Atrevámonos a esculpir un espacio donde reclamar una nueva forma de hacer ciencia también humana, justa y decidida
En medio de la gran confusión y complejidad que nos rodea, mejor optar por abrazar aquello que lucha por recobrar la visión de lo posible y la acción inspirada en lo vivido en común.
¿Cómo soñar con una buena vida en medio de sobresaltos continuos, de ecosistemas arrasados por el fuego, de mujeres y criaturas muertas a manos de conocidos verdugos, de odios crepitando hacia personas que sobreviven entre la tierra que se abandona y aquella a la que se llega, de precariedades existenciales por la dolorosa incógnita que supone llegar a fin de mes? Vulnerabilidades que nos hunden en la terrible sospecha, propia y ajena, de no ser lo suficientemente fuertes como para aguantar el ritmo normal de la vida.
Parece que no quedara sino asumir que la normalidad destroza vidas. Aceptar vidas que no dan para vivirse.
En medio de esta confusión y complejidad, mejor optar por abrazar aquello que lucha por recobrar la visión de lo posible y la acción inspirada en lo vivido en común. La llamada de la Economía Social y Solidaria (ESS) bien poco tiene que ver con lo superficial, lo fatuo, lo artificial y mucho con la raíz, lo justo y lo ligero. No resulta evidente en el contexto actual la existencia de esta forma humana, radical y decidida de configurar nuestras economías. Tampoco lo son las dimensiones que la conforman. En primer lugar, su dimensión práctica busca sostener experiencias concretas alejadas del modelo neoliberal, mercantilista e individualista imperante, así como los saberes de los que beben. En segundo lugar, su dimensión teórica persigue construir paradigmas socioeconómicos y culturales con base en dichas experiencias y saberes, prestando especial atención a los procesos de emancipación y conflicto social que incorporan. En tercer lugar, la dimensión política de la ESS hace hincapié en la urgencia de cambiar las condiciones de desigualdad y malestar en las que vivimos y redefinir los (des)equilibrios de poder existentes que perpetúan la imposibilidad de transformaciones justas y sustentables. Todo esto en diálogo constante con corrientes histórico-teóricas críticas como algunas de las que se presentan en este Dossier.
Sin orden de importancia preestablecido, estas tres dimensiones interactúan para promover un perímetro donde llevar a cabo maneras de escuchar, reflexionar y actuar que posibiliten una retroalimentación firme de esas mismas bases prácticas, teóricas y políticas que sostienen la ESS. Un perímetro que, por su propia naturaleza, está en constante revisión y adaptación a nuevos contextos y territorios. En el centro de estas esenciales y radicales adaptaciones, surge la urgencia de generar espacios donde poder debatir, reflexionar, criticar y aprender ideas pero también visibilizar los cuerpos que requiere el sostener esas ideas.
En un momento en que la ESS goza de un reconocimiento institucional internacional y su investigación académica ha dejado de ser emergente para ser cada vez más reconocida, atrevámonos. Atrevámonos a esculpir un espacio donde reclamar una nueva forma de hacer ciencia también humana, justa y decidida y generar procesos que la sostengan. Una ciencia que ponga el foco en las numerosas fuentes de saber (muchas de ellas extintas o en vías de extinción) y que tenga un criterio basado en el bien común, oponiéndose a su instrumentalización por parte de los intereses de unos pocos. La separación y oposición ciencia-cultura en un momento muy concreto de la consolidación del capitalismo industrial fue uno de los binomios que empobrecieron nuestra capacidad de optar por priorizar el bien común desde la investigación y las artes. Afortunadamente, también eso está cambiando: la cultura y las artes comienzan a ayudarnos a superar lecturas superficiales a la vez que nos alumbran otros futuros posibles.
La manipulación de la información que se consume bajo esa superficialidad han sido fundamentales para propiciar deslices hacia la polarización. Desliz tras desliz, desde la falta de tiempo para comprobar o ampliar informaciones, la ausencia de motivación o el interés en hacerlo, hasta la lealtad incuestionable al amplificador que emite una opinión no contrastada, nos han traído al punto donde estamos. Escuchemos todas las voces que componen la ESS y las que la rodean para detectar los riesgos que están fuera y dentro de ese perímetro de existencia y acción: ¿por qué no ponernos en guardia desde el respeto, la ternura y la ligereza frente a la autocomplacencia, el corporativismo o la sombra de la cooptación?
Son tiempos difíciles para la reflexión y más si pretende llevarse a cabo de forma colectiva, horizontal y viva. He tenido la inmensa suerte de formar parte de la comunidad dedicada a la investigación sobre la ESS a nivel internacional, lo que me ha brindado el poder constatar de primera mano cómo la investigación y el estudio de la ESS, desde el apoyo mutuo y el intercambio constructivo, han contribuido a su establecimiento y reconocimiento.
Tal y como aconsejó la pensadora de la razón poética, María Zambrano, evitemos “resbalar por nuestras propias vidas” ignorando nuestra responsabilidad en el mundo. Atendamos a las voces que nos susurran los ritmos que acentúan nuestra humanidad y saber estar en este planeta, ya provengan de la filosofía o la poesía, el campesinado o la música popular.
Escuchemos para asirnos bien a la vida y a todas sus mañanas dignas de ser vividas.