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Julio 2016 / 38

La economía gestiona recursos y el tiempo es uno de ellos. el crecimiento perpetuo, impulsado por nuevas posibilidades tecnologicas, nos empuja a exprimir cada instante

ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

El trayecto en autobús o en metro puede ser un momento idóneo para  sacar un dinerillo extra. Etiquetar fotografías que permitan clasificarlas, completar pequeñas encuestas, moderar comentarios online o pagar facturas mediante aplicaciones bancarias son algunas de las múltiples microtareas que pueden realizar personas dispuestas a emplear su tiempo libre de un modo productivo, al margen de que ya cuenten con un empleo. Nadie tiene por qué enterarse. Como buena parte de los viajeros ya pasa el rato con la nariz pegada a su teléfono móvil entre correos electrónicos, whatsapps o videojuegos, tampoco habrá gran diferencia.  La plataforma colaborativa Spare5, a la que las empresas entregan una montaña de datos  sin estructurar para que los conviertan en un trabajo troceable y distribuible entre los perfiles adecuados, selecciona a “especialistas” según la tarea. No es una broma. Compañías importantes como Expedia o Getty Images figuran entre los clientes que han formulado encargos a “la multitud” (la cada vez más omnipresente crowd que dona, presta o colabora en lo que le echen). 

El ejemplo de Spare5 no viene a cuento, o no sólo, de  la fragmentación y desregulación del trabajo que refleja. El propio invento de Spare5 encarna una sociedad dispuesta a rellenar hasta el último agujero de su tiempo. Dispositivo móvil en mano, no quedan huecos de asueto por tapar. 


ANUNCIOS EN TU TIEMPO LIBRE

“Tu tiempo tiene valor” es el lema con el que se presenta una aplicación que todavía llega más lejos. Hacer, lo que se dice hacer, no hay que hacer nada: Fairtime, lanzada en España hace un año y medio, propone que los ciudadanos interesados informen de cuándo disponen de unos minutos libres... para que les puedan mostrar publicidad, cada vez más personalizada por obra y gracia de la tecnología y el tráfico ingente de datos que nos rodea. ¿Puede en cinco minutos? ¿En diez? Cuando pueda, aparece de forma automática un vídeo con publicidad. Los fundadores de la app presentan la iniciativa como una respuesta al boom del uso de bloqueadores de publicidad. Con Fairtime, uno escoge el tipo de anuncios que le interesan y, sobre todo, decide cuándo verlos. De nuevo, no hay tiempo que perder. 

El tiempo se expande hasta que se acaba el que hay para una tarea

Los españoles llegan tarde y agotados a casa... no son más productivos

La economía gestiona recursos, y en los tiempos modernos, el tiempo ha sido siempre un recurso. La tecnología contribuye a la presión de poder sacarle partido a cada instante, agravada por la sensación de que el día no contiene suficientes horas para la interminable lista de cuestiones pendientes. La gestión del tiempo hace más de dos décadas que triunfa como un campo en auge del management empresarial. ¿Quién no cree necesitar a un coach que pueda enseñarle a uno a priorizar tareas, fraccionarlas, concentrarse en una en lugar de atacarlas a la vez, planificarlas con un calendario, fijar una agenda firme para cada reunión, saber delegar  y, por encima de todo, saber decir no?  

La proliferación de herramientas  que supuestamente nos van a ayudar a controlar mejor la duración de nuestras tareas es significativa. Especialmente útiles son para profesionales que trabajan como freelance y necesita calcular cuánto tardan por tarea, cliente y proyecto: Fanurio, Toggl, Eternity, ATracker, Now Then, RescueTime, My Minuters, Timely, TIME Planner, Harvest, Tick, Tracking Time, Hours, TIMESsheet... ¡No hay tiempo  para probarlas todas, bajo riesgo de caer en la bulimia digital!


HORAS Y PRODUCTIVIDAD 

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en España se trabaja, de media,1.665 horas al año. Son unas cuantas más que en países destacados por su productividad, como Alemania (1.388), pero un centenar menos de horas que la media de los países de la organización y que en EE UU (1.788). Y muchísimas menos que las de Grecia (2.037), Rusia (1.980) o Chile (2.015). “Eurostat (oficina estadística de la Comisión Europea) nos dice que, después del trabajo, los españoles llegamos a casa más tarde y agotados que nuestros socios, circunstancia en la que influyen nuestros horarios extensivos, partidos, que dificultan la conciliación entre vida y  trabajo. Ante la escasez de tiempo para los asuntos personales, la gente aprovecha las horas del trabajo para leer periódicos por Internet, pedir hora al dentista o contestar algunos correos personales”,  señala  José María Fernández-Crehuet, profesor doctor en Economía e Innovación en la Universidad Politécnica de Madrid, autor de La conciliación de la vida profesional, familiar y personal: España en el contexto europeo (Pirámide, 2016)  y miembro de un grupo de investigación de Oxford sobre usos del tiempo. 

Fernández-Crehuet es partidario de medir el trabajo a partir de los resultados de la tarea encomendada más que mediante horas. También aboga por la introducción de franjas horarias flexibles de entrada o de salida para que un trabajador pueda hacer un recado o llevar a su hijo al colegio. “En general, las tecnologías permiten ahorrar tiempo, pero es cierto que a la vez plantean nuevos desafíos: el día tiene veinticuatro horas para todos, y cada uno decide cuántas dedica a cada cosa y cómo poner coto al espacio privado. Es fundamental evitar interrupciones, porque se es más efectivo cuando se realiza una tarea continua”, recomienda.

La autodisciplina desempeña su papel, si recordamos la llamada ley de Parkinson,  enunciada por el escritor e historiador Cyril Northcote Parkinson en 1957, y según la cual se entiende que el trabajo se expande hasta llenar todo el tiempo del que uno dispone para terminarlo. De este modo,  cuanto más tiempo se tiene para acabar una tarea, más tiempo se le dedica, con peligros como el de ir aumentando la complejidad inicial o de destinarle muchísimo  tiempo a pensar en ella, lo cual no significa necesariamente dedicárselo a ejecutarla de forma efectiva.

Las horas extra en el ‘teletrabajo’ también deben pagarse

En las finanzas triunfa negociar acciones a la velocidad de la luz

Al ya famoso presentismo de muchos empleados con mentalidad de “quedarse por si acaso” o hasta que se marche su superior jerárquico se suman sorpresas habituales como la de que un jefe se ausente tres horas para comer y a las cinco de la tarde regrese al lugar de trabajo con la cabeza llena de encargos, mientras en otros países quienes le escuchan con aprensión ya estarían a punto de irse a casa. Con la crisis y los despidos, además, los ambientes laborales están que echan humo, porque menos gente debe hacer las mismas cosas, o más, en el mismo plazo de tiempo. 

En este sentido, el mundo del teletrabajo, con todas sus ventajas, entraña sus riesgos si no se le pone límites. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León  dictaminó hace unos meses que es necesario, si se trabaja a distancia, que la empresa se responsabilice de establecer pautas, horarios y medios para controlarlos, porque las horas extra son las mismas en la oficina o en el domicilio. 


IMPUNIDAD Y PAUSA PARA EL 'BOCATA'

El objetivo, adujo el tribunal, es evitar que “se cree un espacio de impunidad y alegalidad  en el trabajo a distancia y en el domicilio”.  Fue su pronunciamiento ante el recurso que una empresa había interpuesto después de que un juez la obligara a pagar a un empleado del departamento comercial que trabajaba habitualmente unas horas en casa  3.978 euros más intereses en concepto de horas extraordinarias no abonadas. La empresa aducía que no podía controlar qué hacía el trabajador en su casa.

Así, pues, el tiempo de trabajo no deja de ser tiempo de trabajo, aunque uno cargue con él por la ciudad en un dispositivo móvil. Pero incluso en el lugar fijo, si un trabajador renuncia a unos minutos previstos para el desayuno debería ser compensado, según ha dictaminado la Sala de lo Social del Tribunal Supremo, a resultas de una cuestión planteada en la empresa Adif. Si la pausa del bocadillo está prevista en convenio y uno renuncia a ella, cabe una retribución complementaria  porque es un descanso no disfrutado.  Y  no hay tiempo que perder.

Especialmente acelerados van los jóvenes ilusionados con un nuevo proyecto y que buscan financiación cuando se dejan caer por cualquier feria de emprendedores. No  hay encuentro de este tipo que se precie sin lo que se llama un Speed Dating. La fórmula es similar a la que importamos del mundo anglosajón para propiciar citas entre personas deseosas de encontrar pareja en las que tienen unos pocos minutos para mostrar lo mejor de sí mismos al resto de candidatos. En el pasado BizBarcelona celebrado en mayo, por ejemplo, en el Speed Dating tuvieron lugar más de mil contactos, pero en este caso entre emprendedores e inversores. Cada uno debía explicar su proyecto en sólo tres minutos para intentar convencerles de que aportaran dinero a su idea. 


PELIGRO DE 'FLASH CASH'

Bien lo saben las bolsas, donde la imagen de los gritos de los especialistas (humanos) han sido relevados por el lenguaje de los ordenadores. La negociación de alta frecuencia (High Frequency Trading, HFT en sus siglas en inglés) consiste en el uso automático de programas informáticos y sofisticados algoritmos para aprovechar las diferencias de precios que se producen en un valor en minúsculas fracciones de segundo. La velocidad a la que se realizan las transacciones de forma automática alcanzan la velocidad de un rayo de luz. A los inversores no se les puede hacer esperar. En realidad, no pueden esperar ni siquiera una fracción de segundo. 

La mayor parte del trading se hace ya por vía de ordenadores, lo que ha supuesto un abaratamiento importante respecto del pasado, aunque las inversiones en equipos necesarias para reaccionar una fracción de segundo antes son millonarias. Así lo subraya Christian Brownlees en el Departamento de Economía y Finanzas de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), quien alerta al mismo tiempo que “como sabemos bien los investigadores, no siempre queda claro lo que ocurre”. Brownlees señala el peligro de prácticas abusivas, la dificultad de medir la eficiencia de invertir tanto dinero en tecnología y apunta que “los programas pueden incurrir en errores, como ha ocurrido alguna vez”. 

Si los algoritmos huelen incertidumbre en cualquier noticia, las órdenes de venta pueden hundir las cotizaciones sin que se sepa bien por qué. El 6 de mayo de 2010 tuvo lugar lo que sería bautizado como flash crash: a las 14,42 horas,  una orden de venta automatizada (aparentemente, la dio el robot de un fondo) por valor de 4.100 millones de dólares llevó el índice Dow Jones de Nueva York a hundirse 1.000 puntos en cinco minutos. Se evaporó de pronto un billón de dólares. En relación al caso fue detenido el operador de Bolsa Navinder Singh Sarao, en Londres... cinco años después.

 

Órdenes y datos, cada vez más deprisa

1602

Primera bolsa de valores, en Amsterdam

S. XVII

Los Rothschild usaban palomas mensajeras

1998

La SEC (CNMV de EE UU) autoriza la negociación electrónica

1999

La negociación de alta frecuencia se ejecutaba en varios segundos

2000

La negociación de alta frecuencia  no llega al 10% de las operaciones

2005

La negociación de alta frecuencia supone un 35% del total en EE UU

2010

Flash crash: el Dow Jones cae 1.000 pp a las 12:45 del 6 de mayo

2011

Un microchip ya ejecuta órdenes en nanosegundos

2012

El trading de alta frecuencia supone el 70% del total en EE UU

Cable transatlántico para ahorrar 0,006 seg. por transacción

El FBI investiga el papel de las redes sociales en el fraude 

2013

Se limitan los anuncios vía redes sociales por su efecto instantáneo en los mercados

Del DC a Nueva Jersey se transmiten datos a la velocidad de la luz

Italia grava las  operaciones  HFT

18 sep: 600 mill. de $ cambian de manos en milésimas de seg.

El Nobel de Economía Michael Spence pide que se prohíba la HFT