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Una jornada muy diversa

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Febrero 2015 / 22

De Gotemburgo a Silicon Valley, las jornadas laborales pueden bajar a seis horas por día o eternizarse

ENSAYO El Ayuntamiento de Gotemburgo (Suecia). FOTO: KIESELCHEN/CC

Los experimentos sobre la jornada laboral van desde la salud de los empleados hasta la única salud que importa a los empresarios, la de la entidad, sin considerar horarios.

El Ayuntamiento de Gotemburgo comienza este febrero un experimento sobre los horarios laborales que ha llamado la atención de publicaciones de todo el mundo. Después de muchas discusiones políticas, y de atrasar el inicio del proyecto, han acordado que probarán la reducción del horario laboral, de ocho a seis horas, específicamente en 100 personas, la mayoría mujeres, del sector de los cuidados a la tercera edad. El mundo tendrá que esperar dos años, lo que durará la investigación, hasta obtener los resultados. Lo que se mide no es la productividad, sino el estado de salud y, por supuesto, la cantidad de días menos que las empleadas faltan al trabajo por enfermedad.

 

PREOCUPACIÓN SOBRE LA SALUD

“Ha habido muchas discusiones políticas no sólo porque la investigación cuesta un dinero que hay que aprobar, sino porque los políticos tenían que ponerse de acuerdo en cómo se miden los resultados”, explica desde Gotemburgo Per Dysing, el reportero que cubre este asunto para el periódico local Göteborgs-Posten.

Durante estos dos años, esas 100 personas, que desarrollan su actividad en residencias de la tercera edad, trabajarán entre cinco y siete horas las que tienen horario diurno, y unas ocho horas quienes lo tienen nocturno (hasta enero trabajaban diez horas durante la noche). A cambio, se contratará a 25 personas más. Se medirá su estado de salud antes, durante y después de la investigación, y se comparará con otras 100 personas de otras residencias.

“Han elegido este sector porque es donde los empleados presentan más problemas de salud”, comenta Dysing. “Detrás está la certeza de que en un futuro no habrá trabajo para todo el mundo durante las ocho horas. Por ahora, sin embargo, en el resto de Suecia lo que se mira es que más gente pueda trabajar y cobrar por las ocho horas”.

Mucho más al oeste, en Estados Unidos y en México, los grandes gurús tienen visiones distintas.

Carlos Slim, el magnate mexicano que tiene la segunda fortuna del mundo, ofreció a sus empleados que se jubilaban en 2012 seguir trabajando tres días por semana manteniendo la misma paga que antes. Es un tema que Slim vendió como innovador en grandes conferencias. ¿Cómo le fue? En Telmex, una de sus empresas, no quieren dar información.No hay noticias. Una Asociación de Jubilados de Confianza de Telmex ha juntado 1.870 demandas contra la empresa.

Slim planteó a sus empleados una semana de tres días laborables en turnos de once horas. Algo parecido ya experimentó el estado norteamericano de Utah bajo el gobierno del republicano Jon Huntsman, entre 2008 y 2009. Con el proyecto Working 4 Utah hizo que 18.000 de sus 25.000 empleados trabajaran 10 horas de lunes a jueves... Los resultados inmediatos parecieron positivos. Esto supuso al Estado un ahorro de 4,1 millones de dólares, ya que se evitaron bajas por absentismo laboral. Se supone que contribuyó a reducir las emisiones de carbono en 4.546 toneladas métricas y otras emisiones de efecto invernadero en 8.000 toneladas, así como un consumo menor de petróleo de unos 2.816.000 litros... Parece todo muy positivo, pero se truncó. Aunque el 80% de los empleados afirmaban que querían seguir con esta jornada, la Administración siguiente eliminó cualquier rastro del experimento.

En donde se gesta el verdadero futuro, donde se idean las máquinas que se augura que realizarán los trabajos efectuados hasta hoy por humanos, en Silicon Valley, la política es completamente distinta de la de Gotemburgo y de Utah.

“Tenemos una política de libertad y responsabilidad”, responden desde el departamento de comunicación de Netflix, la multinacional de vídeos que otro magnate new age, Richard Branson, de la empresa multisectorial Virgin, toma como ejemplo en los discursos que va pronunciando por el mundo. “Tratamos a nuestros empleados como adultos. No miramos ni los días de vacaciones, ni los días de enfermedad, ni las horas trabajadas”. ¿Miden la salud de sus empleados, el grado de satisfacción o la felicidad? La respuesta rompe en pedazos 200 años de luchas y muertes por los derechos de los trabajadores. “Medimos el éxito de nuestro negocio. Ese es el único enfoque”.