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Urge una banca pública de verdad

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Julio 2020 / 82

Ilustración
Perico Pastor

La confrontación ideológica y el fracaso de las cajas de ahorros han dificultado un debate serio, pero ahora la pandemia lo ha convertido en ineludible.

Desde la anterior crisis financiera, el concepto de banca pública ha estado en boca de muchos economistas, analistas, e incluso gobiernos enteros de toda índole y condición. El colapso del sistema financiero y su consiguiente efecto de falta de liquidez, únicamente mitigado por la acción de los bancos centrales, obligó a muchos Estados a inyectar ingentes cantidades de dinero público para rescatar a muchas de sus entidades. El resultado fue, de facto, la nacionalización de un gran número de bancos y empresas financieras de toda índole, aunque con carácter temporal, y sin vocación de contribuir a un servicio público real.

En esa tesitura se vieron involucrados países con demostrable beligerancia hacia el sector público, como EE UU y Reino Unido, y otros como España, donde la banca nunca ha formado parte del esquema de servicio público, incluso a pesar de que el PSOE ha gobernado gran parte del periodo posfranquista, o tal vez por ello. 

En España, pero también en otras latitudes, el problema sigue siendo que el debate, lejos de ser pausado y riguroso, tiende a envenenarse y convertirse en un continuo reproche hacia el pasado recordando las malas praxis de muchas cajas de ahorro, y también de bancos, como si aquellas hubiesen tenido de verdad un papel de servicio público.  

El papel histórico

Si hacemos un pequeño análisis histórico en España, nos encontramos con un modelo real de banca pública básicamente sectorizado, centrado en banca industrial, sector hipotecario o sector agrícola. Estos bancos, demonizados por la ortodoxia económica imperante desde los Pactos de la Moncloa, tuvieron un papel interesante, aunque mejorable, financiando proyectos específicos en aquellos sectores en los que la banca privada tradicional no operaba o lo hacía en condiciones lesivas para los interesados. Esta praxis, financiar a sectores y personas a los que la banca privada ignora o financia con condiciones imposibles, es el verdadero valor añadido que ofrece en otras latitudes las experiencias de banca pública, como puede ser Alemania, Francia o EE UU (Dakota del Norte). 

Sin embargo, en España la confrontación ideológica y el fracaso de algunas cajas no ha permitido elevar el estudio de las verdaderas necesidades de un sector público financiero. Ha tenido que llegar una pandemia para poner al descubierto las flaquezas del sistema financiero actual, y el diminuto e inoperante papel de las agencias financieras públicas como el ICO, que sirven de comparsa de la banca privada. 

Lo que sí se nota es que las cajas de ahorro, más allá de que no eran más que un agente más del entramado financiero, compitiendo con la banca privada en la creación y desarrollo de la burbuja inmobiliaria, han dejado un vacío institucional en buena parte del país. Especialmente en el beneficio que generaba a muchas zonas la obra social, que probablemente sea la única característica intrínsecamente pública de valor de estas instituciones, más allá de la potestad de las autonomías en nombrar sus gestores. 

En consecuencia, el debate debe superar esta anomalía conceptual y entrar en el que el verdaderamente importa, es decir, cómo construir una verdadera banca pública que sea útil a la sociedad y no compita en la financiación de rentistas, grandes corporaciones o engordando burbujas que únicamente generan beneficios a los percentiles más favorecidos  de la sociedad. 

Este modelo de banca pública, que no está en el discurso público, solo puede salir adelante si hubiera canales de información que lo introdujesen con rigor y conocimiento de cómo funcionan otras instituciones públicas en el mundo occidental. El recurrente mantra de que este papel lo debería cubrir la actual Bankia, dado que todavía tiene mayoría de capital público, es absurdo y estéril. ¿Alguien piensa que su máximo ejecutivo, Goirigolzarri, estaría dispuesto a financiar proyectos arriesgados, startups de ciencia e investigación, industria no consolidada o nuevas tecnologías?

La banca privada aprovecha el modelo de avales del ICO para reforzarse

La experiencia que nos deja el tremendo efecto de la pandemia de la covid-19 es clara. El Gobierno ha diseñado un modelo de inyección de liquidez basado en avales públicos del ICO, pero gestionado por la banca privada, que utiliza su poder coercitivo y de negociación para seleccionar el cliente más rentable. En un principio intentaron condicionar los préstamos con seguros, hasta que les pillaron, y elevaron el tipo de interés con el tiempo, pasando del 1,5% inicial hasta el 4%. También retrasaron la concesión y puesta a disposición de empresas y autónomos más necesitados, primando a los clientes más grandes. Todo ello básicamente porque no hay una red de oficinas bancarias públicas, que hubiesen podido aligerar la puesta en marcha de la liquidez necesaria, sin discriminar a los más pequeños y sin ventas cruzadas de productos de seguros a los que son tan aficionados nuestra banca privada.  

Investigación básica

Pero mi propia experiencia también alberga otro gran fallo de mercado de la banca privada. La financiación de la investigación básica para desarrollar vacunas o tratamientos de enfermedades como el cáncer o el Alzheimer. El vía crucis que pude experimentar en el intento de levantar financiación para una molécula muy prometedora que podría mejorar significativamente la vida a los enfermos de Alzheimer me convenció de que es imposible hacer ciencia e investigación básica con este modelo de financiación privado. Un sector financiero basado en la búsqueda permanente de la maximización del valor de sus accionistas, como es el actual, no permite desviar fondos suficientes hacia las inversiones social y económicamente rentables, cuyo elevado riesgo potencial y periodo de maduración excede el corto plazo. 

En suma, hay espacio y capacidad para una banca pública diferente basada en la especialización y que cubra aquellos proyectos imprescindibles para una sociedad mejor, más justa y más solidaria.Sus verdaderos accionistas se lo agradeceríamos.