machista en el hogar, tanto en la familia de origen como en la familia formada, es una de las causas más recurrentes para las mujeres que acaban sin hogar”, explica el estudio de Díaz Farré. Así lo señalan el 62,3% de las mujeres sin hogar, en una investigación del Instituto de la Mujer.

    La violencia doméstica es un cóctel molótov que origina enfermedades físicas y mentales, que pueden derivar en una fragilidad aún mayor. El 57,2% de las mujeres sin hogar, según el INE, sufre alguna discapacidad psíquica, mucho más que los hombres.

    Esto no quiere decir, en ningún caso, que una cosa lleve a la otra, sino que este tipo de variables ponen a la mujer en riesgo. Hay otras causas, muchas relacionadas con abusos, el consumo de drogas o alcohol (muchas veces como evasión, y que empeora su situación). Si hay hijos en el medio, pueden fácilmente quedarse sin ellos, un aporte más a la cadena depresiva por la que pasa una mujer que termina sin un techo, y sin protección. Los hijos se quedan a cargo de las autoridades.

    La cuestión de los hijos (el 71% de las mujeres que viven en la calle dicen tenerlos) es trascendental.

    “Que se le haya retirado el hijo a una madre es un hecho vital muy fuerte. Que a un padre le hubieran retirado un hijo quizá quede más en un hecho del pasado y punto. No es lo mismo”, añade la trabajadora social de Llar de Pau.

    La carga social de estar en la calle y la vulnerabilidad han comportado que se preste atención al colectivo femenino, aun cuando son una minoría. Hasta hace poco no existían pisos preparados para ellas, ni las políticas estaban pensadas en este sentido. Hasta hoy.

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