Una banca ética para una economía más humana

  • Andrea Bosch

    Las entidades convencionales no han estado a la altura de los retos económicos y sociales, sobre todo en España. Urge otro modelo.

    La epidemia de la covid-19 ha intensificado la necesidad de disponer de una banca responsable para atender las necesidades de los ciudadanos, las empresas y la economía en general. Sin embargo, la respuesta que han dado las autoridades a la crisis económica no ha sido otra que acelerar la concentración bancaria que se inició tras la debacle financiera de 2008.

    Esta fuerte concentración bancaria se ha visto intensificada con la absorción de Bankia por Caixabank y el proyecto de fusión de BBVA y Sabadell. El resultado es la formación de entidades cada vez más grandes con todos los riesgos que implica. Agrava el problema del too big to fail (demasiado grande para quebrar) como ha reconocido en el Congreso el presidente del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), Jaime Ponce, al señalar: “Cuanto más grandes sean las entidades, más difíciles son de gestionar en caso de inviabilidad. Es algo inapelable”.

    Lo más preocupante es que las fusiones no han supuesto una eliminación de las malas prácticas, sino un engrandecimiento de las mismas entidades que habían incurrido en estos abusos y causado graves daños a millones de personas y a la economía del país.

    El gobernador del Banco de Inglaterra, Merving King, ya lo había advertido en 2010: “De todas las formas posibles de organizar la banca, el sistema que tenemos hoy, es con mucho, el peor”. Lamentablemente, esta observación ha sido especialmente cierta en España. 

    En primer lugar, la concesión temeraria del crédito y exorbitantes sueldos de sus directivos provocaron la quiebra de varias entidades que tuvieron que ser rescatadas por los contribuyentes. Los datos oficiales son elocuentes. De un total de 56.679 millones de euros en ayudas públicas concedidas, el Banco de España ya da por perdidos 42.561 hasta finales de 2018.  

    El saneamiento del sector bancario español ha sido en términos relativos más costoso que el de la media europea. Entre 2008 y 2017, España destinó a capitalizar entidades 94.758 millones de euros, que representan un 14% de todos los concedidos en la UE, según la Comisión Europea. Se trata de un porcentaje mucho mayor que el peso de las entidades españolas en el conjunto europeo, del 10%.

    En segundo lugar, las actividades bancarias en España se han caracterizado por el empleo sistemático de cláusulas abusivas y productos tóxicos. Son operaciones que han resultado especialmente perjudiciales para los ahorradores, como quedó constatado con la estafa de las participaciones preferentes y la venta engañosa de acciones de Bankia. Estas malas prácticas han sido confirmadas por más de 40.000 sentencias judiciales.

    Los abusos bancarios se concentraron de manera muy perniciosa en los contratos de préstamos hipotecarios utilizados para la adquisición de la vivienda. Las más perjudicadas han sido las 400.000 familias expulsadas de sus casas por la aplicación de una legislación antisocial y la agresividad de las entidades para recuperar el dinero, a pesar de que muchas fueron salvadas con fondos públicos. 

     

    Reclamaciones

    Las malas prácticas provocaron un alud de reclamaciones. Las cifras son abrumadoras. Las reclamaciones extrajudiciales por abusos bancarios, principalmente cláusulas suelo, superan ya los 1,2 millones hasta julio. La banca ha admitido 537.178 demandas, lo que ha supuesto la devolución de 2.392 millones de euros, según Economía.

    Paralelamente, los juzgados especiales, creados para estos casos, han recibido 508.730 demandas desde junio de 2017. Hasta el pasado marzo los jueces han dictado 226.521 sentencias, que en un 97% han sido condenatorias para la banca. Existen 234.053 asuntos pendientes y los jueces han señalado juicios para 2023 y 2024. 

    A la vista de estos datos cobran sentido las palabras del profesor  Fernando Zunzunegui, quien sostiene: “En la banca española se dan los casos de fraudes más graves”.
    Frente a este tan perjudicial comportamiento de la banca convencional cada día cobra más importancia la banca ética. Es una realidad que no tan solo no ha costado un euro a los contribuyentes, sino que los bancos éticos han aportado recursos para salvar a los gigantes quebrados y han contribuido al desarrollo local y a la financiación del desarrollo sostenible. Este variado sector  incluye a las 43 cajas rurales cuya misión es “defender, difundir y contribuir a profundizar en el modelo cooperativo de crédito”. Cuenta con más de 1,5 millones de socios y 12.000 empleados que gestionan unos 90.000 millones de euros de depósitos, que representan el 9,3% del total.

    También integra el meritorio trabajo de las dos únicas cajas de ahorro que no se convirtieron en bancos y mantienen sus principios fundacionales de su dedicación a la obra social. Se trata de Colonya, Caixa de Pollença (1880) y Caixa Ontinyent, (1884), que administran unos 2.000 millones.

    97%: Porcentaje de las sentencias condenatorias para la banca

    En el sector social hay que destacar las entidades con valores sociales y ecológicos, como Triodos, y las propiamente de finanzas éticas vinculadas al cooperativismo, cuya característica principal es que los créditos van dirigidos a entidades con objetivos sociales y medioambientales y son controlados por sus socios y clientes. Es el caso de Coop 57 y Fiare Banca Ética, adheridas a la European Federation of Ethical and Alternative Banks.

    La realidad es que el 100% de las inversiones de las finanzas éticas van dirigidas a la vivienda (con criterios sociales y medioambientales), a empresas sociales y a la economía social y solidaria. mientras que los bancos convencionales invierten sin otro criterio que la generación de beneficios. El Centro Delàs de Estudios por la Paz ha señalado a Caixabank, Santander, BBVA y Sabadell y a otras entidades por financiar a las empresas fabricantes de armas. También se detecta una fuerte conexión de la banca con los paraísos fiscales, como es el caso de Banco Santander, con 176 filiales en estos territorios, según señala Oxfam.

    Hay que subrayar una mayor eficiencia de la banca ética que la banca convencional, como reflejan distintos indicadores. Entre 2007 y 2017 los bancos éticos y alternativos obtuvieron un rendimiento medio del 3,98% sobre los recursos propios, el triple del registrado por los sistémicos que fue del 1,23%, según el informe Las Finanzas Éticas y Sostenibles en Europa, elaborado por Matteo Cavallito, Emanuele Isonio y Mauro Meggiolaro para la Fundación Finanzas Éticas.  
    Mucho más significativa es la diferencia en el empleo del ahorro. Según este informe, la banca ética destinó el 77% de sus activos a la concesión de créditos, es decir, a la economía real, mientras que los bancos sistémicos europeos solo destinaron el 40% a ello, pues destinaron la mayor parte  a operaciones financieras, según los analistas.

    Un estudio comparativo entre la banca ética y la banca convencional realizado por los profesores Juan José Durán, María José García, Carmen Avilés y Oriol Amat concluye: “las instituciones financieras éticas proporcionan una mejor resiliencia de sus activos que los bancos convencionales y registran menores niveles de volatilidad”. Un resultado que contradice las ideas predominantes de que las instituciones financieras éticas generan rendimientos más bajos.

    Desde todos los puntos de vista la banca ética resulta más eficiente, justa y constructiva para lograr una economía más humana y solidaria. Las autoridades monetarias deberían aprender de sus errores. Es obligatorio frenar el impulso de crear grandes holdings bancarios que nos pueden arruinar en su intento de competir con los gigantes financieros de ámbito global. Europa ha demostrado liderazgo en grandes asuntos a nivel mundial, por ejemplo en los Acuerdos de París y los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Ahora la ciudadanía reclama un sistema financiero orientado a la sostenibilidad, al bienestar y a la generación de empleo. 


    * Andreu Missé: Alternativas Económicas

    * Jordi Ibáñez: Fundación Finanzas Éticas

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